martes, 5 de enero de 2016

Cloacas

Por Román Lejtman
La Policía de la Provincia de Buenos Aires encubre a una red de asociaciones ilícitas que manejan la prostitución, el narcotráfico, la trata de personas, los secuestros extorsivos, el cobro de coimas, la connivencia dolosa con los delincuentes de cada barrio, la protección mafiosa a los comerciantes locales y hasta el alquiler ilícito de los bienes públicos entregados para servir a la sociedad. Se trata de un negocio multimillonario, consentido por cierta clase política, que la democracia heredó de la dictadura y que jamás fue combatido para lograr su absoluto desmantelamiento.

Durante décadas, policías corruptos y delincuentes acordaron reglas de juego que se respetaban a sangre y fuego. Y si había una caso que rompía la ley de la Omerta y ocupaba a los periodistas de los medios nacionales, el sistema delictivo sacrificaba a sus peones para que nada perjudicara los beneficios de un negocio ilegal que creció en términos geométricos durante los últimos ocho años.

Los tres prófugos de la Efedrina permitieron exhibir la fortaleza de la maquinaria corrupta que asola en todas las calles de la Provincia de Buenos Aires. La Maldita Policía se conjuró para demostrar a la gobernadora María Eugenia Vidal que su poder es casi hegemónico y que resistirá a los cambios que se prometieron durante la campaña electoral. Desde hace más de una semana, esa maquinaria corrupta simula la persecución de los tres delincuentes que integraron una banda de narcos que escaló atado a ciertas decisiones ocurridas en la presidencia de Cristina Kirchner.

Vidal tiene que demostrar que su voluntad política está intacta y forzar una purga policial que desemboque en la captura de los narcos que escaparon con ayuda del aparato penitenciario. Si la gobernadora no vacía la cloaca, su gobernación será una anécdota en la oscura historia de la provincia de Buenos Aires. No tiene mucho tiempo y debe cambiar a sus ocasionales aliados políticos. El viejo peronismo está involucrado y simula una ayuda que esconde su futura traición.

Mauricio Macri apoyó a Vidal, pero cometió un error táctico. El presidente sólo hizo referencia al narcotráfico cuando se refirió a los prófugos de la Efedrina, y no aludió a la profunda corrupción que maneja importantes resortes de la policía bonaerense. La gobernadora aún no capturó a los tres asesinos por la solapada decisión de oficiales y suboficiales de la bonaerense, que optaron por proteger a los delincuentes pese las órdenes directas de las autoridades civiles.

Si sólo se denuncia al narcotráfico, la corrupción policial se mimetiza con los carteles de la droga que operan con complacencia de las fuerzas de seguridad. El narcotráfico corrompe a la policía bonaerense, pero también pagan los dueños de los prostíbulos, del juego clandestino, del robo a mano armada en las rutas, de la protección mafiosa a los comerciantes y de los contratos públicos que benefician a determinados contratistas del estado provincial. La corrupción es tan profunda y tan poderosa, que los beneficios del narco es una parte de los millones que se reparten de arriba hacia abajo en la pirámide de la Maldita Policía.

Macri y Vidal deben iniciar una reforma rápida y profunda. Vaciar la cloaca y demostrar que la red de negocios ilegales ya tiene fecha de caducidad. Si lo hacen con certeza y eficacia política, los tres delincuentes serán detenidos. Si pierden tiempo, o creen que el peronismo será de la partida, Martín Lanatta, su hermano Cristian y Víctor Schillaci se entregaran cuando ya no tengan nada que perder.

Y la calesita seguirá girando con la misma música.

© El Cronista

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