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| Por Carlos Ares (*) |
Ahí tenés las consecuencias. La resaca que nadie te cuenta. El lado B de un oficio al que la democracia debe mucho pero paga mal. Así quedás al final del día. Tenso, aturdido, alterado por los ladridos de los perros. Ni hablar si pensás en la gente que no sabe, o no recuerda, quiénes son, qué hicieron, hacen, quién les paga, a qué poder sirven los transas del periodismo. Conductores, panelistas, streamers, analistas, opinantes. Declaraciones nauseabundas, mentiras evidentes, comentarios sesgados, entrevistas cotizadas. El reflujo ácido, viral, feroz en las redes, provoca arcadas. Te acuestan. Andá a dormir. Felices sueños.








