sábado, 3 de febrero de 2018

PERFILES / ALEJANDRO DUMAS (H)

El cuarto mosquetero era negro

Alejandro Dumas hijo: la mayoría de sus personajes estuvieron inspirados en su padre.
Por Fátima Uribarri

Hay capitales de provincia con menos habitantes que personajes creados por Alejandro Dumas, inventor de 4056 protagonistas, 8872 secundarios y 24.339 figurantes.

Dumas, dueño de una imaginación infinita, se inspiró en personajes reales, como su padre, para escribir sus aventuras. «Las hazañas militares de su progenitor están tras las gestas de los mosqueteros, y su terrible experiencia en el calabozo, tras El conde de Montecristo», sostiene Tom Reiss, autor de El conde negro, el libro ganador del premio Pulitzer de biografía en 2013.

Si la vida de Dumas fue novelesca, la de su padre, el primer Alejandro Dumas, general de Napoleón, es digna de una novela de su hijo. De él tomó el escritor algunas de las cualidades de sus héroes, como la valentía, la bonhomía, la fuerza titánica y también las dificultades, la prisión injusta, el oprobio. Del infortunio de su padre nace en Dumas la necesidad de una venganza que no logró el general, pero que su hijo le proporcionó de la mano del justiciero Edmundo Dantés o de la quijotesca espada de los mosqueteros.

La pesadilla de ser un mestizo

Aunque apenas lo conoció, su padre marcó su existencia y su obra: el general Dumas fue un héroetotal que logró ascensos impensables, sin más armas que su valor, su fe en la justicia y un cuerpo hercúleo… y negro. Sí: era mulato, hijo de un marqués francés y de una esclava. El mestizaje, curiosamente, le trajo menos problemas al general que al escritor, que solo tenía una cuarta parte de “sangre negra”. Dumas hijo alcanzó la fama y la riqueza en vida, pero no el Olimpo de los grandes autores: sus obras no figuran en la Biblioteca de la Pléiade, el sanctasanctórum de las letras francesas, y sus restos no fueron trasladados al Panteón de París, el mausoleo de hombres ilustres, hasta 2002, 132 años después de su muerte.

El niño que mataría a Dios

Es tanta la aventura, tan rica su vida en anécdotas, que es difícil discernir dónde comienza la novela de la vida real de Dumas. Quizá pueda arrancar precisamente con la muerte de su padre. Sucedió durante la noche del 26 de febrero de 1806. Al niño Dumas, de solo cuatro años, le dijeron que Dios se lo había llevado. El pequeño cogió el fusil de su padre y empezó a subir la escalera de su casa. «¿Adónde vas?», le preguntaron. «Voy al cielo a matar a Dios», respondió resuelto. Dumas hijo jamás lo olvidó. Cuando ya era rico y famoso, a sus 45 años, escribió sus memorias: su padre ocupa las 200 primeras páginas. Pero la vida de su progenitor daba para mucho más.

Su madre era una esclava

Su padre era hijo de Antoine Alexandre Davy de la Pailletterie, un noble tarambana que se marchó a la colonia de Santo Domingo (hoy, Haití) huyendo de los acreedores. En la isla se amancebó con la esclava negra Marie Cessette Dumas, con la que tuvo dos hijos mulatos.

Cuando decidió regresar a Francia para asumir la herencia familiar y el título de marqués, vendió a su hijo Alejandro como esclavo para pagar su pasaje. Después compró su libertad y lo reclamó a su lado. El joven Alejandro llegó a París con 14 años. Lo adiestraron en las habilidades propias de un noble y se enfrentó a un destino de cara y cruz. La cara: le tocó vivir los tiempos de la Revolución Francesa favorables para un mulato. La cruz: no se entendió con su padre. Así que tomó el apellido materno, Dumas, y se enroló en el Ejército.

Un ascenso meteórico

Comenzó como soldado raso, pero pronto se vieron sus cualidades: valor, fortaleza e integridad sobresalientes. Un día de los primeros meses de la insurrección defendió en la calle a una burguesita de los excesos revolucionarios, la protegió, galante, y la acompañó a casa de su padre, un posadero adinerado. Dumas se enamoró y pidió la mano de Marie Louise Labouret, pero su padre exigió galones: «Regresa cuando seas sargento», le dijo. Volvió como coronel y se casó con ella. Al año siguiente, con 31 años nada más, ya era general. Abundan los relatos de sus gestas. En Italia, por ejemplo, impidió él solo que un escuadrón del enemigo cruzara un puente. «En Austria capturó una batería más inaccesible que los cañones de Navarone», cuenta Tom Reiss. El general Dumas la sometió, hizo 1700 prisioneros y conquistó el monte Cenis, la llave de los Alpes. No extraña que los austriacos lo apodaran el Diablo Negro. Sus proezas fueron mayúsculas.

Órdago a Napoleón

Cuando los franceses llegaron a la tierra de los faraones y los egipcios vieron a Dumas imponente, firme, domeñando a todos, pensaban que él era Napoleón. Dumas parecía un centauro cabalgando entre las trincheras enemigas, abatiendo a contrarios, coleccionando prisioneros.

