sábado, 17 de septiembre de 2022

No odiarás

 Por Carlos Ares (*)

Es por mi culpa, mi grandísima culpa, sí, sí, pero… paren loco, dejen de pegar ¿No alcanza con que me arrodille, me sacuda el cilicio en la espalda, agradezca el aumento de la mínima en la jubilación, sin reclamar el veinte por ciento prometido que iban a pagar con los intereses de las Leliqs? En cuanto se me deshinchen los ojos, leo Las veinte verdades. Si me deja de sangrar la boca, las recito en los actos. El primer converso. La prueba de lo que puede lograr una ley contra los discursos de odio ¿Qué más, qué más? Les entrego a mis hijos para que los adoctrinen en la escuela.

¿Qué más? Me lavo el cerebro con un litro de Fernandito. Pago los aumentos de agua, luz, gas, me achico, me ajusto. Compro polenta, manteca de doscientos gramos, mate cocido de veinte saquitos. ¿Qué más? Faso en atado de diez. No lo puedo dejar. Si no le doy bola al aviso en el paquete que me estoy fumando un cáncer, imaginate. La vocecita adicta dice: hacete humo, esto no da para más, la nicotina te calma, te la baja, exigís menos, te arreglás con menos, pedís menos, deseás menos.

¿Qué más? Dieta intermitente. Me levanto, boludeo frente al espejo, ducha, mate, las dudas de siempre, ¿qué carajo hago?, ¿hasta cuándo?, ¿qué digo? Ponele que pienso en otra cosa, no en comer, no en cuánto me va a costar la “redistribución de subsidios” que anunció Galmarini de Massa, vacunados vip, no en la “readecuación de partidas”, que dijo el abrojo Filmus, si además, olvido la que chorearon con Báez, que Máximo sin laburar declaró tener 500 palos, me muerdo la lengua, los dientes, ahí sumo casi medio día sin putear.

¿Qué más, qué más? Dejo de ir a la cancha, ahorro en viaje, chori, entrada, maltrato, angustia. En casa, solo, insulto tranquilo a todos, jugadores, VAR, referís, barras, Grondona, Chiqui Tapia, el Ceamse, los dirigentes cómplices, los que hicieron del juego un casino, una casa de apuestas, los que convirtieron el afamado fútbol argentino en una liga de segunda. No, no, ¿qué estoy diciendo? Voy a mirar el partido con mordaza. Nunca falta un ortiba que te filma. Me van a viralizar como el tano Pasman de la protesta social, puteando a mansalva a los que nos mandaron a la “B”.

El Mundial es un permitido. Por Messi, más que nada. Ese pibe es de los pocos orgullos que nos quedan. Se fue sin poder jugar donde quería, como tantos. Nadie podía pagarle el tratamiento. Crecer cuando no tenés, es jodido. Hace muchos años ya que acá la guita dejó de alcanzar para sobrevivir como se debe. Messi se llevó puesto el ADN de nuestro fútbol. Los jugadores de la Selección son de equipos de allá, pero durante el Mundial somos todos argentinos ¿Ese mes se puede putear tranquilo?, ¿no?, ¿qué opina la portalengua del Gobierno, Cerruti, la Donda del Inadi que negrea personal doméstico? A los ingleses, los brasileños, a esos putos les tenemos que ganar. Es por la Patria, que está en peligro, como dice Echarri.

Me dan un poco de miedo las pasiones. No son fáciles de controlar. Por las dudas, también voy a dejar de fantasear con tener sexo casual, o formal, tierno o salvaje, rutinario o descontrolado, soñado después de ver una porno. Nada de probar juguetes raros, otros géneros, posiciones nuevas, lenguas inclusivas. La virgen mezquina, el diablo celoso, los curas pedófilos me condenarían por ser un miembro demasiado duro –es un decir, perdón, no soy de presumir–, un lascivo, libérrimo, libertino que incita a la lujuria, al placer, a darse algún gustito, a esa pobre gente preocupada, saqueada, harta ya, sin ánimo, ni ganas, de hacerse siquiera una solitaria paja con la izquierda, o la derecha.

Nunca se sabe cuándo una pasión se te va de las manos. Cuándo hierve la leche. Mejor mirar, aguantar, callar. De última, recurro a la aplicación que programé para tener excusas en cualquier situación, del tipo “fue mi querida Fabiola”, “no es ajuste”, “me quedé sin batería”. Si me enganchan de trampa, todavía jadeando, podría explicar: “¿De qué odio me hablás?, ¿no ves que estoy haciendo el amor?”. Es buena esa, ¡eh! Da para ponerla. Se las dejo. La tienen adentro.

Paren loco, ya está, entendí, respiren, dejen de pegar, ¿tampoco se los puede tomar en joda?

(*) Periodista

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