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| Por Carmen Posadas |
Más corto que las mangas de un chaleco suele decirse de alguien un poco memo; esta prenda es mucho más que una chaqueta sin mangas. Es un mensaje, una proclama, un pliego de intenciones. Miren si no. Cuentan que nació como ropa de guerra. Lo usaban los soldados para abrigarse sin perder movilidad en los brazos y algo más tarde, lo puso de moda, como tantas otras prendas, Luis XIV influencer que popularizó el justacorps, precursor de los actuales blazers y chaquetas; las pelucas largas y rizadas que él usaba para disimular una demasiado temprana calvicie y los zapatos de tacón que le gustaban porque era bajito.
El chaleco en tiempos de Luis XIV permitía toda clase de fantasías. Cuanto más locas y caras mejor. Brocados delicadísimos, bordados profusos, botones de piedras preciosas… En el siglo XVIII se consolida como prenda indispensable y siquiera decae con los huracanes iconoclastas de la Revolución Francesa. Los sansculottes podían denostar a los decadentes calzones de seda de la nobleza e incluso cortarle la cabeza a sus portadores, pero el chaleco era demasiado cómodo como para renunciar a él. Además podía lucirse con los colores estrella de época. Los a rayas rojo, blanco y azul por ejemplo se consideraban muy “alons enfants de la patrie”. En el siglo XIX y principios del XX chaleco es ya una prenda universal. La usaban desde los obreros de las fábricas a los potentados que fumaban puros pasando por los oficinistas (en este caso en compañía de ligas y manguitos) y hasta las sufragistas que, prescindiendo del antipatiquísimo corsé lo adoptaron para dar un aire más masculino a su vestimenta. Más adelante, hacia los años 50, el chaleco casi desaparece. Solo lo usan los hombres en atuendos formales y los camareros, sobre todo los de bistrots franceses. Pero llegaron los años 60 y 70 con su make love not war y el chaleco sale de nuevo de armario convertido ahora versión en pelliza afgana bordada y con pelo. Es época especialmente fértil en chalecos y conviven varias versiones, los hay también brocados al estilo Luis XIV o sino en cuero como lo que usaban los cowboys del Lejano Oeste a veces con flecos al estilo apache o sioux. Desde los años 80 a principios del siglo XXI el chaleco se confecciona en plástico, sobre todo prendas gruesas y voluminosas como el chaleco que usa Michael J. Fox en la peli “Regreso al futuro”. En una de sus escenas, y para demostrar el anacronismo de su vestimenta, alguien le pregunta al recién llegado del futuro: ¿Oye tío, dónde vas a todas horas con chaleco salvavidas? A partir de entonces el chaleco vivió tiempos eclécticos, estaba los estaba por ahí pero sin dar mucho hablar hasta llegar a sus dos reencarnaciones más recientes. El fachaleco y el politicochaleco. El fachaleco ya lo conocen, es esa prenda de plástico pero finita que, según los autodenominados progresistas, es uniforme de fachas aunque los usa todo el mundo porque no abulta y abriga un montón. Y luego está el politicochaleco. Ay! el politicochaleco. Cada vez que se produce una desgracia, ya sea un dana, un fuego, una erupción volcánica o un tsunami, políticos de todos los partidos se enfundan el chaleco correspondiente para acudir a solucionar la emergencia. O a fotografiarse en ella que es lo un político entiende que es solucionarla. Así, con cara de circunstancias, a veces con casco protector, otras con botas de goma o, según las circunstancias sombrero de explorador e incluso su nombre bordado sobre el bolsillo superior para que no haya dudas, se inmortalizan. “Qué gran tragedia, mi pensamiento vuela hacia los afectados, estamos haciendo todo lo posible e imposible, vamos a nombrar de inmediato un comité de expertos que estudie la situación…” cuánta tranquilidad da un político con su chaleco. Para que luego digan que el hábito no hace al monje. Yo me quedo reconfortadísima cada vez que los veo en la tele. Casi tanto como cuando empiezan a echarse la culpa unos a otros, el PSOE al PP, el PP al PSOE el PSOE a los de fachaleco, los del fachaleco a los zurdos y así hasta la náusea. Total, ya ven ustedes. Cada época se describe por su chaleco. Desde los lejanos tiempos de Luis XIV hasta los de lo políticos actuales se puede trazar la historia de occidente a través de tan escueta prenda. Y ¿cuál será nuestro chaleco que nos espera? Tal como está el mundo estoy tentada de decir chaleco de fuerza. Pero no me hagan mucho caso. Solo ocurrencias mías. Hay cincuenta grados a la sombra y se piensa fatal con este calor.
© www.carmenposadas.net


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