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| Por Jorge Fernández Díaz |
A los “ingenieros del caos” y de las narrativas políticas modernas quizá les convendría releer ciertos estudios de Borges sobre el Quijote y el Martín Fierro, puesto que el autor de El Aleph –no sin señalar excepciones que confirman la regla– admite que la frase “nunca segundas partes fueron buenas” es mucho más que un simple cliché. El público, asevera Borges, siempre “requiere una proeza no muy posible: la repetición de un asombro. Quiere ser asombrado por el héroe que la primera parte le descubrió, y no tolera ningún cambio en el héroe. Quiere lo mismo y quiere que lo mismo sea diferente”. Y añade que esos narradores “deben satisfacer una lealtad, pero también deben deslizar novedades”.

















































