viernes, 31 de agosto de 2012

Puerta del infierno


Sobornos en el Senado. Piedra libre para
castigar al poeta Alberto Fernández.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

“Hay que tener cuidado, porque cuando se abre la puerta del infierno, se abre para todos”, confirma la Garganta.
El mensaje transparente fue entendido por preocupados exponentes del cristinismo.

En 2003, según la línea predominante de interpretación, desde “arriba” se le dio demasiado “aire” al conflicto.
En 2012, aquel “aire”, que armó el globo artificial gigante, ostensiblemente se diluye.
El tema deja de interesar. Podrían inquietarse algunos encumbrados que pudieron beneficiarse con la gloria del silencio. Del anonimato.
A esta altura -en nuestra evaluación- deberían inquietarse igual.

Probablemente emerge el deseo de mantener entornada la puerta del infierno. Conviene bajar el perfil. Pero es tarde.
Porque  la Justicia dicta sus propios plazos. La causa del “globo artificial” siguió con la lentitud del bolero.
Impresiona la cantidad de “invitados especiales”. Convocados para participar, como testigos, en la formal carnicería del juicio.
Funcionarios y legisladores que fueron trascendentes deben desfilar por la dramática solemnidad del Tribunal.
Es donde muere la Política. Secuestrada por la Justicia.
En un subsuelo relativamente aséptico de Comodoro Py.

Tristezas de Comodoro Py

Deprime contemplar a Fernando De la Rúa.
Un presidente de la nación, elegido democráticamente, imputado ante un Tribunal.
En su momento, deprimió contemplarlo preso a Carlos Menem, en La Quinta de Gostanián.
En prospectiva, de mantenerse abierta la puerta del infierno, va a deprimir verla, sin ir más lejos, a Nuestra César. En el ensayo de la oratoria altiva, delante de las Comisiones Investigadoras. Por irregularidades, en su gran parte, heredadas.

Segundo radical que supo ganarle una presidencial al peronismo, De la Rúa aguarda su turno en el subsuelo de Comodoro Py. Mientras tanto atiende las delaciones programadas del señor Pontaquarto, que asume, con vacilante solvencia, el rol extraño del arrepentido. Encara la vida con la limpieza moral de la palinodia.
“El Pelado, si lo que dice es cierto, cobró para pecar”, confirma la Garganta. “Pero cobró también para contar el pecado”.
El delito que, para De la Rúa, “nunca existió”.

El esclarecimiento queda a cargo del prestigioso Tribunal Oral Federal 3. De los doctores Larrambebere, Gordo y Pons.
Juristas que destinan medio año de sus agendas para introducirse, minuciosamente, en el festival de fojas. Indagatorias, declaraciones, imputaciones. Sobre todo operaciones. Estremecimientos que aluden al fracaso del gobierno de la Alianza. Tristeza que condujo, en 2001, al choque de la calesita del país.

El globo artificial de la historia

Causa molesta. Los sobornos en el Senado. Cinco millones dulces de pesos-dólares. Para aprobar la Ley Laboral, que pasa a la indiferencia de la historia como la Ley Banelco. Por inspiración de Hugo Moyano, El Charol.
El globo signó el lapso endiablado de la Alianza. El artefacto jurídico no valía, ni por asomo, los millones dulces del reparto, que aún se pregonan en la mitológica acusación.
La valija que el señor Mario Pontaquarto, El Pelado, confirma haber retirado de la SIDE, hoy la SI, Secretaría de Inteligencia. Cooperativa de Crédito 25 de Mayo.
El Valijero deambulaba, con semejante dulzura, en su automóvil, que pernoctó en su domicilio de General Rodríguez.

Secretario parlamentario, El Pelado desperdiciaba la confianza del senador radical Genoud.
A Genoud le saldría, infortunadamente, en su amargura posterior, el “tiro del final”.

