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Por Juan Manuel De Prada |
Acabamos de leer un lúcido ensayo de Diego Fusaro, El nuevo orden erótico (El Viejo Topo), que abunda en algunas de las cuestiones que desde hace años abordamos en nuestros artículos. El capitalismo no es un mero sistema económico, sino que posee una visión totalizadora y articulada del hombre, una antropología corrosiva que se funda no sólo en la liberalización del consumo, sino también de las costumbres. En cualquiera de sus fases (pero más todavía en esta fase global), el capitalismo necesita instaurar una ‘religión erótica’ que moldee a las gentes, convirtiéndolas en la papilla humana que requiere para concentrar la riqueza.