Un texto
de Umberto Eco
En 1942, a la edad de diez años, gané el primer premio de los Ludi
Juveniles (un concurso de libre participación forzada para los jóvenes
fascistas italianos, esto es, para todos los jóvenes italianos). Había
discurrido con virtuosismo retórico sobre el tema: «¿Debemos morir por la
gloria de Mussolini y el destino inmortal de Italia?». Mi respuesta había sido
afirmativa. Era un chico listo.



