Por Sergio Suppo
Como un perfume que se desvanece, los primeros efectos del triunfo electoral libertario corren el riesgo de desaparecer cuando termine el verano.
Como un perfume que se desvanece, los primeros efectos del triunfo electoral libertario corren el riesgo de desaparecer cuando termine el verano.
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| Por Carlos Ares (*) |
Esas flechas incendiarias que se lanzan como verdades en las redes sociales, ¿encubren o descubren? El tirador la saca de atrás, del culo pesado que carga como un carcaj. Tensa, curva, sesga la cuerda, la evidencia, el argumento de su opinión. Apunta, suelta, dispara, atraviesa cinco pechos en uno para que no quede ninguno. No contempla respuestas vivas. Sus sentencias de punta fina, envenenada, se piensan mortales de necesidad. Clavadas en el blanco, negro, corazón del debate, o la oreja de cualquiera que pasaba a boludear por ahí , evacuan, desprecian, insultan, burlan, hieren, babean, gozan, hasta que en minutos se consumen, se apagan, se amontonan ya sin olor, como mierda seca.
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| Por Arturo Pérez-Reverte (*) |
La célebre divisa de la Real Academia Española —Limpia, fija y da esplendor— surgió con un nobilísimo propósito: la lengua española contaría con una institución encargada de cuidarla, ordenarla y ennoblecerla. Pero el tiempo no pasa en balde. Trescientos trece años después de su fundación, para un buen número de hablantes, lingüistas, escritores y lectores, esa promesa ya no se cumple. No porque el español esté en decadencia —al contrario, camina más vivo e imparable que nunca— sino porque crece la impresión de que la RAE ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería. Decir que la RAE ya no limpia, ni fija, ni da esplendor es, lamentablemente, una impresión generalizada.

Javier Milei entrevistado por Andrés Oppenheimer, de la CNN. (Captura de video)
Por Luciano Román
Javier Milei acaba de cumplir dos años en el gobierno con una particularidad: jamás ofreció una conferencia de prensa. Es cierto que hasta que asumió como jefe de Gabinete lo hacía con regularidad el vocero presidencial, pero el propio mandatario hasta ahora no lo ha hecho nunca. El dato, que a esta altura pasa un poco desapercibido, parece formar parte de algo más amplio y tal vez más de fondo: el deterioro en la Argentina de la cultura del diálogo.