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| Por Arturo Pérez-Reverte |
Hay una pregunta que cada cuatro años nos hacemos los españoles con natural choteo: ¿A quién vas a votar, Manolo?… Sin embargo, visto lo visto y lo que vamos a ver, la formulación parece incorrecta: la pregunta lleva implícito el error. En España, salvo puntuales excepciones, nadie vota a nadie. Aquí siempre votamos contra alguien, que no es lo mismo. Nuestros Manolos y nuestras Marujas, ustedes y yo, vamos al colegio electoral sin pensar realmente en productividad, educación, deuda pública, pensiones, cultura o política exterior. Lo hacemos rumiando nombres y apellidos de individuos de ambos sexos a los que anhelamos ver hacer las maletas y tomar el olivo. Porque el voto del español nunca es una declaración de afecto, sino una patada en los huevos.








