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| Por Carlos Ares (*) |
Esas flechas incendiarias que se lanzan como verdades en las redes sociales, ¿encubren o descubren? El tirador la saca de atrás, del culo pesado que carga como un carcaj. Tensa, curva, sesga la cuerda, la evidencia, el argumento de su opinión. Apunta, suelta, dispara, atraviesa cinco pechos en uno para que no quede ninguno. No contempla respuestas vivas. Sus sentencias de punta fina, envenenada, se piensan mortales de necesidad. Clavadas en el blanco, negro, corazón del debate, o la oreja de cualquiera que pasaba a boludear por ahí , evacuan, desprecian, insultan, burlan, hieren, babean, gozan, hasta que en minutos se consumen, se apagan, se amontonan ya sin olor, como mierda seca.








