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| Por Jorge Fernández Díaz |
“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”. La metáfora marítima de Antonio Machado refiere a que un navegante inteligente no insiste vanamente en ordenarle al viento que modifique su dirección: lee bien su orientación y acomoda la vela para aprovecharlo. Javier Milei se cansó de esperar a que el viento impulsara su velero económico, clavado en desesperantes aguas estancadas, y tuvo una ocurrencia táctica después de leer correctamente las brisas malvineras. Ha resuelto que, a pesar de ruegos y consejos, no moverá un dedo para reanimar la pobre economía real, porque cualquier intento implicaría necesariamente una salida keynesiana, y buscó un recurso antiguo en el fondo del arcón de la política.








