Por Antonio Jiménez Morato
Hace unas horas
decidí orearme un poco para escapar de la angustia de un día neblinoso en
Madrid. Los españoles no estáis hechos a la lluvia, así me lo explicó uno de
los albañiles bereberes que estuvo en casa la semana pasada. En Tinduf un día
así provocaría alegría y un mercado lleno, me dijo. Pero esto no es el
desierto, le respondí. Dale tiempo, me replicó. Tiene razón.
