domingo, 18 de noviembre de 2018

La encuesta que revela y preocupa

Por Gustavo González
Las buenas encuestas son como los exámenes médicos periódicos: son reveladoras y dan temor. Y dan temor porque son reveladoras. Porque funcionan como un escaneo del estado general del cuerpo de una sociedad, sus enfermedades y futuro.

Hace más de veinte años que Latinobarómetro estudia el estado del continente a través de un sondeo entre 20 mil personas de 18 países.

En la Argentina sus resultados anuales tienen poca repercusión mediática, pero para organismos internacionales como la ONU, la OEA o el BID, es una investigación esperada.

De las 82 páginas del informe 2018 se desprende el impacto entre los argentinos de la crisis actual, el peligroso desprestigio de las democracias regionales y deja al descubierto el caldo de cultivo sobre el que nació Bolsonaro en Brasil y sobre el que pueden surgir otros Bolsonaros.

El Brasil Bolsonaro. Brasil y Argentina son diferentes en muchos aspectos, pero sus historias políticas y económicas presentan paralelismos explícitos. Desde la similitud de fenómenos como Getúlio Vargas y Perón hasta los de Lula y Kirchner. Pasando por los contagios mutuos de sus economías: coincidencia de hiperinflaciones, recesiones y cambios de signo monetario.

Lo que le pasa a un vecino, suele repercutir en el otro. Para bien y para mal.

Hace dos semanas, el título de esta columna fue "Un Bolsonaro incuba en Argentina". Allí se señalaba que el Brasil bienpensante se dejó sorprender por un cambio en el relato políticamente correcto de la época. En poco tiempo, ideas que resultaban vergonzosas de verbalizar, eran asumidas  por un candidato en ascenso como Bolsonaro.

La encuesta de Latinobarómetro fue realizada entre junio y julio, en medio de la campaña electoral de Brasil. Estas mediciones ahora revelan por qué una mayoría social ya había elegido a Bolsonaro antes de las elecciones:
·                     Brasil encabeza la lista de países que considera que lo gobierna un "grupo poderoso en su propio beneficio". El 90% cree eso. 
·                     Un explosivo 44% piensa que la democracia no es el mejor sistema de gobierno, contra el 19% que creía eso hace cinco años.
·                     El 41% contesta que le daría lo mismo vivir bajo un sistema no democrático.
·                     El 14% directamente dice que preferiría un sistema autoritario. Representa a 23 millones de personas mayores.
·                     Solo el 9% está satisfecho con la democracia, el porcentaje más bajo de la región.
·                     Algo parecido sucede frente a la pregunta de si se considera que la distribución de la riqueza es justa. Solo un 8% dice que lo es, el mismo nivel que en Venezuela.
·                      
La degradación de la confianza de una sociedad en las instituciones, se refleja además en otros indicadores.

A la pregunta de si se puede confiar en la mayoría de las personas, son los brasileños los más desconfiados: apenas un 4% cree que sí.

La confianza en la democracia es la más baja desde 2001. Un 14% prefiere el autoritarismo.

Tampoco confían en el Congreso, los partidos y su gobierno. Pero están en el top five de quienes más fe le tienen a las iglesias, la policía y las Fuerzas Armadas. Y de la mano de las investigaciones sobre la corrupción político-empresaria, están entre los que más confianza poseen en su Poder Judicial.

Bolsonaro fue la respuesta de esa sociedad al malestar con el sistema. Si la democracia no funciona, si los políticos tradicionales son corruptos e ineficientes, si el autoritarismo es una alternativa y si los otros ciudadanos no generan confianza, aparecen las religiones para contener, resurgen los militares y un líder como Bolsonaro corporiza ese nuevo clima de época.

Ahora se entiende mejor por qué las frases políticamente incorrectas que usó para triunfar, en realidad representaban el surgimiento de una nueva corrección política.

Este ex militar, evangelista militante, amante de la mano dura y crítico de negros, laicos, homosexuales y del rol de la mujer en la vida posmoderna, espeja bien a una mayoría que ya no siente vergüenza de verbalizar esos pensamientos.

La Argentina MacriSi Brasil muchas veces anticipó lo que le espera a la Argentina, algunas cifras de este estudio anticiparían que existen riesgos de que el bolsonarismo se corporice aquí:
·                      En el país, la satisfacción con la democracia cayó del 58% al 27% en siete años. Es la cifra más baja desde 2001.
·                      Compartimos el mismo 14% de Brasil, de quienes creen que el mejor gobierno es el autoritario: representa a 1.500.000 personas.
·                     Y como en Brasil, un porcentaje alto (82%) dice ser gobernado por "poderosos que buscan su beneficio". 
·                     La confianza en los militares trepó al 48%, el nivel más elevado desde 1996. Lo mismo sucede con la policía.
·                     Un 52% confía en las instituciones religiosas, un porcentaje elevado pese a los que señalan que las iglesias ya no influyen.

Los argentinos mantienen altos niveles de confianza en la resolución democrática de los conflictos y en la preferencia a ese sistema de gobierno, pero en todas las preguntas relacionadas se ve una tendencia a la baja en los últimos años. La confianza interpersonal también está en declive pese a mantenerse por arriba de la región: es la más baja desde 2001 y 2007.

Surge una corriente de pensamiento que está perdiendo la vergüenza de hablar y que caló entre quienes frenaron el aborto legal, son tolerantes al gatillo fácil, están incómodos con el lugar alcanzado por distintas minorías y comienzan a estarlo con la democracia.

Es uno de esos momentos históricos en el que un nuevo relato de época pugna con el anterior por el dominio de la voz políticamente correcta de la sociedad.

El anarquismo marginal que reapareció esta semana es otra vertiente ideológica del mismo malestar.

El estudio de Latinobarómetro también cuestiona supuestos que los estrategas del macrismo dan por cierto.

Por ejemplo, Macri no aparece como uno de los gobiernos con mejor imagen. En la intimidad, el Presidente se sorprende con los sondeos que le acercan sobre que, aun en estos tiempos de crisis, la imagen positiva de su administración es alta.

Pero el resultado de la encuesta confirma lo que parecería más razonable, que la profundidad de la crisis de este año afecta la imagen del Gobierno: lo aprueba el 23%, diez puntos menos que la media regional. El nivel más bajo desde 2002.

Sobre la situación económica, el 62% dice que es mala o muy mala. El mismo porcentaje que en Brasil. Solo superado por Venezuela. Un 58% ya se considera de clase baja. Sobre las expectativas económicas, los argentinos son los  más negativos. En este ítem, los brasileños son los más optimistas, Bolsonaro mediante.

Estos estudios, como los de la medicina, ayudan a conocer el estado general de los pacientes/habitantes.

No hacerlos o autoengañarse con estudios de laboratorios poco serios, puede ser tranquilizador en el corto plazo, pero no logrará anticipar lo que viene ni servirá para modificar la realidad.

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