lunes, 15 de marzo de 2021

El incomprensible cinismo del PSOE

 Por Javier Marías

Tras las penúltimas elecciones, no hubo Gobierno porque Sánchez dijo aquello del insomnio. También dijo algo que se le recuerda menos, y vino a ser esto: “Necesito a un Vicepresidente que me apoye y no me lleve la contraria, y un Gobierno que hable con una sola voz”. Tras las siguientes elecciones se abrazó con Iglesias sin convencimiento, y ha venido con exactitud cuanto había vaticinado: su insomnio y el de muchísimos españoles, un Vicepresidente que le hace la contra, que torpedea el Gobierno del que forma parte y arremete sin pausa contra nuestra democracia.

¿Se imaginan a Macron (por ejemplo) permitiendo a su segundo atacar a la República y a sus jueces y periodistas, exigir controlar a unos y a otros? No habría durado un minuto más en el cargo. De hecho no hace demasiado que Macron destituyó a su Primer Ministro, Édouard Philippe, sin que se le moviera una ceja.

Lo escribí hace ya tiempo, pero es que ahora ha pasado año y pico desde el abrazo, y ni Sánchez ni el PSOE se han dignado darnos a los ciudadanos la menor explicación de su radical cambio de parecer, despreciándonos como a siervos. Ni siquiera: “Es que no había más remedio si queríamos seguir gobernando”. Que tal argumento fuese mentira (se habrían podido apoyar en C’s e incluso PP para cuestiones y leyes concretas) no es lo que los frenó, porque sus mentiras acumuladas se cuentan por centenares. Iglesias, lejos de rectificar, siempre ratifica sus afirmaciones, aumentadas (lo propio de los soberbios). Así ha ocurrido con el caso del truculento rapero de Lérida, el cual, de no haber pedido “que alguien le clave un piolet en la cabeza a José Bono”, sino “a Echenique” o “a Irene Montero”, habría sido llevado sin vacilación ante los tribunales por Podemos (su piel es finísima), acusado de delito de odio o incitación al homicidio. Como no fueron su blanco, Podemos no sólo lo defiende a ultranza, sino que alienta a cuantos indepes y chorizos destrozan, saquean y arruinan los ya castigados negocios con tan macabro pretexto. No es que Podemos “se muestre reticente a condenar los desmanes”, como inexplicablemente sostienen los editoriales de este diario, sino que los apoya sin ambages, haciéndose cómplice. Si un portavoz no habla en nombre de un partido, díganme quién lo hace. Y el portavoz Echenique tuiteó: “Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles”. (Pasemos por alto la imbecilidad de llamar “antifascistas” a quienes se comportan como camisas pardas y trumpistas del Capitolio.) Lo cierto es que Sánchez guardó asombroso silencio tras tres noches de terror ciudadano, y, cuando por fin se pronunció, soltó una breve y lene frase sobre la democracia plena y la necesaria reforma del Código en lo relativo a injurias, si éstas son artísticas, algo así. Como no tengo a todos los miembros del Gabinete por idiotas redomados (bueno, a algunos sí, a qué negarlo, igual que la semana pasada), todo hay que achacarlo a un incomprensible cinismo.

El propulsado ex-Ministro Illa no ha contribuido a disminuir este desagradable sabor a cinismo. Tras las elecciones catalanas, anunció que hablaría con todos los partidos salvo Vox. Bien está que evite a esa formación antidemocrática, racista y xenófoba. Lo malo es que sí considere interlocutores dignos a otros partidos con los mismísimos defectos o peores, como la CUP y JxCat. Y a otros antidemocráticos y populistas, como ERC y Podem, que ni siquiera son de izquierdas. (Creer que lo es Esquerra por su nombre es tan estúpido como creer que la República Democrática Alemana era lo segundo porque lo decía su nombre: pregunten a las víctimas de la Stasi.) Lo mismo se puede decir del Gobierno de Iglesias y Sánchez: quieren ilegalizar la exaltación del franquismo (no me opongo), y en cambio legalizar la apología del terrorismo y de ETA, que es más reciente; no hablan con Vox, pero pactan y gobiernan con el brazo político de ETA, con quienes han intentado en Cataluña un golpe totalitario y con la misma Podemos (13% de los votos), cuyo objetivo de derribar la democracia constitucional era —y es— palmario desde sus inicios. A Podemos y Vox los separan los cantos de un par de monedas. Todo es insólito: una Secretaria de Estado iluminada la tiene tomada con la Ministra de Defensa, y ahí continúa en su puesto. No hay jerarquías ni pasa nada porque una subordinada se mofe públicamente de sus superiores. Creíamos que la disciplina de partido era innegociable, y Sánchez e Iglesias degradaron o expulsaron a cuantos socialistas y podemitas no se les postraron. En un Gobierno la disciplina se esperaría aún más estricta. Porque no se puede tener a un Vicepresidente, etc. Pero el Presidente y su partido lo consienten. Si quieren que se los vote a la próxima, lo mínimo es que expliquen de una vez qué pasó entre las penúltimas y las últimas elecciones, para que el causante de insomnios se convirtiese de pronto en el ángel susurrante del insomne. Sí, de uno solo, porque al resto todavía nos cuesta mucho conciliar el sueño. (Si por ventura se preguntan por qué he dedicado dos artículos al cinismo de estos partidos, siendo cínicos casi todos, la razón es muy sencilla: son los que nos gobiernan, y de ellos dependen el presente y el inmediato futuro de este país que aún parece medio nuestro.

© El País Semanal

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