viernes, 18 de septiembre de 2015

Kicillof se va como el ministro devaluador, negador y machista

Por Ana Gerschenson
Como Domingo Cavallo durante el menemismo, Axel Kicillof dejará su sello personal en la historia argentina cuando el 10 de diciembre abandone el ministerio de Economía. Se irá como el ministro devaluador de los últimos 12 años, negador de los números de la pobreza en sus dos años de gestión, contradictorio y machista en sus declaraciones a la hora de defender decisiones de su ministerio.

El funcionario preferido de la Presidenta asumió en noviembre de 2013 la titularidad de Economía con índices oficiales mejores a los que va a dejarle de herencia a su sucesor.

A saber: para el Indec, intervenido desde 2007, la inflación del 2013 fue del 10,9%. Hoy, según el último dato oficial difundido la semana pasada, el 2015 refleja una inflación interanual del 14,7%.

El día de su asunción, el Banco Central tenía reservas por u$s 31.900 millones -sin la ayuda del swap chino-, el dólar oficial cotizaba $ 6,04 y el dólar blue $ 9,93. Dos años más tarde, Kicillof, a pesar de sus discursos grandilocuentes, no logró mejorar los índices económicos, incluso si se toma sólo los números intervenidos que son oficiales. Hoy el dólar cotiza a $ 9,41, y eso luego de su decisión de devaluar un 30% la moneda en enero de 2014, cuando llevó el dólar de $ 6 a 8, sin resultados concretos en términos de competitividad porque, una vez más, decidió activar su mecanismo negador y subestimó las consecuencias de la suba de precios descontrolada.

En términos de reservas, el BCRA hoy acumula reservas por u$s 33.150 millones, aunque su liquidez es controversial, ya que aproximadamente u$s 9000 millones están en realidad en yuanes y son prestados, a través de un mecanismo de swap, que tiene como fecha de vencimiento un año, renovable.

Tampoco lo benefician los números de crecimiento del PBI, que en 2013, fue del 4,3%, mientras que en 2015, según informó esta semana el propio ministro con extremo optimismo, sería del 2,3%. Dos puntos menos si se toman en cuenta sus pronósticos, y mucho menos si se considera el de la Cepal, que estimó que la Argentina crecerá un 0,7 % este año.

Pero quizás el sello más nítido de la era Kicillof sea la negación de la pobreza, su desaparición como flagelo, por lo menos en su imaginario. Justamente, el último informe oficial de pobreza en 2013, marcó que el 4,7% de los argentinos vivían en esa condición. Sin embargo, a medida de que la inflación se fue acelerando durante la gestión del ministro y el número de pobres aumentaba, Kicillof prefirió esconder el índice y dejar de informar el número de pobres como solución terminal del problema. "Cuántos pobres hay es una pregunta bastante complicada. Yo no tengo el número de pobres, me parece que es una medida bastante estigmatizante", contestó en declaraciones radiales sin que se le moviera un pelo de sus patillas.

Porque si un rasgo caracteriza a Kicillof es justamente su verborragia "canchera". Basta con repasar algunos de sus bloopers discursivos de los últimos tiempos. Dijo en una entrevista, para demostrar que el impuesto a las Ganancias no afecta a los trabajadores, que estaba dispuesto a mostrar el listado del millón de personas que pagan el impuesto, una medida que de concretarse incurriría en violación del secreto fiscal. "¡Era un chiste!", se rectificó el ministro al día siguiente.

También tuvo que salir a desmentir que tuviera en estudio la regulación de los alquileres, aunque había asegurado horas antes que sería "deseable regular el mercado de alquileres".

Frente a los micrófonos, amenazó con fundir uno de los grupos empresarios más importantes del país. "Hoy la chapa en Argentina está más cara que en el mundo. Eso podríamos decir que es un problema de competitividad y lo que habría que hacer es bajar el precio de la chapa y fundir al señor Paolo Rocca", presidente de Techint.

Por supuesto, su negación también pasa por el cepo al dólar, instrumentado por CFK en 2011. "No existe cepo porque importamos, giramos utilidades, pagamos vencimientos externos y le vendemos dólares a la gente que quiere".

A menos de tres meses de su ida, el ministro sigue sorprendiendo. Y es que a su impronta esta semana le agregó un rasgo ciertamente machista.

Fue el enojo que le generó la presentación de la diputada Victoria Donda ante la Justicia para que el ministerio de Economía revele los datos de pobreza. Kicillof le respondió con un "si quería salir en los diarios, que se ponga plumas". Una frase que quedará rebotando como aquel "andá a lavar los platos", que Domingo Cavallo le espetó a una socióloga que lo increpó por la suba del desempleo durante su gestión en los 90.

Definitivamente, Axel Kicillof se va como el Domingo Cavallo de Cristina Kirchner. Su paso como ministro de Economía de la Argentina también será especialmente recordado.

© 3D

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