viernes, 24 de febrero de 2017

Estafas

Por Fernando Savater
La policía desmanteló en una localidad gerundense un taller donde se falsificaban Ferraris y Lamborghinis a partir de coches más modestos. En estos tiempos no me parece un delito demasiado grave: ¡ni siquiera original! ¿No es lo mismo, mutatis mutandis, que hacen los partidos políticos en sus congresos? Se coge un viejo partido conservador, falsamente piadoso y sinceramente clerical, corrupto de arriba abajo, y se le pone una carrocería importada de Cupertino, pavonada con declamaciones de integridad acrisolada, y ya tenemos un deportivo político de alta gama. 

O se pilla un centón de grupúsculos aficionados al cantonalismo incordiante y al retromarxismo demagógico (hoy “populista”), se cubre con un chasis telegénico modelo Gran Timonel y se le dota no de un nuevo cambio de marchas sino de marchas para el cambio: ya tenemos un bólido revolucionario para entusiasmo de neófitos y jubilados. El cabecilla de los tunos tuneadores se exculpa diciendo que los compradores sabían lo que compraban pero querían fardar. Igual ocurre en política. ¿Quién no sabe que aquellos no quieren acabar con la corrupción, sino disimularla hasta que sea olvidada y puedan volver a empezar?¿No sobran evidencias históricas de que el comunismo gobernante solo ha traído miseria carcelaria y ejecuciones, sin excepción? Pero ellos a fardar de partidos de alta gama...

Junto al taller de los falsificadores, la policía encontró también instalaciones para el cultivo de marihuana. ¡Excelente complemento! Para disfrutar plenamente del viaje en un ultradeportivo ful hay que colocarse un poco: así creeremos ir rumbo a la Europa sin déficit ni inmigrantes, o hacia la revolución anticasta, tan radical como la guillotina y tan amorosa como un día de San Valentín (tipo Botines Colombo). Bien fumaos y a toda pastilla en un Ferrari falsificado: ¡Vistalegre II!

© El País (España)

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