![]() |
| Por Pablo Mendelevich |
Casi nadie le prestó atención el domingo al broche de oro. Con extemporánea vocación notarial, enrevesada sintaxis y una involuntaria pátina irónica, la vicepresidenta de la Nación, que había matado el tiempo chateando, clausuró con catorce palabras la retahíla de insultos que venía de despachar su antiguo compañero de fórmula durante una hora y media frente a todo el país: “habiéndose cumplido con el objetivo de esta asamblea, se da por levantada la misma”.
Por lo menos podría haber cerrado el acto sin mismismo, en castellano normal. ¿Pero de qué objetivo hablaba Victoria Villarruel, de dejar inauguradas las sesiones ordinarias o de haber conseguido Milei que la inauguración resultara más ordinaria que nunca?








