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| Por James Neilson (*) |
Además de hablar como si se creyera el dueño exclusivo de una piedra filosofal económica que le permite solucionar de golpe problemas que mantienen ocupados durante décadas a estatistas menos privilegiados, Javier Milei se enorgullece enormemente de su propia superioridad moral. Para él, quienes se niegan a tratarlo con la reverencia debida no solo son idiotas ignorantes simiescos sino también sujetos perversos, cuando no satánicos.
Entre los peores ejemplares de la especie maldita cuya mera existencia lo hace estallar de ira están los periodistas, estas “basuras inmundas”, “imbéciles” y “mediocres plumas” que, dice, hay que “odiar” cada vez más. Desde su punto vista, los grupos mediáticos más malignos son Perfil, La Nación y Clarín. A su juicio, son integrantes de una auténtica “asociación ilícita” que está resuelto a desenmascarar para que reciba el castigo, sea divino o, lo que sería mejor, jurídico y financiero, que tanto merece.








