domingo, 14 de mayo de 2017

La pelea es por el centro

Lejos de perder atractivo, crece la búsqueda de un espacio entre Macri y Cristina. Sólo falta la síntesis.

Por Ignacio Fidanza
El lugar común en la política sostiene por estos días que la sociedad está polarizada y la primer víctima de ese proceso es Sergio Massa en términos personales y la construcción de una opción de centro en el plano de las ideas.

Lo curioso es que al mismo tiempo que se describe ese estado de cosas, las nuevas expresiones políticas que surgen, buscan abrevar en ese centro despreciado: ¿Qué otra cosa es sino la oferta desde el peronismo de Florencio Randazzo y desde el radicalismo de Martín Lousteau?

Saltan a la vista las coincidencias entre estos tres políticos y algún que otro gobernador que tantea el mismo espacio, como Juan Manuel Urtubey, Alfredo Cornejo o Sergio Uñac. Para ponerlo en trazo grueso: Todos confluyen hacia un lugar idealmente ubicado un poco a la izquierda de Macri y bastante a la derecha de Cristina y su ideólogo programático, Axel Kicillof.

Esto sugiere que el problema no es de posicionamiento sino operativo. Lo que falta es la síntesis de un nuevo liderazgo que exprese esa opción de centro moderna, que incluya, pero también ofrezca un futuro sostenible. No es un secreto que recuperar el gran país de clase media culta y con niveles de vida europeos, sigue estando en el inconsciente colectivo de los argentinos, como el mejor destino posible.

Macri lo captó cuando en una de sus pocas definiciones ideológicas dijo que se identificaba con el desarrollismo de Arturo Frondizi. El problema es que hasta ahora su Gobierno no está logrando que esa declamación sintonice bien con lo que ofrece. Hay algo de modernidad, pero también trasunta exclusión y sobre todo, falta de rumbo.

Es decir, parece bastante claro que Macri es un avance respecto al mal final del proceso kirchnerista, que se agotó en una fuga hacia un chavismo apenas moderado, que la mayoría terminó por rechazar. Pero más allá de las promesas de una recuperación que se demora, hay inconsistencias macroeconómicas que abren enormes interrogantes sobre la viabilidad de su proyecto, como opción de desarrollo inclusivo. Tiene a favor que persiste la expectativa. Hay algo de desilusión, pero no es una catástrofe al estilo De la Rúa y le queda margen para corregir y acertar.

El kirchnerismo, por supuesto, sigue siendo una opción política intensa, pero ya no de mayoría. Una prueba de ello es que las astillas de lo que fue ese 54%, confluyen hacia el centro. O sea, encuentran mas futuro en ese lugar que en la radicalización. Eso es parte del cambio profundo que empezó a transitar la Argentina en 2015 y que desborda el nombre del sello oficial.

Es tan evidente que el centro lejos de perder valor ha crecido como opción -que no es lo mismo que hoy esté representado-, que hasta el kirchnerismo con todas sus contradicciones intenta una moderación ¿Cómo explicar sino el enorme esfuerzo que hacen para aceptar, aunque sea de manera simulada, un diálogo horizontal con dirigentes que hasta hace no mucho tiempo despachaban con una orden?

Pero como siempre en ese mundo, el problema y la solución es Cristina. Si da un paso al costado -no sólo ahora, sino mucho más importante en el 2019- contribuirá a esa mutación. Ganaría prestigio y le daría a su sector expectativa de integración en un proyecto de mayorías. No hay que ser imaginativo para visualizar que pasaría si se aferra a la idea de volver. Claro que para un líder que ganó todo, lo más difícil es entender cuando llegó el momento de retirarse. Les pasa a los boxeadores y a los presidentes, suelen dejar el ring vapuleados. Miremos a Lagos.

El medio término

La elección de este año empezó a perder densidad. Primero, no va a ser sencillo llegar a un veredicto unánime sobre quien ganó. Como en la política italiana, es posible que en la noche del domingo todos encuentren razones para proclamarse triunfadores. Eso indica que aún como estación intermedia de posicionamiento, su utilidad será acotada.

Lo que está en el aire es otra cosa, es la búsqueda de un intérprete de ese centro hoy vacante. Massa es el que se propone de manera más explícita, pero no es cuestión de quien lo dice más alto. Macrón confirmó en Francia un proceso que hoy ofrece rastros similares en la Argentina: El debilitamiento de los partidos tradicionales configura un tablero volátil en el que como nunca, se vuelve crítico acertar en el blend de oferta programática, candidato y política, para quedarse con el centro ganador.

Bien mirado, el acceso de Macri al poder fue un recuerdo del futuro de Macrón. Ganó por un pelo con una oferta de centro liberal y un partido flamante. Pero claro, en el 2019 sobre el final de su mandato, no será fácil recrear esa magia si los resultados en la economía no acompañan en parte las expectativas creadas. Y ese es el bocado que huelen los tiburones, que hoy empiezan a amontonarse en el centro de todas las cosas.

© LPO

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