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| Por Santiago Kovadloff |
Cuando el gol estremecedor de Enzo Fernández nos dio la victoria sobre Egipto, me asaltaron – vaya a saber venidos de dónde – tres conceptos de la literatura clásica griega que, a mi ver, calzaban cómodamente en la caracterización de este Mundial; un Mundial que todavía guardaba grandes incógnitas sobre su desenlace. Esos tres conceptos eran lo épico, lo lírico y lo dramático.
Lo épico remite a una fortaleza que no conoce desmayos, a una conducta que no se arredra ante la adversidad y que se empeña en alcanzar su objetivo aun en aquellos momentos en que todo parece indicar que su suerte ha quedado sellada en la desgracia. Épico, pues, es el espíritu de lucha.








