![]() |
| Por Jorge Fernández Díaz |
“Soy peronista pero no soy estúpido -dice irónicamente Alejandro Dolina-. Privarme de Borges o de Messi porque no son ‘compañeros’ o no van a la unidad básica a cebar mate, sería una tontería. Sería eliminar de mi vida algunas de las cosas que me hacen feliz, aunque sea por un rato”. El exquisito autor de Las crónicas del Ángel Gris, con autoridad literaria e ideológica, sella así la compuerta de la estupidez: por ella se colaba una tumultuosa corriente de antimessismo infantil y ponzoñoso, y un vano intento kirchnerista por instalar la insólita idea de que esta selección de fútbol estaba integrada por “derechistas y desclasados”, e incluso que su capitán debía agachar la cabeza frente a Maradona, como si la expresa simpatía de Diego por Cristina Kirchner -después de su cariñosa rendición incondicional ante Carlos Menem- pudiera quedar de algún modo eclipsada y la apropiación indebida del mito popular fuese desafiada peligrosamente por el advenimiento de un nuevo mito ajeno a todos, que no se dejaba etiquetar.








