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| Por Jorge Fernández Díaz |
A Stephen King nunca le pareció apropiada la elección de Jack Nicholson para encarnar al escritor que acepta cuidar el hotel Overlook. Torrance, su gran personaje, es también un novelista y un alcohólico en recuperación, con una esposa amorosa y un hijo pequeño, y el hotel se encuentra en las frías montañas de Colorado y está cerrado al público durante el crudo invierno. El resplandor trata sobre el aislamiento y sobre cómo los fantasmas de la mente pueden carcomer la cordura de una persona. La versión fílmica, que corrió por cuenta de un genio del cine -Stanley Kubrick-, es un clásico de todos los tiempos, pero King lo consideró apenas “un gran cadillac sin motor”. Es que Torrance, en la novela, despertaba confianza y empatía y su deriva resultaba, por lo tanto, más sorprendente y dolorosa; Nicholson, que lo encarna en la pantalla, venía de hacerse famoso con Atrapado sin salida -una historia de manicomio-, y en consecuencia el público estaba predispuesto desde el minuto cero a intuir cómo acabaría: completamente loco y persiguiendo a su familia con un hacha.








