martes, 1 de octubre de 2019

De Alicia a Greta

Por Carlos Gabetta (*)
En el marco de las Tertulias que organiza la Asociación Cristiana de Jóvenes, participé esta semana de un homenaje a Alicia Moreau de Justo. Dos días antes, Greta Thunberg, de 16 años, había pronunciado su ya histórico discurso sobre el cambio climático ante la Asamblea General de la ONU.

Rememorando la precocidad de Alicia, sus variadas e incontables luchas, estudios y logros hasta sus cien años de edad acompañando a Madres de Plaza de Mayo o sumada a manifestaciones feministas, es interesante relacionar a estas dos mujeres extraordinarias y comparar las épocas en que vivieron.

Sueca como es; criada y educada en Escandinavia, la región más moderna y civilizada del planeta, Greta da por sentado que entre los y las jóvenes que la siguen la igualdad de género es un hecho. Su liderazgo espontáneo, nunca ni por nadie cuestionado, es la prueba. Y lo ejerce con toda naturalidad, sin subrayar ni poner por delante su sexo, porque sabe, siente, que ese derecho viene con ella y con todas las que la siguen.

Su lucha arranca así desde un nivel superior de conquistas reales del de Alicia, pero por ahora se limita a la denuncia; la política sigue en segundo plano, o va de suyo. Alicia, en su tiempo, se vio obligada a predicar y ejercer el feminismo en paralelo con sus luchas políticas, sociales, científicas, filosóficas. Mujeres como ella eran entonces una excepción; sus iniciativas, discursos, publicaciones, cuestionamientos, logros y prestigio eran rechazados de entrada por la mayoría de los hombres y muchas mujeres y acababa por incomodar incluso a algunos hombres progresistas y hasta revolucionarios. Algo que aún hoy subsiste, como viene comprobándolo la propia Greta, que hasta ahora se ha limitado a dar respuestas puntuales a las agresiones sexistas, insistiendo en referirse a su lucha: el clima. No está, como Alicia, casi sola; la acompañan millones de mujeres y hombres, al cabo de la explosión feminista de los años 60 y 70, de la que Alicia alcanzó a participar.

Greta afronta así ese problema desde otro lugar, aunque pronto se topará con la misma complejidad de luchas que Alicia.

Sus acusaciones a los business y a la dirigencia mundial; sus clarísimos y documentados argumentos; su “nos han traicionado”; su “no va más” y la repercusión mundial de su imagen de casi niña argumentando en perfecto inglés y por momentos improvisando apasionada, la transformaron en potencial líder política.

Ese será su destino, a menos que decida abandonar la lucha, o que no se muestre a la altura. Por algo Alicia, obligada desde el principio a la política, era además científica, investigadora. Pero hoy son muchas. El éxito de Greta entre los jóvenes no solo en la calle, sino también en las redes sociales y medios de comunicación; su creciente estatura de líder mundial nada menos que entre los protagonistas del futuro inmediato, la conducen a un sitial de obligaciones y responsabilidades políticas.

Ya concretada la denuncia y difundido el mensaje en todo el mundo y al más alto nivel, ¿qué propondrán los ambientalistas para concretar el “no va más” ante el cambio climático? No habrá otro remedio que elaborar propuestas concretas de radicales modificaciones del modo de producción y de consumo mundiales, lo que afectará poderosos intereses, incluyendo los de la delincuencia organizada y sus relaciones con la política. Y la violencia: en México y Brasil, por ejemplo, las agresiones y asesinatos de ambientalistas se multiplican. Se trata de una revolución, más allá del color político que asuma.

Y en esto tornan a conectarse Alicia y Greta, con el hilo conductor de personajes como Severn Cullis-Suxiki, la activista canadiense que en 1992, a sus 12 años (!), dijo las mismas cosas en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro.

Mujeres de vanguardia como Alicia abonaron el terreno que hoy pisan millones de mujeres y cada vez más líderes mujeres.

(*) Periodista y escritor

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