jueves, 12 de octubre de 2017

Cristina, de la arquitecta a la escenógrafa del apocalipsis

Mentiras, medias verdades y pronósticos catastróficos

Por Claudio Jacquelin

Cristina Kirchner demostró en estos días que está mucho más preocupada por el día después de las elecciones que por los comicios mismos. Y confirmó que más que una arquitecta (egipcia o argentina) es una gran escenógrafa. La puesta en escena es lo suyo, una experta en hacer que parezca, en construir supuestos verosímiles que no necesariamente se verifiquen en la realidad.

Anteayer abrió el paraguas para una derrota que en su entorno dan por asumida. Denunció que se prepara un fraude electoral y reiteró las acusaciones sobre la supuesta manipulación en las PASO, aunque ella ni nadie de su espacio político haya hecho hasta hoy una presentación ante la Justicia.

Tampoco sus representantes se hicieron presentes en las reuniones convocadas por el Ministerio del Interior para evaluar condiciones tendientes a mejorar la fiscalización y el recuento de los sufragios, a diferencia del resto de las fuerzas políticas que competirán en esta elección.

Omite, además, que el responsable del escrutinio es el mismo que estuvo a cargo de las elecciones durante toda su gestión y la de su marido.

Al mismo tiempo acusa al gobierno de judicializar la política y de usar a la Justicia como su "fuerza de tareas" (expresión de sangrienta connotación) para perseguir opositores. Aunque en realidad cada vez más su línea defensiva se reduce a sí misma y a sus hijos y suelta lastre respecto de los funcionarios que la acompañaron. Ya admitió que hubo hechos de corrupción en su gobierno y hoy fue más lejos: dijo que no pone las manos en el fuego por De Vido ni por nadie, salvo ella misma, Florencia y Máximo.

Pero cuando acusa a los jueces de ser funcionales a Macri omite algunos hechos que hacen difícil sostener semejante acusación, como que 7 de los 12 de los jueces federales asumieron durante el mandato del matrimonio patagónico y más de la mitad del total de los jueces nacionales en ejercicio (400 sobre 760) fueron designados por ella o su esposo.

Omite, también, que la selección y propuesta de jueces fue hecha durante ese período por el Consejo de la Magistratura y el Senado, instituciones dominadas hasta ayer nomás por el kircherismo.

A eso hay que sumarle el control total de quienes promueven, impulsan y permiten que se cierren o no avancen las causas judiciales. La Procuración General de la Nación está en manos de su aliada de hecho Alejandra Gils Carbó y dominada por los fiscales filokirchneristas de Justicia Legítima, que se han caracterizado por su propensión a obstruir cualquier causa que afecte a funcionarios del anterior gobierno y darle curso acelerado a toda denuncia que involucre a funcionarios del actual.

El disparador de su presentación en el Instituto Patria fue el pedido de indagatoria del juez Bonadio por el memorándum del acuerdo con Irán por la causa AMIA, hecho el día anterior. Sin embargo, hay un detalle que deja claro que lo de ayer no fue repentino ni espontáneo, como quiso exhibirse: el video con el que se buscó desacreditar al magistrado tiene un nivel de realización que no pudo haber sido hecho de apuro.

Por eso, a Cristina le preocupa para después del 22 el avance de las causas judiciales que puedan precipitar un pedido de desafuero antes de asumir por inhabilidad moral, cosa que ahora rechaza y rechazó tanto para desaforar a Menem como a De Vido.

Pero el archivo no es un aliado de la ex presidenta. "Incorporar a un ciudadano [al Senado] con múltiples procesos [judiciales], todos ellos con motivo del ejercicio de la función pública agregaría un escándalo difícil de superar y heriría de muerte las posibilidades de reconciliar esta institución con la sociedad". Esa frase fue pronunciada por la propia CFK el 14 de diciembre de 2001 para oponerse al ingreso del ex gobernador de Corrientes Raúl Romero Feris.

No poder acceder al Senado y quedar a merced de un dictado de prisión preventiva a corto plazo o de una condena a prisión efectiva a mediano plazo es una gran preocupación. Porque Cristina está convencida de que aún perdiendo el domingo 22, pero con más de 3 millones de votos, resultará ineludible de cara a la reorganización del peronismo, ya que será la candidata peronista más votada en todo el país. Eso es a lo que aspira y salvo que la Justicia se le interponga tiene muchas chances de recuperar esa centralidad, no sólo por el apoyo que obtenga, sino porque no emergen referentes con peso específico suficiente para desplazarla definitivamente o para aplicarle bolilla negra.

El caso de Juan Manuel Urtubey es el más evidente. Ya buena parte del peronismo no kirchnerista se apresta a esponsorear el lanzamiento de su candidatura presidencial en la noche del 22, pero podría ser prematuro: su espacio no tiene garantizado un triunfo y mucho menos una victoria holgado en su provincia.

Sin embargo, no le alcanza a Cristina para construir su futuro descalificar a la Justicia y sembrar dudas sobre la transparencia del escrutinio.

Necesita imperiosamente convencer a una parte importante de la sociedad que el país se encamina hacia el colapso. Por eso dice a quien la escucha que Macri es peor que Menem y que su proyecto económico va a fracasar mucho antes. Para eso se basa en supuestos que las estadísticas y la mayoría de los analistas económicos no convalidan, como una caída brutal del empleo, la persistencia del aumento de la pobreza y un nivel de endeudamiento ya impagable. Ella está convencida de que no tiene que probar nada y sus seguidores tampoco se lo exigen. Su gobierno había roto los instrumentos de medición y hasta se negaba a admitir el porcentaje de pobres. Prefería invisibilizarlos y negarlos para no exponerlos a una incomprobable "estigmatización", como justificaba sin sonrojarse Axel Kicillof .

Por ahora no hace falta que sus predicciones apocalípticas se cumplan.

Por eso, lo de ayer fue un trabajo profesional de escenografía. Cristina necesita con urgencia reconstruir el poder de su relato y recrear un sentido común ya demasiado agrietado que lo haga verosímil mayoritariamente. Todo es cuestión de fe.

Aunque, en el mediano plazo, necesitará que se cumplan algunos de sus augurios. Depende para ello de que el gobierno se equivoque mucho o de crear las condiciones subjetivas de inestabilidad para evitar que tenga éxito. Sólo así ella tendría destino político más allá de esta elección en la que parece ya no apostar mucho por su victoria.

© La Nación

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