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| Por Jorge Fernández Díaz |
“Cuando nuestro odio es violento, nos hunde incluso por debajo de aquellos a quienes odiamos”, sostenía François de La Rochefoucauld. Ese apunte acerca de la naturaleza humana y del ejercicio del poder pertenece al siglo XVII, pero tiene la vigencia invencible de las grandes verdades universales. Quizá haya llegado la hora de que los “ingenieros del caos”, exitosos para una primera etapa de conquista y consolidación, revisen un poco la administración de su principal insumo básico -el rencor-, puesto que su uso y abuso sostenidos en el tiempo están resultando un boomerang que promueve la fatiga popular, despierta antipatías y a veces produce espanto.








