
Ellos. Trump, Putin y Netanyahu, algunos líderes que parecen afectados por el trastorno. |
Por Sergio Sinay (*)
A Eurípides, autor de obras imperecederas como Medea y Las Troyanas, entre otras, y uno de los tres grandes poetas trágicos de la antigua Grecia (junto a Sófocles y Esquilo), se le atribuye esta sentencia: “Cuando los dioses quieren destruir a alguien, primero lo enloquecen”. El poder no enloquece. Simplemente expone de manera inocultable lo que ya estaba ahí. Lo mismo ocurre con el poder y la corrupción. Siguiendo a Eurípides, el desquicio mental que manifiesta un gobernante ya estaba en él antes de llegar al poder. Por lo tanto, quienes lo eligen no pueden fingir demencia. Son responsables del lugar que le dieron. Y resultan doblemente responsables al ratificarlo.







