jueves, 28 de febrero de 2013

Llaman a la puerta. Es el país.

Por Esteban Peicovich
País en páramo y con futuro en blanco descree de la Rosada, duda del Congreso y se abandona al azar (muy argentino él). A un día idem le sigue un día idem. Los martes no son más que lunes escaneados. La diosa mismidad lo mantiene inmóvil. Ergo, no pasa nada. Si una incómoda noticia oficial trasciende, siete partidos de futbol al unísono opacarán su efecto. Balaceras, crimenes y compraventas de medios fijan el primer plano de la información social.

Que Tinelli negocie sus millones es noticia más destacada que el precio vil que aplican los piratas de la intermediación a medio país interior. En Formosa pagan 50 pesos (o nada) por tonelada de pomelos (sic) que en ciertas góndolas urbanas venden a 50 pesos...¡el kilo! (mega sic) Corta el hipo.

Por aquí, Señorías blindando al Canciller Caradeplato (ex Lilito pretendiente). Por allá, infame comercio rateril que sufren millones de débiles campesinos dejados de representar por sus miserables diputados Vista Gorda y Tapadera.

El país anónimo lleva su cruz como puede. Pomposos leguleyos violan la oratoria recitando incisos que no cumplen. Diputados justos, que los hay, advierten los peligros mundiales que acechan por meternos a pisar política foránea minada. Relaciones carnales de Menem con EE.UU y petrocarnales de Kirchner con Venezuela nos llevaron a la ciénaga de Irán. Obtusa, CFK ordena avanzar como sea. La excelencia de lo expuesto y propuesto por Yoma, o informado por Carrió, poco pudo ante bloque servil. Y pintoresco en su tristeza legal. Arrimó diputruchos per il dubbio y tuvo su más genuino discurso en el graznido de un "cuervo" ignorante y soez insertado por la dedocracia en escaño para usarlo en ocasiones subnormales como ésta.

¿Se vendrá la noche? ¿Quien ganará en ambiente tan perdedor? ¿Nos llegará alguna vez ese tiempo “en que merezcamos no tener gobierno” como soñaba el niño de 86 años que se nos murió en Ginebra?¿Habrá al menos un hombre y una mujer justos y activos entre cada mil argentinos? Y si están ¿quien los unirá en un ramo? En país así, y al año de su última masacre de turno, el acto de Plaza de Mayo mostró que pese a la sombra que nos cubre, crecen y se multiplican voluntades decididas a no apagarse hasta que impere una justicia masiva y puntual.

Si algo de nuestro presente inició un cambio, lo hizo desde allí, a espaldas del Silencio de la Casa de la Culpa Oficial. Esa noche, como nunca, la Justicia mostró querer ser algo más que un concepto. Fue palabra pública que desde el temblor y el rigor se personalizó, caminó entre la gente y acabó encarnada entre los que hablaban a sus deudos asesinados provocando la solidaridad de millones de argentinos que lo siguieron por imagen. Argentinos que lloraron viéndo llorar a otros argentinos. Hace rato que no nos pasa una cosa así.

Es el país que llama a la puerta. Quiere entrar.

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