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| Por Jorge Fernández Díaz |
En un reciente viaje literario me tropecé por azar con seis chilenos de alta gama que discutían animadamente el rumbo del mundo en la cubierta de un barco. Uno de ellos intentaba venderles a sus compañeros de travesía las maravillas del régimen de Xi Jinping: “En China hay libertad total -decía con entusiasmo-. Lo único que no se puede hacer es criticar al gobierno”. Pinochetistas al sol hablando de bondades y nimiedades. Ya la vieja y morosa Europa, reblandecida por su prosperidad y entregada de pies y manos al turismo -industria que va desplazando peligrosamente a las otras- no representa ningún faro: los sistemas de partido único proveen capitalismo rápido sin pasar por los engorros de la democracia.








