
Javier Milei en su visita del jueves a la escuela ORT. (Foto/La Nación)
Por Martín Rodríguez Yebra
El grito y el insulto compulsivo devuelven a Javier Milei a la versión más pura de sí mismo. Decidió que peleará la reelección con las armas que hace tres años lo llevaron al poder como el verdugo de un sistema en decadencia. Si hay enojo, responderá con más enojo.







