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| Por Pablo Mendelevich |
Después de una batalla, hace ya unos cuantos años, más precisamente en 1676, Mehmed IV, sultán del Imperio Otomano, les exigió a los cosacos liderados por Iván Sirko que se rindieran sin resistencia. Los cosacos respondieron con una sarta de insultos. En una carta le espetaron al sultán “despojo babilónico”, “diablo turco”, “carnicero de Macedonia”, “hermano y compañero del demonio”, “secretario de Lucifer”, todas cosas que en el siglo XVII en esa zona del mundo eran consideradas bastante ofensivas, junto con otras imperecederas más soeces, incluso escatológicas, que para ahorrar sonrojos no vale la pena reseñar acá.








