Nuestra época está definida por la agitación y el movimiento continuo,
como mandato inapelable.
Por Jorge Freire
Hace quinientos años tuvo lugar en Estrasburgo una epidemia de baile.
Centenares de personas danzaron ininterrumpidamente durante el verano de 1518
hasta rendir el alma de puro agotamiento. Este lejano episodio, para el que en
su momento se adujeron causas astrológicas y que hoy se relaciona con una
intoxicación alimentaria, nos deja una estampa legendaria: la de un pueblo
entero ejecutando una frenética danza macabra para espantar la calamidad.