lunes, 2 de mayo de 2022

¡Bajen la inflamación!

 Por Carlos Ares (*)

Glu, glu, glu, glugeando, galgeando, hocico afuera, cartonero adentro, noche larga, sin sitio adónde parar, ninguna isla desierta a la vista. Pataleando. El contenedor vacío. Ni basura queda. Un gordo de pollera negra ofrece el reino de los cielos. Le haces los cuernitos. Dos mil años crucificando inocentes con ese verso. No me chamuyes más. No me camines sobre las aguas. Hacé milagros con la merluza. Bajá el precio del pan. Decile al muerto de Lázaro que devuelva la que se llevó. A punto de ahogarte, despertás.

Mientras se recalienta la polenta de anoche, se escuchan voces. Parece una reunión de bañeros en la playa. Meten el dedo gordo del pie en el agua. Confirman que está muy fría. Debaten sobre cuál chaleco salvavida ajusta mejor. Deciden seguir mañana en otra radio. A la tarde publican el resultado de los análisis clínicos que hacen en los observatorios sociales. Mala sangre, orina hirviendo, aliento fecal. ¡Eh, eh, eh, acá, acá, acá! Gritás, pedís socorro, escupís polenta.

Hay mar de fondo. Los economistas miran con ojos de lobo. Huelen el pescado podrido con nariz de busca. Algunos caminan la calle. Se ponen a la par. Te pasan el brazo por el hombro. Acompañan en silencio. Dan el pésame. Te dejaron el muerto. Ahora sos el muerto que van a dejar. ¿Hace falta que te digan porqué? ¿Qué te cuenten desde hace cuánto? No quieren añadir dolor a la derrota diaria. Sumar años al fracaso histórico. Que en el sueño te ahogues. Tiran una soguita, un cable, un hilo de twiter.

Ahí la tenés a Marina dal Poggetto. Si firma sus textos en solitario, o sale al toque con el experto Eduardo Levy Yeyati, los giles que viven contando días y pesos entienden cuál es, dónde está el quilombo. Marina la pide, la pisa, la amasa, la guarda, la ahorra, la invierte, la gasta bien. Los periodistas insisten: “¿cómo se baja la inflación, cómo se sale de esto, cómo se recupera la confianza?”. Ella hace una sonrisa de Gioconda. Disimula la pena. Pone su mano sobre la tuya.

Te trata de vos. “En estos últimos dos años aumentaste la deuda 40 mil palos verdes”. “Por el acuerdo con el Fondo la pateaste para adelante”. Es su manera de decirte: no te hagas el boludo. Ya sé que no podés pagar ni siquiera el mínimo de la tarjeta, pero ese fangote de guita que se debe también te toca. La tumba de un país no se cava sola. Si después de tantos años las mafias de los que viven del Estado, las empresarias, sindicales, judiciales, siguen ahí es porque alguien las banca, alguien los vota. Alguna responsabilidad tenés, hermano.

A su vez, Melconián divierte, hace stand up. “Argentina es berretalandia”. “Devalúan un poquito todos los días para que me tía no se asuste”. La sale más gracioso cuando desafina. “Los que proponen dolarizar tienen que llamar al mago Copperfield para que arregle el balance del Banco Central”. Dice que prepara un “programa muy ambicioso”. La ansiedad carcome las uñas rotas de rascar la olla. Los dientes mordisquean los restos. El borde de la pizza. ¿Cuándo sale ese programa? ¿A qué hora? ¿En qué canal? ¿Lo va a conducir el propio Melconían?

Para que le den pelota, Martín Redrado se coucheó con el Rafa Di Zeo. Ahora habla en lenguaje tribunero. “En la guerra contra la inflación el Gobierno perdió el partido 7 a 0” dice, en modo Pollo Vignolo. Tiene menos fútbol que Florencia de la V. En otra metáfora fallida propone “buscar ideas que nos pongan todos en la Ruta 2 camino a Mar del Plata” ¿Te parece, Martincito que es por ahí? ¿Cuarenta millones de personas hacia la Bristol, pleno invierno, bronceador, toalla alrededor del cuello, caminando en zunga y ojotas?

Dateado, serio, experto, suena Hernan Lacunza. Si quieren un profe, Claudio Zuchovicki. Con ejemplos sencillos, caseros, te hace comprender porqué las cabezas cuadradas destapan inodoros ovales con medidas de mierda. Te pone la imagen marrón sobre blanco. El temita es que te la deja adentro. Tipo sencillo, modesto, sabe que el trabajo duro depende de líderes con músculo político, capaces de sopapear a quien haga falta todo el tiempo que sea necesario.

Un plan económico. Barato, en cuotas. Uno que de movida baje la inflamación de los huevos.

(*) Periodista

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