viernes, 8 de abril de 2016

¿”Mani pulite” o “culo sporco”?

Por Américo Schvartzman (*)

La noticia de la detención de Lázaro Báez –emblema mayor de la corrupción en la década kirchnerista– llega justo cuando ponía punto final a una notita –con otro título– sobre el clima que se vive en la Argentina actual. 

Este mes desfilarán por los tribunales federales de Comodoro Py, varios ex funcionarios y personajes acusados de testaferros o cómplices en el lavado de dinero; Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof declararán en indagatoria por la operatoria de los dólares a futuro, ese negociado (o en el mejor caso, esa "mala praxis", es parte de lo que tiene que determinar el juez Claudio Bonadio) que le costará al pueblo argentino más que la paga al buitre mayor Paul Singer: nada menos que 5 mil millones de dólares, contra 4.600 millones.

La causa que más preocupa a Cristina es Hotesur, que la ata a Lázaro Baez, cuya imagen detenido por orden del juez Casanello está recorriendo el planeta. Se ve que volvimos al mundo, como tituló Página/12, que después de 12 años redescubrió que la corrupción es mala. En menos de 48 horas, entre las cuentas off-shore del Presidente Macri y la prisión del ex socio comercial de la Ex Presidenta, la Argentina tiene más atención mediática que nunca. Y esto recién empieza: si el emblema de la neoburguesía nacida del kirchnerismo ya había comenzado a despegarse –“Ni Alicia ni Echegaray pueden justificar sus patrimonios”, frase ya célebre– ahora que está detenido ¿qué más dirá el ex hombre de confianza de Néstor?

Al mismo tiempo, las cuentas off-shore del Presidente Macri en Panamá (van dos ¿por ahora?) derriten su pátina de honestidad. Una capa frágil, si se recuerdan las causas que pesaban sobre él solamente por sus gestiones en la Ciudad de Buenos Aires, pero disimulada por quienes lo votaron. Llamativamente, Daniel Scioli salió a defender a su ex competidor: no hay nada de malo en ser parte de una sociedad fantasma en Panamá. Una nueva decepción para quienes lo votaron a él.

En sectores menos sesgados por la llamada grieta, comienza a notarse un clima de pesadumbre respecto de lo poco que diferencia al gobierno de Cambiemos de algunos rasgos del que se fue en diciembre, clima que se solapa (o se potencia) por los ajustes brutales que Macri negaba que fuera a realizar.

Para la anotación curiosa –amarga o irónica, cada uno déle el tono que prefiera– comienzan a usarse nuevas categorías analíticas para calificar a fánaticos kirchneristas. IndiKnados, destituyentes K, a veces los mismos que acusaban de eso a quienes se movilizaban contra el gobierno anterior. O hacen chistes sobre una eventual caída de Macri: que está preparando el helicóptero, que lo apodan "ciclo escolar" porque no llega a diciembre, y cosas así.

Otro importante grupo de la población, quizás harto de la grieta, siente cierta perplejidad ante una ironía simétrica: si antes las políticas de inclusión social fueron excusa para la corrupción, ahora la corrupción anterior parece la excusa para destruir las políticas de inclusión social.

Un diálogo en las redes sociales explicita a la vez el clima y el doble rasero: un “indiknado” comparte en su muro la noticia de movilizaciones en Islandia reclamando la renuncia del jefe de Estado cuestionado, y –emocionado– escribe: "Aquí se ve la diferencia entre una democracia en serio y esto que tenemos". Uno podría detenerse en preguntarle qué diantres se hizo en estos doce años en lugar de consolidar una “democracia en serio” y no "esto que tenemos". Pero dejando ese debate a un lado, un antiká le escribe debajo: "¿Y por qué en Brasil le llaman 'golpe'?"

Aparte de la detención de Báez, en pocos días comenzará el desfile de personas y personajes por Comodoro Py, que será rutilante. Repasemos cómo será el resto de abril: ante Casanello desfilarán –por “la ruta del dinero K”– el hijo del contador de Báez, Daniel Pérez Gadín, y Fabián Rossi (ambos divinos en los ya célebres videos). Rossi sería, además, clave en la creación de las empresas fantasmas en Panamá que facilitaban el supuesto lavado de dinero (no de Macri, sino de Lázaro). Pérez Gadin, además, administraba el Hotel Alto Calafate, emblema del grupo hotelero familiar de los Kirchner, Hotesur, a través del cual la Justicia supone que lavaban dinero. Esa causa está en manos de otros dos jueces: Julián Ercolini –quien acaba de detener a Ricardo Jaime en otra causa– y Daniel Rafecas. El 21 de abril será el turno de Martín Báez, a cuyo nombre figuran al menos 55 empresas fantasma en Suiza, Panamá, Belice y Liechtenstein. También declararán Walter Zanzot y Gustavo Fernández, el reemplazante del procesado Federico Elaskar al frente de la financiera SGI. Por su parte, Bonadío tomará declaración (siempre en abril, al ritmo tibio) al ex titular del BCRA Alejandro Vanoli, el ex secretario de Finanzas Pablo López, al ex ministro de Economía Axel Kicillof y a la ex Presidenta. El día más resonante será el 13 de abril, el miércoles que viene, cuando la ex Presidenta deberá presentarse ante el magistrado.

En medio de estos vaivenes judiciales, las medidas del gobierno de Macri siguen impactando a los más vulnerables, pero empiezan a afectar a las clases medias, que sin duda aportaron los principales apoyos para que llegara a la Presidencia. El cóctel es raro e inédito. Un gobierno no peronista pero con mucho apoyo peronista, como se vio en la votación a favor del acuerdo con los holdouts, donde el gobierno obtuvo una mayoría superior a dos tercios en el Senado de la Nación, algo que Cristina hubiera anhelado cuando aún soñaba con una nueva reelección vía reforma constitucional.

La pregunta que estas líneas querían plantear es la siguiente: ¿será que están dadas las condiciones para que la Argentina –al estilo de lo que está sucediendo en Brasil– inicie un proceso histórico de develar el entramado que conecta a la política con las mafias narco, de lavado de dinero, corrupción estatal y tráfico de influencias? ¿Comenzará un "Mani Pulite" (manos limpias) como el que protagonizó Italia más de dos décadas atrás? ¿O la justicia argentina, hecha a imagen y semejanza de la corrupta dirigencia, tiene (con perdón) el culo demasiado sucio ("sporco") como para arriesgarse a una aventura como ésa?

Y si lo hace ¿pasará lo que advirtió el eterno Miguel Pichetto, conocedor como nadie del alma peronista de la dirigencia argentina, en medio del debate de los holdouts: "Algunos se olvidan que después del Mani Pulite en Italia llegó Berlusconi"? (Nadie en ese entorno le recordó a Menem, de cuya entraña salió Pichetto. Como si Il Cavaliere hubiera sido muy distinto a nuestros propios líderes populistas). ¿Tendrá razón Pichetto, o sólo expresa el temor de que en efecto haya un Mani Pulite y los primeros en caer sean él y quienes lo escuchaban atentamente en el Senado?

Los próximos días darán indicios para empezar a responder estas preguntas. Si uno repasa los itinerarios de los jueces en cuyas manos (no muy "pulite") se encuentran las causas en cuestión, no parece haber muchas razones para ser optimistas, ni para esperar un Mani Pulite criollo. Demasiado “culo sporco”. Pero estamos en la Argentina, donde todo puede suceder. En una de ésas, quién te dice, sea en abril.

(*) Periodista de El Miércoles Digital. Docente. Licenciado en Filosofía. Autor de Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa (Prometeo 2013).

© La Vanguardia

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