martes, 7 de abril de 2020

El laurel

Por Manuel Vicent
Las nubes de abril vienen y van, el cielo se abre y se cierra, de pronto en el nublado se produce una grieta como una herida por donde el sol se desangra y poco después vuelve la sombra a llenar toda la ventana. Así es también de cambiante el ánimo de cuantos, confinados en casa, esperamos que un día, no lejano, vuelva la luz a colgarse del balcón en señal de victoria. Si una tarde durante el encierro repasas el álbum de fotos, puede que esas imágenes que entonces te parecían anodinas te hagan saltar las lágrimas.

¿Eres tú ese niño de siete años que está en la cala pescando cangrejos, desnudo, con un sombrerito de paja? ¿Eres tú ese chaval que dispara con un rifle amañado en un barracón de feria?

No has olvidado el nombre de esa niña que está a tu lado, con la que cruzaste las primeras palabras de amor. Ella te mira sonriendo mientras tratas de tumbar el patito que el feriante te premiará con un paquete de cigarrillos Bubi. En el álbum se suceden las fotos de amigos de la peña en una mesa llena de copas, las de aquellos días felices en la primera Ibiza con la pequeña barca de vela cangreja, las del viaje con la novia a Florencia.

En efecto, esas imágenes vulgares hoy te parecen un milagro, como lo fueron en medio de una posguerra miserable las azules y soleadas olas del mar de tu infancia. En una foto estás en la almena de un castillo junto a un laurel que ha brotado en una grieta entre sus sillares corroídos cuya semilla fue transportada por el viento o los pájaros.

Puede que ahora seas un viejo. Basta con mirarte al espejo. Cada una de esas grietas de tu rostro tiene su historia, un amor, una deserción, una victoria. Entre las nubes de abril se ha producido una herida de sol que ilumina aquel castillo en el que ahora estás encerrado por la pandemia. Si un día sales a la calle sano y salvo corónate con aquel laurel que guardas en tu memoria.

© El País (España)

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