sábado, 25 de abril de 2020

La casa en peligro

Por Liliana Bellone (*)
¿Qué ha ocurrido en el mundo, en la llamada “aldea global” durante este tiempo en el cual un virus (veneno en latín) ha hecho su irrupción?

Países pequeños y grandes, poderosos y menos poderosos, asisten a una catástrofe planetaria, a una guerra inimaginable pues se expande con la velocidad de las comunicaciones y las redes cibernéticas, una pandemia que ataca desde la invisibilidad de los espacios remotos de la materia para mostrar nuestras limitaciones humanas.

Los antiguos griegos denominaban a la casa junto a todos sus habitantes y objetos, como el oikos, el lugar de la familia, de lo cotidiano, el lugar del amor y el remedio. De esa raíz griega provienen ecología o el estudio de la casa, del hogar (la tierra) y economía (las normas o reglas del hogar). En Roma, el ámbito de lo privado era un equivalente al oikos, el domus (de allí lo doméstico, lo sereno, seguro, inofensivo), el hogar, con su fuego y su alimento, sus dioses y jerarquías. Cuando esa domesticidad serena y familiar se quiebra, surge lo siniestro, como en el cuento “Circe” de Cortázar, donde en la amable sala, el protagonista advierte la conducta perversa de su novia.

La ecología y la economía son en estos momentos interpeladas, pues el planeta muestra su lado siniestro (para Freud lo siniestro es unheimlich que en alemán es el antónimo de heimlich que es lo doméstico, lo familiar). La casa, el oikos se torna turbador, como en esos cuentos donde la morada, el territorio querido y a veces heredado de los mayores, deja de ser el hospitalario techo para convertirse en un espacio aterrador como ocurre en los cuentos “Casa tomada” de Julio Cortázar o “La caída de la Casa Usher” de Edgar Allan Poe.

La casa se ha resquebrajado como en el cuento de Poe, su grieta atraviesa las grandes urbes, las ciudades medianas y también pequeñas, los barrios, los caseríos, atraviesa toda la actividad humana y se extiende por los muros y aun debajo de ellos. La destrucción se constata día tras día y también la presencia de una invasión silenciosa e invisible como en “Casa tomada” de Cortázar, una invasión que provoca la huida y el abandono. La casa del mundo ha sido sacudida no por terremotos ni huracanes (también avisos y manifestaciones de un desequilibrio) sino por algo mucho más perturbador, un virus, una metamorfosis de algo sin explicación, de algo que es lo real, eso que nadie puede poner en palabras y que tiene que ver con la mortalidad, eso que los poetas y los artistas siempre atisbaron y narraron.

El oikos se “ha rebelado” y “ha revelado” algo de lo que la sociedad actual no quiere saber: los límites del poder y de la ambición que en esta fase descarnada del capitalismo ha llevado a una creciente deshumanización.

Sin duda la ciencia se sitúa ante esta situación como la única posibilidad que puede explicar y salvar ese real, ese vacío que abre sus fauces y connota peligro, dolor y muerte. Y los médicos y personal de salud son los héroes de una epopeya mítica, contra gigantes microscópicos.

La literatura es pródiga en ejemplos que tratan la cuestión de la peste como un elemento que muestra la finitud y la fragilidad humanas. Desde el mito, encaminado en las tragedias de Esquilo y Sófocles, El Decamerón, y La peste de Camus, pasando por La muerte en Venecia de Thomas Mann y la narrativa de Gabriel García Márquez, donde es recurrente el tema de las epidemias tropicales y maravillosas como la peste del insomnio, y en especial El amor en los tiempos del cólera, esa novela extraordinaria por el conocimiento de la condición humana, las relaciones entre los hombres y las mujeres y el amor. En este punto, recordamos a Jorge Manrique y sus coplas:

Nuestras vidas son los ríos/Que van a dar en la mar,/Que es el morir/Allí van los señoríos/Derechos a se acabar/Y consumir;/Allí los ríos caudales,/Allí los otros medianos/Y más chicos,/allegados son iguales/Los que viven por sus manos/Y los ricos.

Desde este poema de la sabiduría, advertimos que los poderosos de un mundo de vidrio y ordenadores, intentan reducir a toda la humanidad a una servidumbre robotizada y amorfa, cuyo único fin sería la producción. Sin embargo no cuentan con una cosa: el imprevisto universal, eso que muestra la endeble y finita condición mortal.

Nota de Agensur.info: Este 24 de abril de 2020, Liliana Bellone obtuvo el VI Premio Internacional de Narrativa “Novelas Ejemplares”- Facultad de Letras, en homenaje a Miguel de Cervantes (Madrid - España) por El libro de Leticia (Novela de Capri).

(*) Liliana Bellone: Salta, Argentina. Ha publicado numerosos libros de poesía, novela, cuento y teatro. Es graduada en Letras. Entre sus novelas figuran: Augustus, Premio Casa de las Américas de Cuba, 1993, editado ese año por la Casa de las Américas, La Habana, Fragmentos de siglo (1999), Las viñas del amor (1999), Eva Perón, alumna de Nervo (2010) y Puccini. La biografía americana, editado por Verbum de Madrid en 2019. La Editorial Oèdipus, Salerno-Milán, tradujo y editó tres novelas suyas con los títulos de Eva Perón allieva di Nervo (2014), Frammenti di un secolo (2016) y Sulle tracce di Elena (2018), textos que fueron presentados en universidades y centros culturales de Italia. 

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