La estética actual
del monstruo lo distancia de su verdadero significado: un recorrido por los
cuentos de Karen Russell, el cine sueco y estadounidense
y los ensayos sobre el
gótico de María Negroni.
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| Fotograma de la película "Nosferatu", de 1922. |
Por Luciano Lamberti
Malos tiempos para ser vampiro. Lo demuestra muy bien el
cuento que le da nombre al libro Vampiros
y limones, de Karen Rusell, la misma que con la novela Tierra de caimanes, una especie de libro autobiográfico sobre el
profundo sur con componentes fantásticos, cosechó elogios en todas partes y fue
definida como “realista mágica”.

