sábado, 1 de octubre de 2016

ÉPOCA DE CAMBIOS / Diálogos franciscanos

La cifra de pobres despertó iniciativas conocidas y poco eficientes. Propuestas novedosas para el Papa.

Por Roberto García
Con persistencia sacerdotal, regresa el ensayo de recurrir al “diálogo” como reparadora alternativa a la pobreza, la falta de empleo y el deterioro en los sueldos. Ese final, vestido con el ropaje de “mesa de la producción y el trabajo” más algunos pesos de asistencia, no le complace al Gobierno: luchaba por excluirse de esa cooperativa social que, entendía, le restará poder, dominio, conducción. 

Al menos, es el pensamiento que le atribuyen a Marcos Peña como influyente en la cabeza de Mauricio Macri. Lejos, claro, de las remanidas fórmulas de consenso que impulsa el Vaticano.

Pero el criterio oficial duró poco, fue arrasado por la conmovedora noticia de que en la Argentina hay un pobre cada tres habitantes, guarismo que aproximadamente todos conocían pero gustaban soslayar como hipocresía ciudadana. Se rinde el Gobierno a un mínimo parlamentarismo venidero que satisface los deseos de la Iglesia y las andanzas pasadas de Jorge Bergoglio en tiempos de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde. Hasta quizá sirva para suavizar la reunión del próximo 15 entre el Papa y el Presidente, en Roma. También les concede protagonismo a sindicalistas y empresarios en situación de retiro, y amortigua eventuales oleadas de protesta. Por lo menos, en un sector. Aunque ese propósito constituye un albur: nadie prescinde de las armas si con ellas obtiene beneficios.

Ya se comprobó en el ingreso de las organizaciones sociales cristinistas (tan bien rociadas por Carolina Stanley) a la CGT: ocuparon oficinas y desalojaron a otros. Entonces, por necesidad y urgencia, como si fuera un decreto, se vuelve a un recurso de discutible eficiencia en la catástrofe de 2001, aquel escenario dramático con el cual hoy algunos se comparan a partir de la última estadística sobre la cantidad de pobres, quizá la novedad más conmovedora del año no sólo por el número (13 millones) sino por la comparación con los vecinos: el país reconoce una performance más negligente en la materia que el castigado Paraguay.

Doble impacto provoca este retroceso en los casilleros de la Jefatura de Gabinete, cuyo titular atravesó momentos críticos al visitar el Senado esta semana. Nadie le envidia la otra y ruborizada mejilla luego de soportar ciertos discursos, sea por falta de respuesta o cristiana resignación. No le cabe el último juicio, al menos para los obispos que lo consideran ligeramente herético. Más que ese suplicio legislativo, a Peña –como a su mentor, Jaime Duran Barba– pareció afectarlo otra evidencia, el dato de la pobreza: un tremendo impacto causado por los titulares de los diarios, el peso específico y dominante de la gráfica, para él medios obsoletos que poco y nada significan frente a los millones de mensajes que apadrina en las redes sociales. Fue un misil de kiosco para quien, unos días antes, dijo que si fuera por él gastaría el presupuesto de prensa y publicidad en Google y Facebook. Ni Macri parece acompañar ya esa teoría del reinado de internet, al que le endilgaron la responsabilidad del triunfo en las elecciones, como si no hubieran competido con Cristina de Kirchner, un pararrayos del mal humor colectivo. Tanto varió Macri que, los fines de semana, suele reservarlos en parte –lo mismo que su celular y la mensajería ad hoc– para conversar y convencer a cronistas connotados. Con las redes, no alcanza. Otro cambio advertido es que a la multitud de funcionarios ya no se les exige que en sus parrafadas siempre invoquen el esfuerzo presidencial, costumbre que se transmitió del cristinismo al macrismo. Resultaba de mal gusto esa imposición mediática desde el área de comunicaciones.

En la tierra del “deme dos”, es probable que si faltaba una mesa de diálogo, ahora se genere un par. Trascendió la tímida que propuso el Gobierno y en ciernes hay otra promovida por figuras clásicas en ese ejercicio. Duhalde, por ejemplo, inveterado gestor del escenario teatral de la locución, ayer se encerró para esos trámites con Gustavo Vera, uno de los temporales dueños del picaporte de la puerta de Francisco. Se sabe que Duhalde ya tendió puentes en un reciente viaje con cercanos al Papa –éste confesó que no lo había recibido, que no lo veía desde 2001– para motorizar su perenne iniciativa del diálogo y que, en 15 días, vuele al Vaticano para la consagración. Doméstica, claro.  

Tan doméstica que hasta podrían cruzar propuestas sobre los participantes a este tipo de eventos, ya que alguna presencia desorbitada podría restarle validez al resto del conjunto. Si de esto se habló ayer, es probable que hoy, en el casamiento de la hija de Ignacio de Mendiguren –otro factótum de tertulias entre empresarios y gremialistas–, se reitere la inquietud. Habrá muchos candidatos, no sólo para brindar. De Mendiguren quedó aislado del Gobierno por su cercanía con Sergio Massa y cierta levadura que les agrega a sus colegas quejosos de la UIA, tanto que hasta conversa con Axel Kicillof, hoy un dolorido psicólogo de las penurias empresarias. Si para el emprendimiento Duhalde logra la adhesión del Papa, o viceversa, se habrá rehabilitado en su esfera luego de problemas de salud, pastillas sanadoras y conflictos con varios de sus otrora amigos.

Rápido. El otro entuerto dialoguista con los sindicatos, el del Gobierno, se dirimirá con más velocidad y menos roles paternales. Del bono compensador al tributo de Ganancias que padecen los trabajadores más pudientes. En principio, ya que en la ordalía de palabras también se integran las organizaciones sociales tan afines al cristinismo que, por razones de institucionalidad, están dispuestas a ser afines al macrismo. Se podrían mencionar algunas, en rigor son casi todas, con seniors y juniors. Como la CGT, que tiene una craneoteca por encima del trío oficial que va de Moyano (ansioso para que el Estado se haga cargo de OCA) a Barrionuevo y los gordos, que persiguen resarcimientos y demandan tranquilidad, ya que el operativo prisión para Omar “el Caballo” Suárez sacudió a más de uno. Vienen con el entusiasmo revolucionario para reabrir paritarias por el 5%, mientras de rondón embolsan otras exigencias menos genéricas. Como siempre y como los probables empresarios que, además de denunciar la falta de actividad económica, se inquietan por dificultades propias. Sin hablar, claro, de esos proyectos legislativos que los pichones de Guillermo Moreno, como Elisa Carrió, han impulsado como amenaza para meter presos a quienes incrementan los precios.

Bendecidos los diálogos, sorprende el caso de un gobierno que hasta hace 48 horas pregonaba ser el mejor de la clase, el que mejor hizo los deberes en el colegio, el que recibirá la medalla de oro de la dirección, y de repente un flash, el índice de la pobreza, lo sumió en la depresión. Dicen que esos estadios son temporarios.

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