jueves, 11 de julio de 2019

La intimidad del ataque de nervios de Alberto Fernández con la prensa

Alberto Fernández
Por Silvio Santamarina

Como diría Néstor Kirchner, Alberto Fernández está “nerviosho”. El candidato presidencial designado por Cristina tocó su punto límite de tolerancia a la presión de una campaña que transita su peor momento, con el Gobierno recuperando terreno en las encuestas y la crisis económica aliviada por el viento de cola financiero que sopla desde Wall Street.

La psiquis de Fernández ya había dado un aviso hace un par de semanas, cuando el flamante presidenciable K tuvo que internarse de urgencia por una complicación respiratoria. Y ayer le saltó la térmica, y puso de nuevo en duda su estratégico rol de “moderador” de la fórmula cristinista.

Alberto tuvo un miércoles de furia. Se peleó tres veces con periodistas en una misma jornada, en tres turnos: por la mañana se sacó con Mercedes Ninci, más tarde perdió la paciencia con Jonatan Viale, y al cierre se la agarró con la prensa cordobesa.

Hay que entenderlo: en menos de 24 horas, tuvo que explicar en Comodoro Py sus dichos durísimos contra la decisión de Cristina –su jefa- de pactar un entendimiento con Irán por la causa AMIA, y de ahí volar a Córdoba para pedirle perdón a los cordobeses por el destrato sufrido a manos de Cristina durante su mandato, todo para lograr torcer un poco la amenazante neutralidad electoral del gobernador Schiaretti.

Cristina, Cristina y Cristina: esa es la prisión discursiva de la que no puede escapar Alberto, y ese corset está limitando el relato de campaña que necesita para conquistar votos del medio, mientras el macrismo empieza a encontrar las palabras y las imágenes que le convienen para lograrlo.

La crisis proselitista no estalla solo en la cabeza de Alberto: por estas horas, los encargados de la comunicación del Frente de Todos discuten protocolos de emergencia para unificar la estrategia y orientarla rápidamente a pescar votos fuera de la trinchera K antes de las PASO, misión para la que fue reclutado Fernández, además de hacer de escudo contra las lógicas preguntas de la prensa sobre las deudas pendientes de la larga y sinuosa “década ganada”.

Quizás fue pedirle demasiado a Alberto, que muy pronto cayó en la vieja manía K de confundir la realidad adversa con la línea editorial de los medios llamados “hegemónicos”. Si Néstor viviera, le aconsejaría que dejara de estar tan pero tan “nerviosho”.

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