sábado, 4 de marzo de 2017

EMPRESARIOS Y GOBIERNO / Modus operandi

Hombres de negocios repiten formas de vincularse con 
el Estado, aquí y en el exterior. El caso Macri.

Por Roberto García
Para una novela de intriga. Argumento: descubrir el motivo que preside la costumbre de ciertos empresarios, con un mismo tipo de negocios, prácticas e intereses en su relación con el Estado, que decidieron incursionar fuera de sus rubros y comprar bancos. O un banco para dedicación exclusiva de ellos. Excusas: ambición expansiva, captura de nuevos mercados, reducción de costos y razones varias que escapan a la fertilidad imaginativa del ciudadano. 

Incurrieron en esa novedad singular la cuestionada empresa brasileña Odebrecht, luego el no menos controversial grupo argentino de Cristóbal Lopez y, a fin del año pasado, el comprometido emporio Calcaterra familiarmente ligado a los Macri. Sorprenden esas coincidencias de personajes distintos para cualquier neófito, pero de ideario crematístico común, estimulan la vocación novelesca. Como se sabe, en su momento Odebrecht –cuyos secretos sobre coimas pagadas en la Argentina comenzarán a revelarse en l5 días y ya reposan en el inquieto escritorio de Mauricio Macri– decidió adquirir una entidad que le facilitara salir de las trabas que le imponían otros colegas del circuito financiero, sea por los volúmenes de dinero que circulaba, la calaña de los destinatarios, el origen de los fondos y otras inspiraciones fantasiosas del mercado. Así paso a su patrimonio Elianz, un banco austríaco con sede en Antigua y Bermuda. De este modo, el mayor contratista del Estado del Brasil, gigantesco prebendario de la obra publica y con geométrico crecimiento en tiempos de Lula, empezó a agilizar sus trámites administrativos y, de paso, canalizar mordidas características del subdesarrollo no solo en su tierra, también en Perú, Ecuador, Venezuela, Cuba (construyeron el puerto de La Habana), la Argentina y algunas naciones del África. Cultivaba en territorios nacionales y populares.

Réplica. Ese ejemplo de conducta empresaria aparece después en Buenos Aires, donde un grupo de vertiginoso y afortunado crecimiento, mas que afín al gobierno del matrimonio Kirchner, opta por la alternativa de quedarse con un banco que no parecía floreciente, el Finansur. Sin duda, el sureño Cristóbal Lopez perseguía optimizar la índole de sus negocios vinculados al juego y al Estado, un contratista que recibió denuncias por no cumplir con sus obligaciones impositivas (tema hoy derivado, para higiene de sus letrados, al fuero penal económico). No se limitó al kirchnerismo esta debilidad por irrumpir en el sector financiero, se propaga sin discriminación política más tarde. Ya en Cambiemos, y con asombrosa velocidad, se produce otra coincidencia bajo sospecha: Angelo Calcaterra, primo de Macri, exitoso proveedor y deudor del Estado, replicó las jugadas estratégicas de Odebrecht y López, consiguió la habilitación técnica para hacerse cargo de un banco con dudosa estabilidad, el Interfinanzas. Como se sabe, por medio de una ingeniería infrecuente, Calcaterra recibió el paquete accionario que pertenecía a su primo y familia, no fuera a pensarse entonces que el futuro mandatario se aprovechaba de su estatura política para beneficio de sus negocios. Dato adicional: tanto López como Calcaterra obtuvieron sin dificultades la aprobación del BCRA para su nueva actividad, bajo directorios diferentes pero aliados para satisfacer las necesidades del oficialismo de turno. No hubo ni un prurito de exteriorización ética por parte de este organismo, concedió el permiso como si se instalara una panadería.

Nota al pie para el lector interesado en la posible novela de intriga sobre enigmas pendientes: como ahora Calcaterra se desprendió de lo que poseía o representaba y transfirió el dominio de su próspera compañía Iecsa –más robusta y cotizada en estos meses por haber ganado ciertas licitaciones en envidiable rush–, falta saber si la operación incluye también al banco Finansur. No es lo único que por ahora se ignora: también resta conocer si el grupo adquirente, antes de óptima relación con el kirchnerismo, le ha reservado un lugar en la sociedad a quien fue su socio en Edenor, el magnate Joe Lewis, del cual hay abundante memoria porque además de lograr una condonación de deuda con el Estado suele acoger al mismo Macri en su estancia del Lago Escondido. Al margen de estos detalles, para el mandatario resulta un alivio que su primo Angelo haya salido en apariencia del negocio de la obra pública, lo libera –al menos en los papeles– de un conflicto de intereses.

Venía Macri golpeado por la delación del caso Odebrecht que involucró a su primo en pagos non sanctos por la obra del soterramiento del Sarmiento. Por lo tanto, además de la venta, supone que se descarga de complicaciones con la promesa de decreto en su último discurso que aparta al Poder Ejecutivo de negocios vinculados al poder. Optimismo impostado o una incontinencia más de sus abogados asesores, expertos en malos consejos, como aquel anuncio de que pondría todos sus bienes en un fideicomiso ciego cuando un escribano novel podría señalarle la dificultad de ese trámite.

Si bien las denuncias de Odebrecht conmoverán también al anterior gobierno K, su primo Calcaterra ha quedado afectado, venda o no sus acciones, salpicando al mandatario en la trama venal de los brasileños. Otro golpe a un dañado por el caso del Correo y el todavía incipiente escándalo de Avianca. Todo en menos de 20 días. No hay humano que aguante.

Menos cuando la alternativa al chubasco ha sido exponerse sin explicaciones satisfactorias ni procedimientos adecuados, errores en la medida de Aguad y en la vuelta atrás, sin siquiera señalar que el contrato debía tener una garantía para el caso de que la familia Macri no cumpliera el canon. Un agujero negro: si hasta para la compra de un Fonavi se exige una escritura como aval.

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