jueves, 19 de febrero de 2015

Los nubarrones políticos frenan por ahora decisiones de compra

Por J. Valeriano Colque (*)
¿Cómo está hoy la economía? ¿Qué pasará con el consumo de las familias y, por ende, qué producirán las empresas para atender esa demanda? Luego de las intensas lluvias, ¿la buena cosecha ayudará? ¿Brasil se hunde? ¿Alcanzan los dólares hasta el final del mandato de Cristina Kirchner?

Las respuestas no son simples, pero cualquier diagnóstico queda ensombrecido por el fuerte impacto político y judicial que se abrió por la muerte del fiscal Alejandro Nisman, cuya denuncia salpica a la presidenta Cristina Kirchner.

Algunos analistas sostienen que quien gana es Axel Kicillof, ya que la economía está en un segundo plano pese a la grave situación que se traduce en las preguntas. Algunas posibles respuestas.

1. La economía. Cayó 2,6 % en 2014. Aún no están los datos de un enero movido en los grandes centros turísticos, para 2015, consideramos que a pesar de algunas mejoras características de un año electoral, la dinámica recesiva observada en 2014 se consolidará. Estamos estancados.

2. El consumo I. La demanda privada se contrajo 2,2 % en 2014, en el que, incluso, los actos de compra por mes se redujeron 5 %, según Kantar Worldpanel Argentina. La demanda en los centros turísticos contrastó con la registrada, donde el consumo se contrajo 23 %. Incluso, los sectores medio y mediobajo cambiaron los hábitos de compra: se consumen más productos “rendidores y poco nutritivos”, en perjuicio de los esenciales de la canasta básica. En palabras simples, se compra más lo que sirve “para llenar la panza” que para alimentarse. Las perspectivas para el resto del año no son favorables.

3. Consumo II. ¿Qué significa entonces que los grandes centros de descanso–la costa, las sierras de Córdoba, el norte y el sur–hayan tenido un enero extraordinario e, incluso, viven este como uno de los fines de semana más intensos de los últimos meses? Que existe un sector–estimado en algo más de 10 millones de personas, un cuarto de la población–que mantiene una capacidad de gasto a partir de hogares con dos ingresos por encima del promedio, según estiman especialistas en el comercio. Por contrapartida, otro 25 %–más de 10 millones–sufren la pobreza y la indigencia, de acuerdo a cálculos de la Universidad Católica Argentina. El Gobierno dejó de informar sobre tales índices desde el segundo semestre de 2013. “Para 2015, la perspectiva es que el consumo se mantenga estancado, aunque con oportunidades para segmentos o categorías de mayor valor”, prevé el análisis de Kantar Worldpanel. Por último, el consumo se segmentó, aunque el año electoral y los planes oficiales que se pondrán en marcha (en breve se anunciará uno para renovar electrodomésticos) mejorarán las ventas minoristas en relación a 2014, en el que sólo se salvó el mes de diciembre.

4. La cosecha. Las lluvias favorecieron los desarrollos en los campos, más poblados de soja que de maíz. Los 14,6 millones de toneladas del “yuyo” podrían ser superados fácilmente, aunque caerá la recolección de maíz. Además, en precios, la soja vale hoy 70 dólares menos que en el ciclo pasado. En suma, buena cosecha, pero menos ingresos. Los “gringos” van ajustar sus consumos. Sin dudas.

5. Brasil. La nueva conducción económica encaró un fuerte ajuste, con una devaluación del real a niveles de 2004 (2,82 por dólar), lo que complicará aún más las exportaciones argentinas. Insumos clave para la producción de autos ingresarán en cuentagotas, dada la deuda de las automotrices nacionales por 2.500 millones de dólares. Para Brasil, los pagos escalonados son insuficientes para liberar más vehículos y autopartes. Un sector clave del consumo, con muchos signos de interrogación.

6. Dólares. Las reservas finalizaron en algo más de 31.300 millones de dólares, pero los dólares reales son algo más de 13 mil millones. ¿El resto? Papeles del Gobierno. China puede ser un auxilio, pero la reducción del monto de 150 mil dólares a 100 mil para importaciones automáticas, revela los problemas del Banco Central.

Las expectativas de un año electoral pueden ayudar al consumo de ciertos sectores, sin embargo, los nubarrones políticos frenan por ahora decisiones de compra. Los más audaces tratarán de posicionarse en rubros como el inmobiliario, que podrían despegar en 2016. Hoy, el panorama es confuso.

Se cristaliza la imagen de un gobierno de paranoicos y violentos

Desde que el 14 de enero el fiscal Alberto Nisman denunció a Cristina Fernández, la máquina de errar del oficialismo llevó al Gobierno a protagonizar al menos una decena de metidas de pata. Una cada dos días. Van desde el cambio de carátula de suicidio a homicidio realizado por la Casa Rosada sin pruebas, al autoincendio de un jefe de Gabinete al que el mundo vio destripar un diario. Recientemente, con un tuit motivado por el resentimiento, la Presidente protagonizó el último papelón, ¿gracioso?, al burlarse de la dificultad de pronunciación que muchos argentinos adjudican a “los chinos”.

Se cristaliza la imagen de un gobierno de paranoicos y violentos. Y, con ella, se consolida una impresión previa: queriéndolo o no, el Gobierno parece operar con ardor para que su presunto delfín, Daniel Scioli, no alcance la Presidencia.

El bonaerense ha tenido que suscribir una denuncia de conspiración del PJ, de la que luego buscó distanciarse. Debió respaldar la nominación de un candidato muletto a la Corte que dibujó su currículum. Y hasta ahora no le permitieron firmar, como los demás candidatos con chances, el compromiso de respetar la independencia de la Justicia que promovió la Asociación de Magistrados de la Nación (que debería ser absurdo si estuviéramos de verdad en una República).

Desde antes de la denuncia de Nisman que descontroló la máquina del error cristinista, no pocos atribuían a la Presidente un plan maquiavélico: hacer todo lo posible para que su candidato inevitable pero indeseado, Scioli, no la suceda en la Presidencia, y que, en su lugar, lo haga el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.

El presunto plan se basa en dos premisas básicas: una, que Sergio Massa no desbarate los planes quedándose él con el sillón; dos, que la economía atada con alambre–el lastre mórbido de déficit fiscal, enfriamiento, desinversión, default e inflación que nadie está reanimando–no estalle hasta que entre en funciones una futura administración.

Los objetivos serían obvios: 1) que a los costos políticos no los pague ni el Gobierno ni su “heredero” (real o percibido) Scioli; 2), que la bomba le estalle a una alternativa ideológica (y no sólo política) al populismo peronista, para abortar y deslegitimar cualquier relato alternativo; 3), que ningún peronista llegue al poder para reducir desde allí a cenizas al cristinismo; 4), que luego de la hecatombe de un gobierno débil, la sociedad vuelva a clamar por una administración K fuerte que, encima, cosecharía otra vez un rebote, como en 2003.

Para muchos, esto es inviable porque el PJ jamás le perdonaría a Cristina Fernández la cesión del presupuesto nacional. Pero más indefensa aún quedaría la Presidente ante un sucesor peronista, dicen otros. El futuro se irá mostrando.

(*) Economista

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