martes, 25 de junio de 2019

Las frecuentes similitudes entre políticos y psicópatas por el poder

Por Giselle Rumeau
Hay algo pavoroso que las vueltas de la rosca política dejan expuesto de manera rotunda cada año electoral. Como nunca, asistimos a la degradación de la palabra, a esa malsana habilidad que tiene la dirigencia de cualquier pelaje para desdecirse, para negar lo obvio, con contradicciones abismales y promesas vacías.

Se traiciona, se miente, y se muda de ideales según la tribuna que esté enfrente. La palabra no se utiliza para comunicar; en verdad no sirve para nada más que el simulacro. 

Se justifican los cambios de vereda, las alianzas con antiguos adversarios -a quienes se denigraron con severas acusaciones- en nombre de la patria, la democracia o del bienestar de los argentinos. Pero salvo raras excepciones, la mayoría de nuestra dirigencia no ve a la política sino como una plataforma para concretar sus deseos, que pocas veces tienen que ver como el bien común.

Cada tanto a los periodistas se nos da por conjeturar sobre la naturaleza de estas actitudes deleznables. Se habla de manera irónica de poliamor y hasta de un gen nacional relacionado con la corrupción. No se trata acá de hacer una ponderación moralista -mucho menos renegar de la política, el único instrumento válido para mejorar al mundo-, sino de tratar de explicar el síntoma de esta costumbre argentina. Pues bien, ¿qué hace que la mayoría de los políticos mientan con descaro, manipulen voluntades y salgan indemnes?

Si lo viéramos desde la psicología, podría decirse sin temor a dar explicaciones apresuradas que los políticos tienen una personalidad ligada a la psicopatía. El psiquiatra Hugo Marietán, especialista argentino en este trastorno de la personalidad, asegura en sus estudios que al psicópata lo mueve el poder y sólo trabaja para sí mismo. Las personas son cosas que usa para su propio beneficio.

Según suele explicar el docente de la UBA, la psicopatía no es una enfermedad, sino un trastorno imposible de cambiar porque forma parte de la estructura psíquica. El psicópata no tiene culpa, ni empatía, ni miedo, ni angustia. Carece de emociones y posee un alto grado de tolerancia a situaciones extremas, que lo llevan a ser buen piloto de tormenta y a moverse con éxito en los círculos de poder. Egoísta acérrimo, obedece siempre a sus propias reglas.

Algunos son asesinos, femicidas o violadores, pero hay distintos tipos de psicopatía. Marietán describe al "psicópata cotidiano" como aquel que se adapta al medio y no denota peligro. Suele ser brillante, carismático y seductor, capaz de enamorar a una persona para quitarle sus ahorros o estafar al miembro más inteligente de su familia. Son muy convincentes y manipuladores. Engañan en todo, fingen de manera patológica, con la palabra y con el cuerpo, simulan sentimientos. Mienten. ¿Le resulta familiar?

Está claro que políticos psicópatas hay en todo el mundo. Pero ¿qué hace que gran parte de los argentinos los sigan votando?

Es probable que muchos de ellos no tengan opción, al ser presos de los planes sociales o del clientelismo de cada provincia. Pero el principal problema de nuestra sociedad es que nos refugiamos en la más cerrada negación. Sabemos una cosa y creemos otra. La desmentida y la naturalización es nuestra marca. Elegimos ser ciegos y sordos como un mecanismo de defensa, para tapar los impiadosos huecos que se abren en el pensamiento y evitar caer en el fondo oscuro del desencanto. Y así, seguimos tomados por el pensamiento mágico, que nos atrapa en la ilusión una y mil veces. Quizá el verdadero cambio cultural suceda cuando decidamos de una vez por todas abrir los ojos y dejar de votarlos.

© 3Días

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