viernes, 14 de octubre de 2016

Las matemáticas y la mujer / 340 años de prejuicios

Sophie Germain (Monsieur Le Blanc): la lucha contra el prejuicio a través
de la nobleza, el coraje y la sabiduría.
Por  Juan Carlos Pedraza

Que en plena Revolución Francesa una mujer se hiciera pasar por un hombre para poder estudiar matemáticas, puede ser una buena idea para una novela o un guión de cine, aunque poco novedosa: Aquiles pasó por doncella para zafar de la guerra y Barbra Streisand se disfrazó de hombre para estudiar el Talmud en la película Yentl.

Pero no es cuento.

En 1776, mientras los Estados Unidos declaraban su independencia, se creaba el Virreinato del Río de la Plata y Francia gestaba una de las revoluciones cruciales de la historia, nacía en París una niña a la que el matrimonio Germain llamó Sophie. Pronto mostró su interés por la matemática. Dicen sus biógrafos que lo que definió su vocación fue la historia de Arquímedes, asesinado en Siracusa (en la actual Sicilia) por un soldado romano por no querer abandonar el problema en el que estaba pensando.

Su interés por la matemática preocupó a su padre que intentó persuadirla de que abandonara esos hábitos “poco femeninos”.

En 1794 se creó la Escuela Politécnica en París: un lugar ideal para que Sophie desarrollara su talento. Pero era solo para hombres. Tal vez piense como lo hice yo, que la Revolución subsanó esta ignominia rápidamente... La prohibición perduró hasta 1972.

Sophie no se desanimó. Asumió la identidad de Monsieur Le Blanc un alumno que había abandonado Paris sin comunicárselo a la Escuela. Ésta continuó imprimiendo para Le Blanc problemas que Sophie recibía y entregaba resueltos bajo esa falsa identidad. Todo fue de maravillas durante un tiempo hasta que el profesor del curso tomó nota de las ingeniosas respuestas de Le Blanc. Lo citó y Sophie tuvo que revelar su verdadera identidad. El profesor era Joseph Lagrange, uno de los grandes del siglo XVIII, que quedó encantado con la joven matemática.

Este punto es crucial en esta historia porque marca la presencia del maestro en la detección de talentos. Decía Luis Santaló que detectar y estimular los talentos matemáticos (sean del sexo que sean me permito agregar) es tarea fundamental de la escuela.

Sophie se dedicó a un problema famoso: el último Teorema de Fermat, formulado en 1637 y resuelto en 1995 después de 358 años de creación matemática alrededor del mismo. Sophie fue un eslabón importante de esa creación.

Cuando todavía era Le Blanc, se carteaba con Gauss (el Príncipe de las Matemáticas). Gauss supo la verdadera identidad de Le Blanc y escribió:

"Cuando una mujer, debido a nuestras costumbres y prejuicios, encuentra obstáculos infinitamente mayores que los hombres y sin embargo supera estas trabas, entonces tiene el más noble coraje, un talento extraordinario y un genio superior".

En 1806 Napoleón invadió Prusia, patria de Gauss. Sophie temió que la historia de Arquímedes se repitiera con el matemático alemán. Usó su amistad con el general francés a cargo de la invasión para que la vida de Gauss fuera protegida. Con este gesto realizó una contribución inestimable a la humanidad.

Por sus aportes a la teoría de la elasticidad recibió un premio de la Academia de Ciencias de Francia aunque nunca fue admitida como miembro por ser mujer.

Cuando la Torre Eiffel fue erigida en 1889 los ingenieros tuvieron que prestar atención a la elasticidad de los materiales utilizados. En sus frisos se leen los nombres de 72 sabios franceses: todos varones. No figura Sophie Germain, que tanto contribuyó para que el emblema de Paris siga de pie.

Murió a los 55 años. Su certificado de defunción reza: mujer soltera sin profesión y sintetiza lo que la sociedad pensaba de una mujer dedicada a la ciencia.

Pensé aliviado que estas cosas pasaban hace 340 años. Busqué datos del Conicet y encontré que mientras en la base de la carrera de Investigador (Asistente) las mujeres son el 58%, en la categoría máxima (Investigador Superior) son solo el 25%. Estos datos son del 2014 y es justo decir que son mejores que los de años anteriores. En matemáticas, hubo que esperar hasta 2011 para que se nombrara a la primera mujer en el cargo de Investigadora Superior.

Pareciera que tenemos un problema que tiene más años que los más complejos de la matemática. Vuelvo a citar al maestro Santaló:

"Desconocer el lenguaje a que aspiran las ciencias y usan las técnicas, es encerrarse en una manera de analfabetismo que un país civilizado no puede tolerar. Aquí el precio de la incuria es la dependencia, la pérdida de soberanía".

© El Cronista

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