
Karina Milei y Manuel Adorni
Por Martín Rodríguez Yebra
Un vocero que no puede hablar es un juguete roto. Al negarse a explicar la mejora de su tren de vida desde que es funcionario, Manuel Adorni queda despojado de su razón de ser. Su meteórica carrera -de apenas un tuitero a jefe de Gabinete en dos años- se apalancó en las prestaciones que ofrecía delante de cámara. Nadie como él fue capaz de encarnar el otro yo de los hermanos Milei. Esa virtud le ofrece en su mala hora un blindaje político extraordinario, pero a su vez empuja al Gobierno a una crisis de identidad de la que le costará salir con el simple paso del tiempo.







