miércoles, 17 de septiembre de 2014

La re-re, realismo político


Por Walter Curia

1998. La Argentina asistía al comienzo de un período de recesión que se extendería cuatro años. Para aquella época, el gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner y el presidente Carlos Menem apenas compartían el techo de un partido sin alma, el PJ, y el deseo de alcanzar un tercer mandato.

Kirchner resolvió la cuestión de su permanencia en la provincia entre mayo y septiembre de aquel año. Llamó a una consulta popular obligatoria y vinculante y consiguió avanzar hacia una nueva reforma constitucional que lo habilitaría para la reelección indefinida. El trabajo completo le llevaría un año.

Frente a los reclamos de la oposición, que denunciaban la inconstitucionalidad de la consulta, la entonces diputada Cristina Kirchner describió el proceso con una lógica implacable. La consulta no reforma la Constitución, sólo sanciona una ley”, decía. “Después de la consulta viene la elección para la convención constituyente, y finalmente la elección. Si alguien puede sortear tres resultados electorales, testeando permanentemente sus políticas, será la hora de plantearse las cosas para los que dicen que no”. Entre las voces opositoras, el entonces abogado Raúl Zaffaroni llegó a comparar las iniciativas del gobierno de la provincia con las que terminaron con la república de Weimar.

Ninguno de aquellos desafíos que mencionaba la diputada Kirchner podía ser asumido entonces por el presidente Menem. Si alguien tenía claridad sobre eso era Néstor Kirchner, quien sabía dónde estaba el verdadero límite de Menem.

Yo soy partidario de consultar a la gente. La reelección es algo que tiene que quedar en manos de la gente, decía Kirchner sobre la eventualidad de una nueva reelección del presidente.

Kirchner tendría un comentario ácido para el momento en que Menem renunció definitivamente a su continuidad en el poder, unas semanas más tarde, empujado por una jugada certera de Eduardo Duhalde: el llamado a una consulta popular en la provincia de Buenos Aires. (El de Menem) ha sido un acto de realismo político. (Menem) es un hombre de profundo realismo político, dijo entonces Kirchner.

El PJ de Santa Cruz consiguió la mayoría en la convención constituyente y Kirchner se encaminó hacia una nueva candidatura a gobernador, la última. Fue su novena victoria consecutiva en la provincia.

Después del tropiezo, Menem iniciaba su retiro. Le quedaría ser protagonista del traspaso de mando de un presidente peronista a uno radical por primera vez en la historia, tal vez su oculta venganza contra Duhalde.

El ex ministro Carlos Corach caracterizó hace poco en una entrevista con La Nación qué significó aquel intento vano de seguir en el poder. “Los planteos de segunda reelección del presidente Menem fueron un error político del cual se desprendieron muchas consecuencias negativas para el propio presidente Menem”, dijo Corach.

Como entonces Menem, Cristina Kirchner acaso desee secretamente un tercer mandato. Cómo saberlo en realidad. Pero fuera de alguna expresión voluntarista, las voces en favor de una nueva reelección de la Presidenta previsiblemente se apagaron a fuerza de realismo político. La expresión de su hijo Máximo el sábado pasado en Argentinos Jrs. habla más de un deseo de preeminencia que de reelección. También como Menem, la Presidenta acaso haya decidido que ningún candidato oficialista merece sucederla.

© EC

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