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| Por Carlos Ares (*) |
Escribir es iniciar una conversación. ¿Qué otra cosa podemos hacer acá? La rutina de días que se suceden a la espera de que lleguen otros mejores se vuelve carcelaria. En el espacio de esta celda cotidiana sólo cabemos dos. Así que, aquí estamos, tomando unos mates. Después de un silencio, de cebar otro, de mirar nada entre las rejas de la ventana, vuelvo, volvemos la cara para mirarnos, trato, tratamos de ignorar que el tiempo pasa siempre igual. ¿En qué estábamos?








