domingo, 20 de agosto de 2017

Leones por corderos

La pelea de Cristina y el peronismo cruzó al mundo de 
la justicia y promete empeorar. Freiler y votos.

Por Ignacio Fidanza
El peronismo enfrenta la dificultad clásica de una crisis de liderazgo. Con una Cristina que prevalece pero no hegemoniza. El resultado es el desorden y la dificultad para trazar un plan posible de acá al 2019, cuando vuelva a discutirse el poder.

Los gobernadores que impugnan el rumbo elegido por la ex presidenta, apilados, han sacado menos votos que ella.

Sólo con sumar los resultados del kirchnerismo puro en provincia de Buenos Aires, Capital y Santa Fe, los supera en varios cuerpos. Y a eso hay que agregarle los triunfos en Chubut, Tierra del Fuego y Río Negro.

Se dice de manera liviana que la ex presidenta es un fenómeno político en retroceso y encapsulado en la provincia. La mirada desapasionada del resultado del domingo matiza esa hipótesis, que sirve para contrastar con un movimiento que fue mayoría, pero sigue de largo si se pierde de mirar el presente.

A los resultados mencionados, interesa sumar lo ocurrido en los distritos más refractarios. En Córdoba, el kirchnerismo se ubicó en tercer lugar y rozó los diez puntos, un resultado por encima de otras elecciones. Y en Salta, otro territorio hostil, también se ubicó en la tercera posición, esta vez con 17 puntos. De manera que un paneo al interior del peronismo la ubica como la expresión más votada.

Quienes se oponen a su liderazgo sostienen que obtura un giro al centro, necesario para recuperar el poder. Acaso tengan razón, pero no tienen votos suficientes para imponerla. Ese proyecto tenía nombre y apellido: Sergio Massa. El único que aparecía con potencial electoral para construir una opción superadora. Por eso, su caída fue el triunfo estratégico del macrismo, que le permitió al presidente inyectarle esteroides a la posibilidad de una reelección.

Un escenario posible del 2019 es una Cristina nacionalizando Unidad Ciudadana, dejando al PJ con un armado famélico, que proyecta en Randazzo la foto de un futuro de catástrofe. El PRO no puede pedir más.

Este dilema profundo, entre los que tienen los argumentos y la que tiene los votos, es lo que está deslizando al peronismo a una guerra sin cuartel, que agrava en lugar de resolver sus diferencias.

El senador Miguel Ángel Pichetto pegó debajo de la cintura cuando habilitó en un paso de baile con la Casa Rosada y la Corte Suprema, la caída del camarista Eduardo Freiler, uno de los últimos retenes de las causas de corrupción que asedian a la ex presidenta.

Cristina ya demostró que puede sacar demasiados votos sin la estructura del Estado, sin carteles, embargada, casi sin hacer campaña. Le basta con transitar desde su piso de la coqueta Plaza Vicente López a las oficinas del Instituto Patria, mientras mecha algunos post en Facebook, Twitter y Telegram. Habrá que aceptar que la Argentina tiene, al menos, de un 20 a un 30 por ciento nacional de adherentes a la versión cristinista del populismo. Como dato estructural.

Por eso, la pelea va a seguir y se va a poner fea. Ahora la amenaza se cierne sobre su hija Florencia, la única sin fueros.

El cruce áspero de política y justicia no es nuevo. El kirchnerismo usó y abusó de ese recurso, como de tantos otros, y no muestra arrepentimiento ni ofrece garantías de que no volvería a hacerlo. Por eso, los únicos corderos, si es que los hay, son los que miran el juego desde afuera.

© LPO

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