
Manuel Adorni en medio de sus dos mayores defensores: Javier y Karina Milei.
Por Fernando Brovelli
La frase fue tan lapidaria como poco usual en el glosario político, que prefiere que las marcas del sacrificio se expresen en el cuerpo antes que enunciarlas. “Me estoy deslomando”, fue lo que dijo Manuel Adorni para explicar que había sumado a su esposa a una comitiva presidencial que viajó a Nueva York en busca de inversiones. Eso fue el 10 de marzo de este año, poco después de aprobar la baja de punibilidad y la reforma laboral. Se venía un aluvión parlamentario libertario, pero lo que sobrevino fueron 100 días de castigo por goteo a su imagen y la confianza del Gobierno, que dedicó todo ese tiempo a ratificar, ocultar o auxiliar al jefe de Gabinete, cuya renuncia se acaba de anunciar.







