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| Por Pablo Mendelevich |
En la Argentina, la Justicia suele ser objeto al mismo tiempo de veneración retórica y de desconfianza agria. Detrás de esa conducta quizás se combinen necesidades políticas con expectativas insatisfechas respecto de la igualdad ante la ley, la autonomía de jueces y fiscales, el castigo eficaz de la corrupción, el combate a la impunidad, la parsimonia. Pero también anida la controversia sobre la verdad de las cosas.
Los sistemas jurídicos occidentales se basan en el principio de que existe un hecho objetivo que debe ser descubierto: es lo que habitualmente se llama la verdad de los hechos. También en el periodismo un viejo apotegma dice que las opiniones son libres pero los hechos son sagrados, lo cual recuerda, por si hiciera falta, que la persecución de la verdad no es una exclusividad abogadil.








