lunes, 8 de noviembre de 2021

Elogio del indeciso

 André Comte-Sponville. Para él, el fanatismo exacerba la fe y pervierte el entusiasmo.

Por Sergio Sinay (*)

Entre las palabras y formulaciones verbales que pierden sentido y significado a raíz de su (mal) uso y abuso hay dos que se destacan en tiempos electorales. “Núcleo duro”. Están en boca y pluma de analistas, comentaristas, encuestadores y ciudadanos comunes que las recogen de los espacios en donde las leen y escuchan y las repiten en sus conversaciones.

Se convierten en lo que Edward De Bono (1933-2021), médico, filósofo e investigador de los mecanismos del pensamiento (a él se debe el concepto de pensamiento lateral) llamó “palabras mazamorra”. Las que se usan a la manera de comodines para rellenar frases o completar ideas truncas, sin agregar valor ni claridad a lo que se dice o escribe.

Se insiste en que tanto el kirchnerismo como el macrismo cuentan con un “núcleo duro” de votantes, porcentaje que, llueva o truene, se encuentre a sus líderes como culpables de delitos o como instigadores de transgresiones extremas, no se modificará. A partir de ese empate de durezas se trata de conquistar a los indecisos, que vendrían a ser algo así como ateos o agnósticos, no creyentes en ninguna de las dos religiones políticas dominantes. Más que conquistarlos habría, entonces, que convertirlos. Prometerles lo que se supone que quieren escuchar, anunciarles el advenimiento del paraíso que cada candidato comunica a su manera.

Suele percibirse en los integrantes de los respectivos “núcleos duros” un cierto orgullo por ser parte de la manada, una especie de superioridad moral sobre el enemigo (en la Argentina no hay adversarios, se trata siempre de enemigos) y sobre los pobres e ignorantes indecisos o votantes de fuerzas menores. En cierto modo se puede considerar a los incondicionales del “núcleo duro” como fanáticos. Este término proviene del latín fanum (templo) y, por su uso, terminó describiendo a los exaltados y cegados por una creencia o un dogma. El filósofo humanista francés Alain (1868-1951), seudónimo de Émile-Auguste Chartier, veía al fanatismo como un “repugnante amor a una única verdad”, la propia. A su vez el pensador André Comte-Sponville señala en su Diccionario filosófico que, en los campos donde son posibles demostraciones, como las matemáticas, la física, la historia documentada, no hay fanatismo. Hay pruebas y argumentos. El fanatismo exacerba la fe y pervierte el entusiasmo, dice Comte-Sponville.

Una vez dentro de los “núcleos duros” no es necesario pensar, no se admite la duda, no hay espacio para la revisión, ni escucha para la argumentación de aquello que puede poner signos de pregunta en la fe a la que se adhiere. Se trata de creer. De catequizar a los no creyentes, a los dudosos, a los indecisos. Para los “núcleos duros” una elección es casi un trámite burocrático. Ya han votado antes de votar. Es como el amor a la camiseta, independiente de quién la use, de sus conductas, antecedentes y principios morales, de si esa camiseta se viste para el bien común o para un delito. Desde esa perspectiva los indecisos son tibios, emasculados, y los que votan en blanco resultan simples desertores.

Pero también es posible considerar a los indecisos como personas con autonomía de razonamiento, con tiempo y capacidad para evaluar, discernir y ejercer el pensamiento crítico. También ellos, en cada elección, constituyen un “núcleo duro”, solo que en este caso despojado de fanatismo. Se trata, en cambio, de un reservorio de ciudadanos que hacen uso de su derecho a elegir, que tienen el coraje de no pertenecer, de no militar (militancia viene de milicia, en la milicia la obediencia es el valor central) y que se atreven a pensar. Uno de los frutos de ese atrevimiento puede ser el voto en blanco. De manera extorsiva de suele decir que este voto favorece al que gana. Se desprecia así lo que una persona está expresando con tal voto: les está diciendo a los candidatos que ninguno de ellos lo representa, que no cree en sus promesas, por más que provengan de diferentes orillas de la grieta. El porcentaje de esos votos encierra un mensaje. Porque, además, quienes lo emiten no han desertado. Ejercen su derecho a votar. Dicen presente.

(*) Escritor y periodista

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