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| Por Loris Zanatta (*) |
Del “pobrismo” al “riquismo”, de la exhibición de humildad a la ostentación de vanidad. Se nota que Argentina está en plena revolución cultural. ¿Por qué no? “Enriquecerse es glorioso”, sentenció Deng Xiaoping, enterrando a Mao Tsetung. Y China despegó. A principios del siglo XX, Andrew Carnegie era el hombre más rico del planeta y celebraba el “Evangelio de la riqueza”. Y si de por medio está el Evangelio, en Argentina el éxito está asegurado.
Claro, como toda rosa tiene sus espinas, el enriquecimiento tiene sus sombras. Desde Gabón hasta Vietnam, desde Kinshasa hasta Buenos Aires, el nuevo rico tiene mal gusto. La pileta con cascada sabe a Disneylandia, pasear en Tesla por Constitución a bananero. En Italia los llamamos “piojos revividos”. Paciencia.




















