Los presidentes de Brasil y Estados Unidos desacreditan a
las instituciones que ellos lideran. Parece contradictorio,
pero en la historia del fascismo hay claves y antecedentes
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| Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en la Casa Blanca en marzo de 2019. (Foto/The New York Times) |
Por Jason Stanley y Federico Finchelstein
Asistimos a una suerte de paradoja central en la política. Líderes autoritarios como Jair Bolsonaro y Donald Trump han contribuido a desacreditar a las instituciones del
gobierno que ellos mismos encabezan. Bolsonaro —el presidente de Brasil, a quien se le ha llamado el “Trump de los trópicos”— ha mostrado preocupantes tendencias dictatoriales y, en cierta medida,
fascistas. Y, al igual que el presidente de Estados Unidos, denuncia frente a sus seguidores a los órganos del Estado que lidera.

