![]() |
| Por Arturo Pérez-Reverte |
Les hablaba hace unas semanas de pijohoteles de moda, de las nuevas maneras que convierten al cliente en víctima de siete mil chorradas cursis, y todo eso. Pero me dejé fuera, porque no me cabía, contar una experiencia personal que ilustra el asunto con cierta propiedad. Ocurrió hace poco, en un hotel europeo cuyo nombre no menciono porque, si vuelvo alguna vez, me expongo a represalias. Hablo de un hotel superelegante, de diseño ultramoderno, donde me vi obligado a alojarme porque en el mío habitual no había habitaciones disponibles.