En Egipto comenzaron sus problemas. No gustaban a Napoleón las molestas comparaciones con ese corpulento general, y menos sus críticas abiertas. «Creía que habíamos venido a liberar, no a dominar le espetó a Napoleón. Por la gloria y el honor de Francia daría la vuelta al mundo, pero, si solo se tratara de un capricho de usted, me detendría al primer paso», osó decirle.

Francia estaba, para él, por encima de Napoleón. La justicia debía prevalecer sobre el atropello. Esos eran los mandamientos del general Dumas. Por eso defendió a civiles de las tropelías de sus soldados, denunció a generales cobardes y se enfrentó a Napoleón. Y lo pagó caro. Como a Edmundo Dantés, el protagonista de El conde de Montecristo, a Alejandro Dumas padre lo traicionaron y encarcelaron. Cuando regresaba de Egipto, lo atraparon y encarcelaron en Nápoles, reino enfrentado con la Francia bonapartista. Pasó dos años en una terrible prisión en la que, para más inri, fue envenenado. No contó con el apoyo de un abate sabio, como Dantés, ni protagonizó una fuga de película: lo canjearon por otros presos y así logró regresar a casa. Pero ya no era el mismo. El general era un hombre enfermo y avejentado cuando nació su hijo pequeño, Alejandro. El niño no lo conoció cuando era un titán, pero lo recordó siempre como tal. Y así lo inmortalizó en sus obras.

Desprecio e inmortalidad

Dumas hijo alcanzó un éxito insospechado para un mestizo. Sufrió burlas por su raza: Balzac se refería a él como «ese negro»; Verlaine lo comparó con el Tío Tom. Pero Dumas tenía la piel dura y la lengua afilada. Cuando lo criticaban por la falta de rigor histórico en sus novelas, respondía: «Está permitido violar la Historia, siempre que se le haga un hermoso hijo». Él le hizo 646; sus obras inmortales.

El hijo escritor Alejandro Dumas hijo tuvo que hacer frente a numerosas afrentas por su condición de mestizo. Aunque su éxito como escritor le hizo ya famoso y rico en su época.

DE TAL PALO…

Una infancia sin un duro. Dumas hijo no tuvo una infancia fácil. La viuda del general no percibió pensión alguna. Alejandro aprendió latín con un abate, y poco más. A los 15 años trabajaba como ayudante de un notario en Villers-Cotterêts. A los 20 se costeó el viaje a París cazando liebres, que canjeaba por alojamiento.

Su empleo como escribiente. Consiguió trabajo como escribiente de Luis Felipe de Orleans. Comenzó entonces su instrucción y su interés por el teatro, su primera pasión. Alcanzó cierto éxito con los dramas. Viajó por Europa, el norte de África y Rusia, y escribió sus impresiones. Se fue afianzando su éxito, en la escritura y con las mujeres.

Y la fama llegó a dos manos. La riqueza le llegó con las novelas históricas. En 1839 conoció a Auguste Maquet. Juntos fueron una máquina de producir: Maquet pergeñaba la idea y reunía documentación; Dumas le daba brío al texto. La fórmula dio como fruto a El conde de Montecristo,Los tres mosqueteros… Al principio, Maquet renunció a firmar y a cobrar. Luego, cambió de opinión y pleiteó. Perdió.

Un editor de periódicos. Dumas eligió la aventura en sus novelas y en la vida. En Nápoles se dio el gusto de contribuir a destronar a un rey al poner su goleta a disposición de Garibaldi. Fundó periódicos y hasta escribió un diccionario de cocina.

LA HUELLA DE SU PADRE EN…

Edmundo dantés: su presidio. Dumas tomó la historia de El conde de Montecristo de los Archivos de París. Allí leyó que un hombre había sido traicionado por amigos envidiosos. Pasó siete años en la cárcel y, a la salida, los mató a sangre fría.Esa traición y el duro revés que padeció su padre, encarcelado por enfrentarse a Napoleón, “crearon” a Dantés. Al darle rasgos paternos, transformó al criminal de París en adalid de la justicia universal.

D’artagnan: duelo a tres bandas. También hay rasgos del padre de Dumas en Los tres mosqueteros. Por ejemplo, el general venció en tres duelos celebrados el mismo día y D”Artagnan reta en la misma jornada, a Athos, Porthos y Aramis. En Los tres mosqueteros, Dumas volcó toda su energía. Era tal su pasión que su hijo Alejandro, también escritor, contó que un día se lo encontró llorando: «Porthos ha muerto. He tenido que sacrificarlo», le explicó, consternado.

‘Georges’: un Mulato valeroso. Menos conocida que las anteriores, Georges es una novela protagonizada por un mulato que regresa a una colonia caribeña convertido en un hábil espadachín dispuesto a vengar una antigua afrenta racial. Este héroe, inspirado en el padre, protector de damas y vencedor de duelos, se convierte en cabecilla de un levantamiento de esclavos, lo que lo lleva al cadalso. Por supuesto, se salva in extremis.

© XL Semanal

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