domingo, 8 de abril de 2018

El plan del ‘peronismo sin prontuario’

Por Gustavo González
La ciencia ya lo hizo posible: cuando una persona muere su cerebro se puede digitalizar y luego esa memoria se implanta en un nuevo cuerpo, al que llaman “funda”. El resultado es que el ser se mantiene inalterable, pero con una apariencia distinta. El proceso se repite cada vez que haga falta.

Es el argumento de Altered Carbon, la serie de Netflix que transcurre en un futuro dentro de 300 años.

Sus creadores quisieron emular al Blade Runner de Ridley Scott, pero parece que estuvieran hablando del peronismo. Porque esto es lo que lograron Perón y los peronistas que lo sucedieron: cambiar de “funda” ante el final de cada etapa para renacer con la conciencia inalterable dentro de una apariencia distinta. Así se hicieron nacionalistas, desarrollistas, socialistas uso nostro, liberales y neokeynesianos. Usaron todas las fundas que pudieron para ser distintos por fuera e iguales por dentro. Iguales en función de conservar el chip de haberse constituido históricamente como el partido del poder en la Argentina. Capaz de cambiar todo, menos su pragmatismo para subsistir.

En eso están. Buscando la funda que mejor le sienta para parecer otros.

El factor CFK. Desde hace dos meses comenzaron los primeros ejercicios preparatorios. Apenas diálogo y reconocimiento de daños entre peronistas. Pero en todos aparecía la duda de qué hacer con Cristina Kirchner.

Los K decían que por ella no se preocuparan, que “hará o dejará de hacer según lo que le sirva al pueblo”. Los anti K al principio se enojaban porque decían que les tomaban el pelo. Después solo se reían. Ahora están convencidos de que ella competirá el próximo año, de una u otra forma. Uno de los principales armadores de este sector lo explica: “Va a competir aunque hoy pueda decir lo contrario, pero sobre todo va a competir porque, aun sin presentarse, su fantasma estará rondando. Por eso, los peronistas debemos estar muy lejos de ella y de lo que representa, que es adonde nos querrá pegar el Gobierno”.

Dos meses después de los primeros diálogos, todo indica que no habrá acuerdo y volverá a haber dos peronismos en las próximas elecciones:

1) El de una Unidad Ciudadana nacional, el sello por el que Cristina fue electa senadora, en torno al cual se intentará armar una alianza con peronistas sin cabida en el otro sector, agrupaciones de las llamadas progresistas o de centroizquierda, y sindicalistas de la CTA más el clan Moyano. El cristinismo fantasea con que su jefa vuelva a presentarse, pero por las dudas tiene un reemplazo: Agustín Rossi. Enfrente aparece Alberto Rodríguez Saá, que afirma que si no es Cristina será él.

2) Es el grupo de los autodenominados Peronistas Sin Prontuario (PSP). Son los que se ven como la mejor expresión de la serie de Netflix porque creen que, para volver al poder, el peronismo necesita una nueva funda que haga olvidar que también eran peronistas los que permanecieron 12 años en la Rosada. Este sector tiene dos candidatos firmes. Uno es Massa, que lleva como mochila el haber sido funcionario de Néstor y jefe de Gabinete de Cristina. El otro es Urtubey, más alejado de los K y más cómodo en eso de mostrarse como lo nuevo. También está Randazzo, otro ex ministro K.

Neohumanismo. Los PSP se reunieron el viernes en Gualeguaychú, como respuesta al encuentro K de San Luis, hace tres semanas. Ahora, el massismo y el Peronismo Federal, de la mano de Pichetto, decidieron ir juntos.

Así como al macrismo le siguen siendo funcionales fotos como las de San Luis con los viejos jerarcas K más Hugo Moyano, presta atención al surgimiento de un peronismo rejuvenecido, no K, capaz de copiarle los tips mercadológicos de la posmodernidad y de presentarse como su contracara.

