Por Matías Méndez (*)
Los tropiezos comunicacionales del gobierno nacional en el último tramo del Mundial dejaron expuesta la ausencia de voceros, la nula estrategia cuándo no puede generar un enemigo, el intento de pegarse al prestigio de la Selección Nacional y la apelación única a lo que debería ser el último fin: la voz del Presidente para definir políticas mínimas.








