viernes, 30 de junio de 2017

Macri busca un atajo para despegar después de octubre

Por Ignacio Fidanza

Las elecciones de Octubre tienen sobre la administración de Macri un efecto anestésico que contra lo que proclama el kirchnerismo, está moderando hasta la exasperación -de Macri- las reformas que el presidente entiende hay que implementar para que la Argentina pase de la fase de promesa a realidad.

"Macri está fastidioso y protesta en las reuniones: `Yo quiero gobernar, vamos a meterle'", reconoció a LPO una fuente con acceso a las infinitas rondas de coordinación que la actual administración instrumentó para empujar el Gobierno y que también empiezan a estar en revisión. "Son unas 20 horas semanales, las que se pasa un ministro en reuniones de coordinación", reconocieron a LPO.

"Macri participa en gran parte de ellas y el cuerpo ya le está pasando la factura, no podemos seguir con 23 ministerios", agregó la fuente. Otro funcionario aborda el debate desde otro lugar: "El problema de gobernar no es tanto la cantidad de ministerios, si no como logras que la línea política perfore la burocracia, nosotros en muchas áreas todavía no lo conseguimos".

Esa es la micro gestión que -es verdad- también puede incidir y mucho en el éxito o fracaso de un gobierno. Pero lo que se macera en esa molestia contenida del Presidente es otra frustración: La certeza de cierto agotamiento del gradualismo tal y como se administró hasta aquí.

Macri está fastidioso por la dicotomía de Presidente y Candidato, que le impide avanzar con las reformas que tiene en mente hasta después de octubre. Planea un acuerdo con al menos cinco gobernadores, para concretarlas.

"Después de octubre se vienen las grandes reformas, no queda margen para seguir demorándolas", reconoció a LPO una fuente al tanto de las discusiones. ¿Cuáles son esas reformas? Básicamente dos: Impositiva y Previsional.

En la primera está la clave para devolverle competitividad al sector privado, entiende el gobierno. Hay que bajar la carga impositiva y por ahora se apunta fuerte a ingresos brutos. Para ello habrá que compensar a las provincias, acaso dándoles una participación mayor en el IVA. No es un tema sencillo, por ejemplo en la Ciudad ese tributo representa más del 70 por ciento de los ingresos del Gobierno. "Es la Ciudad Autónoma de los Ingresos Brutos", se burlan los peronistas del interior.

El tema hace varias semanas que se trata cada quince días en el Congreso, en reuniones con poco rating mediático, pero que concentran la atención de los gobernadores, como pocas cosas.

La reforma previsional es el famoso ajuste que reclama la ortodoxia. El grueso del gasto del Estado se ubica en esa franja. Con esas dos reformas el Gobierno buscará además bajar el costo laboral. Por eso, no hay previsto ni habrá una gran reforma laboral al estilo Ley Mucci o la reforma de De la Rúa, que meta al Gobierno en una pelea frontal con los sindicatos, de final incierto.

El Gobierno sigue en este último punto una estrategia de aproximación indirecta al estilo de Liddell Hart, uno de los autores favoritos del Papa Francisco. ¿Quién lo hubiera imaginado?

Cinco gobernadores

Como es obvio, ni estas ni otras reformas de corte "institucional" como la reforma política, se podrán concretar sin acuerdos con la oposición. "Son cinco gobernadores", explicó a LPO una de las fuentes consultadas. Con esa masa crítica, más los votos propios y de aliados, en la Casa Rosada estiman que después de octubre alcanzaría para construir mayorías en las cámaras que pasen las leyes necesarias.

El subtexto de este diseño es que Macri ya decidió prescindir -o acotar al máximo- los acuerdos con Sergio Massa y descuenta la oposición cerril del kirchnerismo.

Se trata en el fondo de una readaptación del reclamado Pacto de la Moncloa que saque al país de la pausa actual, pero que el Gobierno decidió abordar de una manera casi kirchnerista: Primero ganar las elecciones y después prácticamente imponerlo.

Para avanzar en esa hoja de ruta construyó el artilugio de la polarización y ahora sólo le queda ganar las elecciones. Nada menos. El riesgo es altísimo: La polarización es un juego muy volátil que puede volcar los dados del lado menos esperado. Si Cristina Kirchner llega a ganar la provincia de Buenos Aires, Macri, Marcos Peña y Durán Barba, no sólo sufrirían una severa pérdida de autoridad política, sino que habrían sido los autores de una crisis política que vuele por el aire la posibilidad de la recuperación.

Se podría haber acotado ese riesgo con un pacto previo con el peronismo más racional -incluido Massa- para se eligió prevalecer para después acordar desde la fuerza, entendiendo que acaso la Argentina no respeta otras formas. "No se confundan, nosotros no somos radicales, a nuestra manera ejercemos el poder", agregó la fuente consultada y se despidió con una frase con gusto a revancha: "Si llegamos a ganar habría que discutir alguna vez como es esto que los que no sabemos de política estamos en el Gobierno y los que saben, en el llano".

© LPO

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