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| Por Jorge Fernández Díaz |
Los buitres sólo comen cadáveres. Los exploradores conocen
desde tiempos remotos sus hábitos alimentarios, su oportunismo y su
truculencia. Si se arriman para picotearte es porque ya estás frito. Las aves
carroñeras se sirvieron históricamente del plato de la deuda externa que los
argentinos ofrecimos con penosa generosidad. El poder tiene muchos padres, pero
la deuda siempre parece huérfana.

