viernes, 29 de septiembre de 2017

Una nueva hegemonía

En el gobierno esperan un triunfo que los ubique en 
los 40 puntos a nivel país.

Por Ignacio Fidanza
La Argentina siempre tan afecta a las desmesuras, ahora empieza a metabolizar en su sistema político una convicción: Macri está iniciando una nueva hegemonía que incluye su reelección y acaso una continuidad posterior con uno de los tres integrantes de su mesa política más gravitante.

Las encuestas que Durán Barba suministra a la Casa Rosada indican que Cambiemos se estaría imponiendo a nivel nacional por cuatro a cinco puntos más de los que sacó en las primarias, lo que lo ubicaría en torno al 40 por ciento.

Con un escenario similar en provincia, con la posibilidad de una Cristina Kirchner perdiendo, en lugar de sumar votos. Pero esa es la foto hoy de un proceso de corrimiento en curso.

"Si esta tendencia se acentúa podríamos terminar sumando hasta ocho puntos o incluso más a nivel país", afirmó a LPO un agudo dirigente macrista al tanto de los últimos números, que anticipa el vértigo de lo que viene: "Si se consolida ese resultado van a estar imbancables".

Imbancable es el argot porteño que anticipa los efectos más inmediatos sobre el ciudadano, de una situación de hegemonía política. Una realidad transitoria que se puede extender durante años y en contadas experiencias históricas por décadas -el PRI mexicano-, que el macrismo empieza a otear en el horizonte.

La acumulación de recuperación económica, triunfo electoral y fractura peronista, permite a Macri soñar con el inicio de un nuevo ciclo dominante en la política argentina. Un país en el que los consensos de "sentido común" se reemplazan con una facilidad desconcertante. El mismo hombre que "no entendía nada", ahora es un político vivísimo, que sabe manejar el poder como pocos.

La parábola instantánea del Pata Medina que pasó de sitiar las calles de La Plata a entregarse sin tirar ni una piedra apenas unas horas después, es leída como un dato definitivo de ese redescubrimiento del ahora excelso manejo del poder de Macri.

Como suele suceder, en un ciclo que revela la estructura pre republicana que sigue predominando en la Argentina, empresarios, periodistas, políticos y sindicalistas, sienten correr el frío por la espalda y se apresuran a destacar las virtudes del nuevo jefe, no sea cosa que los ponga en la mira. Misma desmesura que vivieron Menem, Kirchner y por un tiempo Cristina, hasta que decidió la extravagancia de ubicarse en la oposición, desde el poder.

Como toda hegemonía que se inicia, el proceso nace con la semilla de su destrucción, que en nuestro país suele cruzar dos elementos: La pelea por la sucesión y la voracidad que despierta saberse poderoso al punto de rozar una impunidad, que se cree eterna.

Las fintas florentinas que bajo la mesa cruzan Larreta, Marcos Peña y Vidal, son tan elocuentes como la desembozada expansión de "Nicky" Caputo sobre sectores claves como energía, construcción, finanzas y medios. Luego de una penitencia de dos años, el mejor amigo del presidente parece haber llegado a la conclusión que ya no hay moros en el horizonte.

Lo interesante del experimento macrista es que tiene en su núcleo un factor inestable: Lilita Carrió. La diputada entró en una fase de docilidad política que contradice su historia. En el PRO sostienen que es el otoño de la alguna vez volcánica mujer que durante décadas sacudió desde sus cimientos el sistema político, el preludio de una jubilación cercana. En los próximos meses se verá si es un dato más que consolida la ya proverbial "suerte" de Macri o apenas otra muestra de wishful thinking.

© LPO

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