sábado, 19 de noviembre de 2022

Diez contrasentidos del discurso de CFK

 Por Pablo Mendelevich

“Gorila no te va a alcanzar, la nafta no te va a dar”, cantaba la multitud. Ella festejó: “Esa consigna de la nafta no te va a dar es la que más me gusta, qué ocurrencia. Y no, no les va a dar mientras haya argentinos que quieran vivir en paz. No es un problema de Cristina”, siguió diciendo Cristina. “Es que los argentinos se acostumbraron a que si la cuna les salió mal y nacieron pobres pueden tener un destino diferente y progresar; eso es el peronismo”.

Cristina Kirchner acababa de bajarse en La Plata del helicóptero presidencial Airbus, matrícula LQ-HWN, que opera la Policía Federal, lleva piloto y copiloto y puede acomodar hasta 12 pasajeros. Lo adquirió para el Estado en 2018 Patricia Bullrich como ministra de Seguridad. El consumo de nafta de este helicóptero, asignado al presidente de la Nación (el jueves ausente por viaje), se mide en miles de dólares por hora de vuelo. Pero la nafta sí que “le da”. Carga 1200 litros. Es evidente que de los costos del acto partidario del jueves, que incluyó un sinnúmero de colectivos para la militancia, el rubro transporte resultó el más oneroso. Por suerte el Estado ayuda.

Celebrar el Día de la Militancia en estos tiempos es todo un desafío. El militante promedio ya no se parece demasiado a un individuo principista, fervoroso, comprometido, ilusionado con la transformación de la sociedad, un soñador de convicciones más o menos organizadas, incluso dogmáticas, a quien repujaron años de lecturas, debates, sacrificios, experiencias de lucha, entrega. Tampoco es un corajudo dispuesto a cruzar a nado el río Matanza para intentar llegar a Ezeiza esquivando tropas de una dictadura. El tejido militante se deshilachó al ritmo de la expansión del clientelismo estatal que centrifuga puestos, planes o la ilusión de conseguirlos, proceso directamente proporcional a la cantidad de micros estacionados en las inmediaciones de un acto político populista a estadio lleno.

Por eso este 17 de noviembre Cristina Kirchner no encontró mucho para decir sobre la fecha que celebraba y volvió a poner el disco rayado del voto femenino, Vaca Muerta, el gasoducto Néstor Kircher, las jubilaciones de los que no pudieron acumular aportes, la deuda que contrajo Macri, el debate mano dura-garantismo, la estatización de Aerolíneas de 2008, la proscripción del peronismo después de la Revolución Libertadora y, vamos, los peronistas sabemos de democracia como ninguno, que no nos vengan con el republicanismo.

Evocativo de la epopeya del 17 de noviembre de 1972, el Día de la Militancia, una contribución a olvidar el dramático retorno “definitivo” de Perón del 20 de junio de 1973, es un invento de Alberto Pierri. El nombre del inventor lo reveló ayer en una entrevista periodística Eduardo Duhalde, a quien el retiro está convirtiendo de a poco en un estadista, un razonable cuestionador de las prácticas clientelísticas. Pierri, para quienes no lo recuerdan, es un empresario papelero y mediático que presidió diez años seguidos la Cámara de Diputados. En los noventa era la quintaesencia del menemismo, temporada peronista a la cual la vicepresidenta, casualmente, anoche denostó con ganas.

La oradora no dijo menemismo. Tampoco le reconoció al menemismo la marca peronista. Mucho menos recordó que ella y su esposo abrazaban a Menem (y a Cavallo) ni que compartían las boletas electorales. Habló del “neoliberalismo”. Máxima descalificación ideológica que pueda haber. Sinónimo de antipatria.

¿Qué problema va a tener para negar su papel político en el pasado quien se anima a negarlo en el presente? Nunca antes nadie se había bajado del helicóptero presidencial para presentarse como alguien caído del cielo. Créase o no, el jueves Cristina Kirchner se quejó de “los que no se hacen cargo de nada”. Al Presidente esta vez lo ignoró con esfuerzo subrayado. Se paró en ningún lugar y dijo: “cuando éramos gobierno…”.

En un país convencional la gente se habría preguntado en qué momento la vicepresidenta de la Nación renunció al cargo o qué demonios está pasando.

Si ella no busca tener coherencia discursiva el error es pedírsela. Vista la euforia de la platea es fácil advertir, y esto, aunque no sea novedad es lo más impactante de todo, que hay un público cautivo al que la oradora complace sin necesidad de tener que echar mano a ideas concatenadas, articuladas. La vía emocional manda desde el momento en que la oradora única ingresa al estadio único con coreografía mundialista, previo aviso a la concurrencia de que hay que recibirla con Himno modo cancha. “Miren…”, dirá al comienzo de varios párrafos para enfatizar el aire espontáneo.