Estos peronistas reciclados admiran y desprecian por igual el método duranbarbista. Sostienen que deben aprender de él acerca del seguimiento estadístico de las demandas del votante y de la “puesta en escena” de las campañas. Les parece correcto (juran que en sus provincias lo aplican) racionalizar y transparentar la gestión pública. Y dicen que la sociedad privilegiará un antipopulismo, pero con un costado humanista que “sea sensible a los problemas sociales que puede generar la búsqueda de la eficiencia”.

Massa y Urtubey creen que el Gobierno está preocupado. Y que eso llevó a Macri a reunirse en las últimas horas con cinco gobernadores, tres de ellos peronistas, incluyendo a Bordet, el entrerriano anfitrión del encuentro peronista del viernes, que debió participar por teléfono porque estaba con Macri en un acto en el Chaco. Este peronista compite con el kirchnerismo en su provincia y, como Uñac de San Juan y Bertone de Tierra del Fuego, cree que Urtubey es el mejor candidato para 2019. Es crítico de Cambiemos, pero sabe que llevarse bien es mejor para su provincia que llevarse mal. A otros gobernadores opositores les pasa lo mismo.

En el macrismo apuestan a que estos gobernadores no unifiquen fecha de elecciones provinciales y nacionales. Si lo hicieran, fortalecerían no solo al candidato local sino al presidencial. Desdoblando comicios, en cambio, privilegiarían –espera el Gobierno– su propio futuro por sobre el del candidato del peronismo nacional. Fortalecer el contacto con esos gobernadores es, también, incitarlos a velar primero por los intereses de sus provincias.

Método vs. método. Estos peronistas que se muestran como la opción superadora del kirchnerismo y el macrismo, afirman que ahora tienen posibilidades de que uno de ellos llegue a la Rosada el próximo año. Uno de los gobernadores explica que el escenario de peronismo dividido que fue tan funcional al triunfo de Cambiemos, ahora puede ayudar al peronismo aggiornado: “Pensamos que otra vez habrá una elección con tres candidatos fuertes: Macri, uno kirchnerista y uno de los nuestros. Puede ser que en la primera vuelta gane el oficialismo, pero si esta vez quien pase al ballottage es un peronista sin prontuario, podremos ganar con los votos de aquellos kirchneristas, independientes críticos y de la izquierda, que jamás votarían a Macri en una segunda vuelta”.

Para ilusionarse, muestran una encuesta de la consultora Synopsis, una de las que más acertó en las elecciones del año pasado. En un escenario de ballottage entre Macri y Massa, ganaría el Presidente por 42 a 32 puntos, pero con un porcentaje de indecisos que se eleva al 25%. El otro escenario que muestran es entre Macri y Urtubey. Allí, los 10 puntos de diferencia entre uno y otro se reducen a 8,7; mientras que los indecisos suben a más del 31%.

Es en ese alto porcentaje de indecisos en ambos escenarios, sobre el que  trabajan, suponiendo que encontrarán una mayoría crítica de la actual gestión. “Es cierto que será muy importante la situación económica con la que se llegue a la elección –explica uno de los mayores armadores del sector–, si la inflación sigue alta y la economía no termina de derramar, tenemos altas posibilidades de ganar”.

El peronismo es el partido que más años conservó el poder en la Argentina y quien más rápido regresa después de perderlo. En esa metamorfosis eterna de cambiar para seguir siendo igual, están trabajando sus expertos.

Uno de ellos es el español Antonio Sola, que contrató Urtubey y que ya trabajó con Massa. Respeta a su contraparte, Jaime Duran Barba (quien también lo conoce y lo considera “muy de derecha, un paso más a la derecha y se cae”). Comparte con el cerebro del PRO su visión sobre la crisis de los partidos tradicionales, pero no el uso que hace de las redes sociales.

Como nunca antes, hoy el peronismo debe lidiar con una situación atípica. Porque ahora sus expertos enfrentan a otros expertos que desarrollaron un producto de laboratorio que aprendió mucho de ellos, horadó su base social y pretende quedarse en el poder por un largo tiempo.

© Perfil.com

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