Por Luciano Román
Algún día, ante el tribunal de nuestra propia conciencia, nos preguntarán qué hicimos en la pandemia por nuestros viejos. Y tendremos que rendir cuentas por algo que hoy se observa a simple vista: muchos jóvenes se han vacunado antes que sus abuelos. Miles de argentinos de más de 80 años esperan en hogares o residencias geriátricas que los vayan a vacunar. Esperan, pero nadie va.