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| Por Jorge Fernández Díaz |
“Tenés infiltrados”, le anuncia el comisario al delegado municipal de un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, y le advierte a continuación muy pomposamente que el Partido Justicialista le ha enviado un “normalizador” desde Tandil. “Normalizar qué -se sorprende el paisano-. Estás leyendo muchos diarios”. Entonces el policía lo deja frío con su revelación: “El Mateo es marxista comunista”. Unas páginas más adelante, el funcionario y ese empleado bajo sospecha ya se preparan para resistir un ataque violento: “Dicen que somos bolches”, le explica el delegado municipal tomando una escopeta, y Mateo se muestra perplejo: “¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista..., nunca me metí en política”.