Analizar los discursos de Cristina Kirchner con categorías ordinarias perdió sentido, es cierto. Pero por el hecho de que ayer no anunció ninguna candidatura presidencial (expectativa que las usinas kirchneristas fogonearon), ¿hay que hacer como si no existiera?

He aquí diez contrasentidos (son sólo algunos) de la pieza vicepresidencial.

1. “Cuando éramos gobierno”. ¿Éramos?

2. “Podemos hacer una gran Argentina porque una vez lo hicimos” (no se refería a 1910, a la Argentina como sexto país del mundo, sino al período en el que gobernaron ella y su esposo).

3. “La fuerza de la esperanza”. El slogan del acto patrocinó un ambiente festivo sin que se dieran a conocer los fundamentos.

4. “El 1° de setiembre se quebró por primera vez el acuerdo democrático” (para Cristina Kirchner el acuerdo democrático no sufrió rasguño alguno cuando quisieron asesinar a Alfonsín ni en los tres levantamientos carapintada ni en los megaatentados de 1992 y 1994 sino recién el día del fallido atentado en contra de ella, en cuya investigación hasta ahora no hay indicios de ninguna conspiración política).

5. A la inamovilidad de los jueces, principio constitucional destinado a evitar el sometimiento de los magistrados al poder de turno, la llamó rémora monárquica. Se quejó de que los jueces “decidan sobre las políticas económicas”. Pero en este preciso momento ella intenta crear un conflicto de poderes con la Corte Suprema que no es por la economía sino por la integración del Consejo de la Magistratura, que debe controlar a los jueces. De eso, ni mu.

6. “Hay que explicarle al pueblo por qué se toman ciertas medidas”. La idea es buena, lástima que no aprovechó el momento para arrancar con las explicaciones.

7. Le atribuyó a Gerardo Milman la intención superpuesta de querer suprimir al peronismo y suprimirla a ella, una nueva insinuación de que ese dirigente opositor tuvo algo que ver con el atentado, tal como el kirchnerismo ya denunció en la Justicia sin conseguir probarlo. Pero en realidad la frase original no es de Milman sino del kirchnerista Andrés Larroque: “sin Cristina no hay peronismo, sin peronismo no hay país”. Fue para replicar a Larroque que Milman hizo un enunciado contradramático: “sin Cristina hay peronismo –dijo- y sin peronismo sigue habiendo Argentina”. Tras soslayar el concepto disparador (se supone que Larroque no hablaba de la extinción ni de la eliminación del peronismo ni de Cristina Kirchner sino de eventuales derrotas políticas) le atribuyó a la réplica connotaciones criminales. Pero además la vicepresidenta omitió recordar que antes del atentado fallido también su hijo hizo declaraciones que se podrían considerar sugestivas. “Ellos están viendo quién mata al primer peronista”, dijo Máximo Kirchner refiriéndose a los opositores, horas antes de que en la puerta de la casa de su madre se gatillara una pistola.

8. “Por qué no prueban alguna vez sentarse a conversar con el peronismo a ver qué modelo de Argentina queremos”. Aunque su hijo viene de reclamar una mesa de diálogo dentro del gobierno, Cristina Kirchner dice que el problema es que el antiperonismo no se quiere sentar a dialogar. Parece ser que esta vez tiene razón el hijo. Su madre y el presidente que ella inventó no se hablan, salvo cuando ella sufre un atentado o a él lo internan de urgencia en Indonesia.

9. Sobre Aerolíneas Argentinas volvió a defender la estatización. Aunque lo había hecho otras veces, llamó la atención que a la lista de beneficios consecuentes ahora haya sumado “la rentabilidad de los hoteles”.

10. Hace falta un acuerdo democrático: “los condicionamientos que nos han dejado van a requerir que todos los argentinos tiremos todos juntos (sic) para el mismo lado”. No se entiende muy bien cómo es la idea de que “los que dejaron los condicionamientos” quieran acordar con ella para “tirar todos para el mismo lado”. También propuso convertir el 17 de noviembre en el “día del militante por la Argentina”. En ambas ideas subyace cierto conflicto con la pluralidad. Dicho de otro modo, una simpatía inquietante con la uniformidad. Bastaría tal vez con que en el respetable Día de la Militancia peronista la vicepresidenta se pagara con fondos suyos o de su partido el traslado al acto.

© La Nación

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