Por Renato Salas Peña (*)
De Rodrigo Díaz de Vivar podemos afirmar que su biografía se pasea entre los vientos de la realidad y el vino de la fantasía medieval de los juglares. Héroe de Guerras Santas y vendedor de su valentía al mejor postor, claro, sin importancia de credo, raza o pensamiento. Infanzón trepador en la pirámide social de las diferencias y asesino ficticio de celosos suegros de nobilísima casta: ese es nuestro Cid Campeador, alias heredado y titulado por los mismos moros que reconocieron en él a ese Señor luchador de los campos de batalla.


