domingo, 24 de junio de 2018

Macri y la hidra, un dilema que vuelve


Por Sergio Suppo

Dante Caputo, el canciller de la restauración democrática que murió el miércoles sin que el país le agradeciera en vida su notable servicio, tenía una definición precisa del peronismo: "El peronismo es una hidra con cien cabezas: un día te aparece una cabeza nacional y popular, otro día te aparece la cabeza liberal. Su único objetivo es el poder".

El ministro de Raúl Alfonsín quería presentar con esas palabras una desgracia para el funcionamiento de un sistema de partidos en una democracia que, por el contrario, el propio peronismo viene celebrando como su principal virtud desde su nacimiento.

Como otros presidentes en el pasado, Mauricio Macri sufre y a la vez se beneficia de los signos contradictorios que muestra el peronismo. Que Macri pretenda que se mantengan las circunstancias que le permitieron pactar, administrar y construir futuro electoral es como pretender reemplazar los hechos por un pensamiento mágico.

Hay dos razones y ambas están visiblemente expuestas. La primera es que el Gobierno tiene menos tiempo de mandato que el que ya gastó, y el peronismo, como el propio oficialismo, ya trabaja para saber cuánto podrán cosechar en las elecciones de 2019. El segundo motivo es la adversidad económica detonada por una corrida cambiaria; es imposible negar que los planes políticos del oficialismo también se devaluaron al mismo tiempo que se apreciaban las expectativas opositoras de pelear por el poder.

Tiempo y realidad son factores esenciales para cualquier proceso político. El Gobierno tiene menos plazo para mostrar una solución económica y, como se impone, convencer a los argentinos de que el esfuerzo sostenido y el sacrificio colectivo son los caminos para enfrentar la enésima crisis de una larga decadencia. No es nada fácil en un país en el que las campañas electorales suelen durar la mitad de los mandatos presidenciales.

Es en ese contexto que Macri ya no podrá contar con la vertiente peronista que lo ayudó a votar leyes importantes y a mantener la estabilidad política. Ese sector, al que con exageración llegó a designarse como "peronismo republicano", no es otro que el conducido por dirigentes que tienen responsabilidades concretas de gobierno en provincias, intendencias y sindicatos. No son las ideas de Macri sino su billetera de presidente en un país de recursos concentrados lo que atrajo hacia él a opositores que a la vez son gobernadores, intendentes y gremialistas.

Mientras resuelve cómo salir de la encrucijada económica, el Presidente está ante el dilema que ya enfrentaron Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa. Es la hidra peronista que con tanta elocuencia describió Caputo. Es bien posible que neutralizar los efectos de esa lógica sea tan importante para la supervivencia en el poder de Cambiemos que poner bajo control la inflación, el crecimiento y el déficit fiscal.

Con describir al peronismo como lo hizo Caputo no alcanza. Criticarlo como suelen hacerlo los dirigentes de Cambiemos tampoco basta. Y tampoco con criticar las alianzas y acuerdos impensados que en breve comenzarán a producirse entre enemigos que parecían irreconciliables. Acuerdan los diferentes entre sí. El peronismo lo sabe. ¿Macri también?

© La Nación

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