sábado, 5 de septiembre de 2026

La realidad es, por ahora, el único rival de Milei


Por Sergio Suppo

Javier Milei construyó su propia realidad y ahora tiene que defenderse de ella. El cambio que produjo tiene tal dimensión que a la misma vez le da una gran oportunidad para continuarlo por su propia mano.

Catorce meses antes de las elecciones, los efectos indeseados de esa mutación ya han edificado varios discursos posibles para enfrentar al Presidente. Está en construcción la posibilidad de derrotar al líder libertario, pero falta todavía un ingrediente decisivo: un candidato o dos para desafiarlo.

Milei por ahora está solo, discutiendo con las sombras de su proyecto político. Espera tener a alguien con nombre y apellido para confrontarlo con la delicadeza que lo caracteriza.

Ese aparente inexperto que apareció en nombre de un enojo extendido acertó no solo con el mensaje, sino con la elección de sus rivales. Apuntó al kirchnerismo como causante de todos los males y le pegó a Horacio Rodríguez Larreta, que en nombre de la moderación y el diálogo intentó en vano convertirse en alternativa de poder. Ahí, en el desaparecido Juntos por el Cambio, encontró votos decisivos. El candidato Milei enlazó en un mismo fracaso a Cristina Kirchner y su gente con quienes postularon combatirlos con bueAquella era una realidad que el actual presidente prometió cambiar sin tener responsabilidad previa. Ahora como candidato a la reelección deberá defender el modo en que transformó esa realidad y, por unos cuantos meses, estará obligado a esperar para ver contra quién peleará los votos.

Cada vez más lejos de aquel outsider que rompió el sistema político, el Presidente, como tantos otros políticos, tiene por delante la compleja misión de sembrar expectativas. Con lo que cuenta para mostrar le alcanza para ser un candidato competitivo, pero no es suficiente para asegurar el objetivo de ganar la reelección.

El modo campaña fue activado en la Casa Rosada y las oportunidades que surjan tratarán de ser aprovechadas. El Mundial dejó ver las emociones que provocan las islas Malvinas y esa brecha fue explotada intensamente en las últimas horas.

Milei tiene dos ventajas enormes, con las que contaron todos los presidentes argentinos. Puede actuar para cambiar la realidad que enoja a una parte importante de los votantes y también usar recursos del Estado para hacerlo en nombre de esos cambios.

Frente a esa posibilidad, el Presidente elige el discurso intransigente y se aferra al rigor fiscal que le permitió controlar pero no derrotar los desmanejos macroeconómicos. Renueva una épica furiosa que incluye burlas a las víctimas de sus políticas. Sus ministros, mientras, fueron habilitados por él para poner en marcha algunas medidas para facilitar créditos y algunos beneficios.

¿Es por premeditación o por torpeza que Milei celebra la pérdida de empleos industriales y el cierre de fábricas?

El miércoles pasado, dispuso vaciar de funcionarios el acto del Día de la Industria en el que la UIA incluyó entre sus planteos un pedido de respeto por parte del Gobierno.

La industria no tiene un problema, tiene varios y en general todos complejos. El discurso oficialista para refutarlos empieza y termina con la celebración del hundimiento de sectores que no pueden, no saben o no quieren competir con las ofertas del mundo.

Ironías del destino, en el acto de la UIA se incluyó un pedido para que Milei imite las políticas de protección que intenta llevar adelante su amigo Donald Trump, con aumentos de aranceles y ensayos de repatriación de industrias instaladas en otros países.

Milei mira a la industria como el símbolo del proteccionismo que él viene a terminar, sin por ahora encontrar un reemplazo inmediato para el drama humano que supone esa destrucción.

Lo que los libertarios celebran como una consecuencia buscada de su nuevo modelo de exportaciones intensivas y apertura comercial es, para sus adversarios, un recurso político para armar una oferta electoral opositora.

Desde Patricia Bullrich, miembro crítico del oficialismo, hasta el kirchnerismo más extremo, no hay ningún político del viejo sistema que no observe la destrucción de empleos registrados y el cierre de empresas en la doble condición de riesgo social y oportunidad política.

En todo caso la discusión está en las recetas a aplicar. Es ahí, en la dispersión de criterios, que Milei tiene una oportunidad concreta.

Las variantes frente al dilema de cómo hacer posible una transición son muchas y difusas. Empiezan en las propuestas prolijas de las políticas libertarias y terminan en la regresión completa al populismo que insiste en representar Cristina Kirchner y pretende encabezar en su lugar Axel Kicillof.

Aunque Milei quiera un mano a mano con el gobernador de Buenos Aires y ese sea al final del camino el destino de la carrera electoral, es bien posible que en el largo tiempo que todavía queda surjan una o dos alternativas intermedias.

En ese armado de fracciones siempre fue útil para el no peronismo la inclinación final de los votantes del tercer candidato que queda afuera. En 2015 los votantes de Sergio Massa se inclinaron mayoritariamente por Mauricio Macri, y ocho años después, los de Bullrich optaron por Milei. En el medio, la elección entre Macri y Alberto Fernández-Cristina Kirchner fue resuelta sin intermediarios por el kirchnerismo.

Milei apuesta a un mano a mano sin advertir ese antecedente; el peronismo no es fácil de vencer si cuenta con la posibilidad de captar a una parte del electorado con promesas de buenas formas que luego nunca cumple. “Volvemos mejores”, fue la mentira de 2019.

El peronismo está empantanado en la imposibilidad de cambiar de rumbo por la fuerte impronta de Cristina. Hoy por hoy está dividido entre quienes tienen como única bandera que la expresidenta sea rehabilitada para ser candidata (está impedida de por vida) y quienes, con Kicillof a la cabeza, tratan de discutirle su liderazgo pero sin moverse de la ideología que termina por unirlos. Cristina y Axel son lo mismo, solo separados por la decisión de quién manda y por el pasado de corrupción que salpica a la jefa del peronismo más que al gobernador de Buenos Aires.

Milei cree que con el nivel de desorden que tiene enfrente y apuntando contra el candidato que surja del kirchnerismo le alcanzará para seguir en el poder. Es un cálculo que no incluye sorpresas tan grandes como las que lo hicieron presidente.

© La Nación

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