Profesionalmente bien asistido, Pontaquarto parece disfrutar de la centralidad. Responde durante seis horas, ante los hurgadores de contradicciones. Defensores que se proponen pincharle el globo.
La sesión es de alta morosidad. El Pelado explica, por definitiva vez, dos reuniones que van a ser sustanciales para entender el globo de la historia.
Con su “amigo Daniel Bravo” -hijo del profesor don Alfredo-, El Pelado asistió a una reunión con Aníbal Ibarra, entonces Jefe del Artificio Autónomo de la Capital. Y que después, siempre con Bravo, El Pelado asistió a la reunión con el poeta Alberto Fernández. Jefe de Gabinete, o Premier.
Pontaquarto cuenta que le contó rápidamente al sensible poeta el telenovelón de los millones dulces y de la valija errante. Y que le habló, acaso, del cansancio moral. De la culpa que lo impulsaba al arrepentimiento. Dar la cara.
Alberto debía informarle al Presidente.

“Pasa que cuando arrancó, Kirchner intentó hacer creer que era el gran campeón de la anticorrupción. Y decidió cargarse dos presidentes. Carlos Menem y De la Rúa”.
Así declaró en Entre Ríos, su provincia, el ex senador Alasino, El Choclo. Imputado que padece, en el fondo, la fantasía popularmente instalada de haber protagonizado una célebre historia de amor. Transcurrida, según las fuentes, en la “convencional” Santa Fe.
El episodio, que suele entretener en los asados, contiene ilusorios ingredientes que aluden al poderoso marido enojado, que había llegado a Santa Fe sin avisar. Y que buscaba, desesperadamente, por diversos arrabales, a la esposa.
Pese a la magnitud de sus innumerables historias encantadas, El Choclo sabe que, “por la política”, se encuentra en este infierno. Y que” por la política va a salir”.

Son varios los imputados que responsabilizan de sus desgracias, según nuestras fuentes, al poeta Alberto Fernández.
Lo califican de ser el autor “de la parodia”. Con el objetivo de diseñarlo, a Kirchner, como el gran referente contra la corrupción.

(Como Bravo e Ibarra, Alberto sabe que también tiene que ir a declarar.
Sostiene Alberto, según nuestras fuentes, que nada tuvo que ver.
Que es aún amigo de Bravo. El que le pidió verlo con urgencia. Para llegar acompañado, justamente, del “regalito”. Pontaquarto.
Cuando le contaron por qué motivo lo iban a ver, Alberto confirma que dio por finalizada la entrevista. En cinco minutos).

Epílogo

El costoso desfile de declarantes durará hasta el próximo otoño.
La justicia marca los tiempos. Llega cuando la política decide entornar -tardíamente- las puertas del infierno.
Los protagonistas, como los intereses, cambian. Ahora Bravo está con Passarella en River, y no le consiguió, a Pontaquarto, el trabajo prometido.
Pero El Pelado tuvo suerte. Pasó de atender un bar cubano, con mulatas encantadoras, a desempeñarse en la administración de una multinacional del juego.
Ibarra hoy es un concejal de base. O sea, un ampuloso “diputado por la ciudad”.
Néstor Kirchner, El Furia, partió. Será aún el depositario de muchas culpas, para diluir en la fealdad del Mausoleo.
Genoud, como se dijo, acertó en el “tiro del final”.

De acuerdo a la evaluación, Alberto Fernández está ingratamente en problemas.
Cometió la osadía de renunciarle, por los diarios, a Nuestra César.
Hoy Alberto deambula por los canales de cable, en el mantenimiento de su imagen personal. Busca su lugar. Desconoce, acaso, que sigilosos exponentes del gobierno que abandonó dejaron de cuidarlo. No tienen mayores reparos en que se le arrojen dardos. Al contrario, los impulsan, “hay que darle”. Hoy pegarle es barato. Piedra libre. Abunda el jubileo para la perversidad.

© JorgeAsisDigital.com
Continuará
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