lunes, 5 de junio de 2017

Durán Barba, polarización y Moncloa

Macri entrega a su consultor electoral la definición 
del rumbo del gobierno.

Por Ignacio Fidanza
Entre todas las excentricidades que la política argentina ofrece, acaba de sumar una muy particular: la consolidación de un consultor electoral, como guía estratégica del Gobierno, con su ineludible impacto en los asuntos del país. El ecuatoriano Jaime Durán Barba encadenó esta semana una sucesión de entrevistas en los medios, en las que mezcló de manera desfachatada la promoción de su nuevo libro, con opiniones tajantes sobre lo que debería hacer o dejar de hacer su principal cliente, el presidente Macri.

Ganar elecciones es esencial para todo proyecto político democrático y en ese sentido no hay manera de subestimar el aporte de Durán Barba al macrismo. Lo notable es que en este caso, la definición de la estrategia electoral desborda ese ámbito y tiñe el rumbo del Gobierno.

Se podrá argumentar que el problema no es que Durán Barba piense la política, sino que no hay nadie en Cambiemos que se atreva a elaborar y debatir un curso alternativo. El radicalismo, que se supone es un partido de valores, se maneja por momentos con un talante tan contenido, que queda a medio camino entre el pedido vergonzante de "mas lugares" y el acompañamiento timorato. Como si no encontrara la manera de hacer lo obvio con alguna dignidad: Plantear y debatir políticas.

Es en ese vacío programático que Durán Barba avanza y se convierte en la voz más visible de la ideología del Gobierno, con un resultado poco feliz: Lo hace desde la construcción del remanido personaje del gurú cínico y transgresor, una suerte de Roger Stone del PRO. Es decir, lo que ofrece como idea de una gestión que proclama que vino a protagonizar un "cambio cultural", apenas supera el nivel de la provocación previsible, desbordada de referencias personales. Se entiende: Durán Barba lo primero que vende es Durán Barba.

En un momento crítico del proyecto de Macri, cuando el cambio prometido no se tradujo en una mejora palpable en la vida de la gente, cuando las inconsistencias macroeconómicas todavía son inmensas, cuando el mundo se pregunta que significa que un año y medio después la líder opositora con más votos sea Cristina Kirchner, el gobierno deja que la voz dominante sea su consultor electoral. Una voz desafinada que proclama el cambio de "abajo para arriba", al tiempo que describe con detalle como manipula electorados.

Y pasa lo obvio: Lo urgente -que es ganar las elecciones- contamina lo estratégico. Durán Barba ideó la polarización con el kirchnerismo como atajo para tapar el malestar con una economía que no termina de arrancar y en ese proceso se llevó puesta la posibilidad de concretar un pacto de gobernabilidad, que le otorgara a Macri el músculo político para encarar las reformas que está postergando.

Durán Barba se trenzó en esa negativa, con destacados miembros de la coalición gobernante como Gabriela Michetti, Federico Pinedo, Ernesto Sanz y de la oposición más racional, como Sergio Massa, Miguel Angel Pichetto y la mayoría de los gobernadores peronistas, que entienden que las elecciones de octubre no resolverán el dilema de fondo: Macri es el presidente de un gobierno en minoría que tiene que encarar acaso las reformas más profundas desde que asumió Carlos Menem.

Esto Macri lo tiene clarísimo y sabe que cuando le piden ajustar un déficit histórico, que si no se acomoda a mediano plazo derivará en otra crisis de deuda, le están pidiendo una reforma jubilatoria. Es en el gasto previsional donde se va el grueso del presupuesto.

Igual de inaccesible es -sin un acuerdo con la oposición-, concretar una reforma impositiva y laboral que vuelva más competitiva a la Argentina.

Pero claro, si lo que vende o se cree que trae votos es la polarización, armar el escenario de una concertación a la Moncloa es anti climático, por eso Durán Barba pone tanto énfasis en rechazarla. Y lo que vemos es tan sencillo como frustrante: No es que prevalece lo electoral por sobre los intereses del país, sino que se anula la posibilidad de debatir y acordar políticas de Estado. Creer que vamos a salir adelante sin dar ese paso, es volver a engañarse. Es caer una vez más en la idea de gobiernos providenciales que todo lo solucionan, todo lo saben y todo lo pueden.

Es tan transparente que cuesta verlo: El encargado del marketing electoral, la pura táctica, sin programa, ni ideología, es quien ofrece el panorama global de hacia donde vamos. Ni los ministros, ni los dirigentes mas importantes de la Coalición, logran el peso irrefutable de las palabras de Durán Barba, a las que Macri siempre se termina plegando.

Pero cuidado, el problema no es el consultor. El drama es la atomización fractal del poder que ensaya Macri para concentrarlo en su decisión, unida a su desprecio bastante explícito por la discusión política profunda. Es esa combinación la que hipertrofia el rol del consultor, en el que se terceriza lo estratégico, que no es otra cosa que el corazón de la política.

Lo estratégico es importante porque trasciende y ordena en una determinada dirección. Durán Barba impuso al inicio del gobierno la vía del gradualismo y ahora a mitad del mandato, la polarización. Lo que vivimos, con sus luces y sombras, es el resultado de esa definición.

© LPO

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