Las modificaciones no
evitaron la falta de conocimiento de las propuestas
de los candidatos ni el
sistema de votación susceptible al fraude.
Por Pablo Riveros
Dos elecciones internas en frentes políticos distintos. La
primera, a principios de año. Una precandidata denunció “campaña sucia” por
parte de su rival partidario: advirtió “recortes presupuestarios” y
desplazamiento de personal en los ministerios que conducen sus aliados, y debió
pactar con partidos ajenos para asegurarse fiscales capaces de evitar maniobras
fraudulentas.


