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| Por Jorge Fernández Díaz |
“Lo que comienza con cólera acaba en vergüenza”. La máxima de Benjamin Franklin ilustra la chirriante gira de Javier Milei por España y, a continuación, la amarga admisión del estancamiento argentino: fue a enseñarle la exitosa “escuela austríaca” al país que más crece en Europa, y al regresar debió reconocer implícita y explícitamente que aquí los pronósticos resultaron fallidos y que su modelo derivó en una dura recesión. La reseña de este extraño periplo -durante el que un libertario ofrece derrumbar con motosierra los derechos sociales de una nación capitalista donde funciona el Estado de bienestar-, incluye muy especialmente su habitual despliegue de agravios, desmanes diplomáticos e intolerancia a la prensa; entre otras cosas, llamó ladrón y dictador al presidente constitucional de la madre patria, destrató malamente a periodistas que preguntaban con suma corrección y se regodeó con “patear culos zurdos”.








