miércoles, 20 de enero de 2021

Esquizofrenia en el horizonte

 Confusión. Carla Vizzotti anunció que se aplicaría una sola dosis de la vacuna.

Por Sergio Sinay (*)

Convencido de que la esquizofrenia es producto de interacciones familiares, el antropólogo inglés Gregory Bateson (1904-1980) desarrolló su teoría del doble vínculo. Lo definió como las dudas que abruman a una persona cuando recibe permanentemente mensajes contradictorios. 

Se le promete una cosa con palabras y se le niega lo prometido con acciones. Se la castiga por el mismo motivo y en las mismas circunstancias en que otras veces se la premia. Se le niega su percepción. Es decir, se viola con ella el principio de no contradicción, postulado de la lógica formal según el cual un mismo enunciado no puede ser al mismo tiempo verdadero y falso. Bateson fue marido de Margaret Mead, otra figura esencial de la antropología moderna, e hizo aportes fundamentales no solo en su campo específico sino también en la comunicación, la lingüística, la epistemología y la psicología sistémica. En este aspecto fue figura central, junto a Paul Watzlawick, de la célebre escuela de Palo Alto, en California. Entre sus obras se cuentan Espíritu y naturaleza, El temor de los ángeles y su libro fundamental: Pasos hacia una ecología de la mente.

En este último desarrolla su teoría del doble vínculo. Aunque fue discutida porque no incluía las alteraciones de la química cerebral en la génesis de la esquizofrenia, la teoría contribuyó al estudio de la enfermedad y a la comprensión del paciente (o sufriente) como parte de un sistema anómalo antes que como un emergente aislado. Más aun, la teoría del doble vínculo puede ser muy reveladora en el análisis de fenómenos vinculares en general y en la observación de procesos políticos y sociales. Cuando una persona es permanentemente sometida a dobles mensajes contradictorios entre sí es pasible de caer primero en una paralización total y luego en la locura. Intenta escapar de esa metralla infernal por las puertas menos pensadas. Y lo que le ocurre a una persona podría sucederle también a una sociedad en su conjunto.

Esto es posible cuando los gobernantes y dirigentes, así como las personas a cargo de funciones y áreas decisivas, emiten permanentemente dobles mensajes. En una misma semana la viceministra de Salud de la nación anunció que se aplicaría una sola dosis de la vacuna rusa (sobre la cual solo se sabe que es rusa y todo lo demás es misterio) en lugar de las dos prescriptas, para afirmar a continuación que serían aplicadas las dos dosis. Un doble mensaje que hunde a los receptores en el temor, la sospecha y la confusión. Según la funcionaria, la segunda dosis iba a ser omitida para poder duplicar el número de vacunados. O sea que no importa ni la salud de los que se dice cuidar, ni su inmunidad, sino simplemente agrandar números. Nada nuevo, así fue desde el comienzo de la pandemia. Segundo caso de doble vínculo: el Presidente (un especialista en la práctica del doble mensaje a través de redes sociales, entrevistas y otras emisiones) señala que los jóvenes son responsables principales de la segunda ola de contagios, y de inmediato el gobernador de la provincia de Buenos Aires (y presunto socio político del mandatario) afirma que los jóvenes nada tienen que ver. Decía Bateson que los mensajes dejan de serlo cuando nadie puede leerlos. Es decir, cuando se hacen ininteligibles. En todas las áreas los mensajes y el comportamiento del Gobierno, de sus miembros y sus aliados contribuyen cada día a confirmar la teoría del doble vínculo, empezando por el contraste entre presidencia y vicepresidencia. Un cargo formal y otro ejecutivo, solo que está trastocado el orden y no se sabe si hay piloto, si está en su puesto o si el avión, que vuela en la tormenta y sin hoja de ruta, es comandado desde la torre de control. ¿Puede una sociedad entera caer en la esquizofrenia como producto de esta doble vinculación permanente? Lo que de hecho ocurre es que, mientras sus miembros intentan aferrarse a alguna certeza, la sociedad se agrieta cada día más profundamente. Esquizofrenia social.

(*) Escritor y periodista

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