Por Luis Antonio Espino
(Imagen generada por IA)
maginemos al vocero de una empresa fabricante de aviones diciendo que hay más de diez por ciento de probabilidades de que sus naves fallen y maten a todos sus ocupantes. O a una vocera de una armadora de autos diciendo que su nuevo modelo podría quedarse sin frenos en diez años y matar a conductores, pasajeros y hasta a los pobres peatones que se encuentre a su paso. En esa, o en cualquier industria, semejantes declaraciones provocarían caídas en ventas, desplomes bursátiles y despidos fulminantes. No podría haber peor estrategia de reputación.







