martes, 4 de diciembre de 2018

El reposicionamiento de Macri tras el G20


Por Fernando Laborda

Muchos se preguntaban apenas una semana atrás qué podía esperarse del G20 en Buenos Aires tras el caos y los violentos incidentes que habían signado un año antes la cumbre realizada en Hamburgo. Y muchos más se interrogaban si un país cuyas fronteras han sido caracterizadas como un colador para el terrorismo internacional y que ni siquiera puede organizar un clásico entre River y Boca sin hinchas visitantes podía estar en condiciones de garantizar la seguridad durante un encuentro con más de 20 jefes de Estado de todo el mundo.

Hoy la respuesta es conocida. Se logró el objetivo. Que la cumbre del G20 se desarrollara y concluyera en paz ya constituyó un éxito no menor para el gobierno de Mauricio Macri . Que, además, el Presidente se comportara como un buen anfitrión y exhibiera junto a su equipo de colaboradores particular habilidad para conducir la reunión y acordar un documento conjunto, y generar para la Argentina oportunidades de inversiones extranjeras por unos 6500 millones de dólares en los encuentros bilaterales, significa un plus que tampoco es menor.

Pero lo más destacable es quizás la capacidad para mostrarle al mundo que los argentinos hemos cambiado. Cristina Kirchner asistió a varias cumbres del G20, pero utilizó este espacio como un escenario para lanzar críticas al capitalismo global, profundizando el aislamiento argentino; a no ser por su acercamiento a China, que se convirtió en una importante fuente de financiamiento a cambio de negocios que no siempre se caracterizaron por la transparencia. Macri le dio otro uso al G20 y trató de extraerle el mayor jugo posible a su presidencia temporaria, apuntando a reposicionar a la Argentina en el mundo.

Y en ese reposicionamiento quedó claro que para Macri la Argentina no está en condiciones de pelearse con nadie. Requiere tanto de la ayuda de Donald Trump, cuyo apoyo político ha sido en su momento decisivo para cerrar el acuerdo con el FMI , como de los chinos, para incrementar y diversificar sus exportaciones agroindustriales a ese megamercado asiático y también conseguir financiamiento adicional para inversiones en infraestructura.

Se ha dicho con razón que Macri se siente más cómodo dialogando con los principales líderes mundiales que negociando con empresarios, sindicalistas y dirigentes de la oposición locales. De allí que enfatice el apoyo que sus políticas logran entre mandatarios extranjeros, que no se canse de repetir que "diecinueve jefes de Estado nos han dicho que estamos haciendo las cosas bien" y que busque poner la política exterior en el centro de su gestión.

El primer mandatario argentino aprovechó una gran oportunidad para revalidar su autoridad y exhibir una cualidad que venía en deterioro, como su capacidad de liderazgo, para organizar bien algo que parecía mucho más complejo que una final entre River y Boca . El interrogante que hoy se formulan todos los analistas es cuánto podrá capitalizar políticamente el Presidente el éxito de la reciente cumbre de Buenos Aires.
Es cierto que al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la eficiente organización de los Juegos Olímpicos de la Juventud le reportó una mejora en su imagen positiva de nueve puntos, según datos del consultor Alejandro Catterberg, de Poliarquía. No es tan sencillo imaginar que las repercusiones de la cumbre del G20 representen algo similar para el presidente de los argentinos.

En la Casa Rosada, en medio de un especial cuidado por evitar pronósticos, luego de los variados yerros de los últimos tiempos en materia económica, se espera que el final del G20 coincida con el inicio de un clima más amable hacia el Presidente. Pero en un país donde los asuntos internacionales no preocupan a la mayoría de los ciudadanos, Macri tendrá que evitar la instalación de un peligroso debate por parte de la oposición y que se termine creyendo que es mejor canciller que presidente.

© La Nación

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