jueves, 14 de abril de 2016

CÉSAR VALLEJO, EL VERBO DE LO HUMANO

Por Nelson Francisco Muloni

El 15 de abril de 1938, murió en París, el gran creador latinoamericano, César Vallejo. Hace 78 años que la ausencia no logra aquietar la dinámica de su poesía, irreverente, destructora, caótica pero con la nobleza de lo profundamente humano en cada verbo.

Había nacido en Santiago de Chuco (Perú), el 16 de marzo de 1892, “un día que Dios estuvo enfermo”, diría el poeta en su Espergesia. Tan sólo 46 años, la vida le prestó su aliento para que las letras le dieran su impulso con qué sostenerse en su estatura.

César Vallejo es el hombre del dolor, de la pasión, de los recuerdos, de lo esencial. Es un hombre que mira más allá pero siempre regresa al más acá de su cotidianeidad peruana.

En un sillón antiguo está mi padre.
Como una Dolorosa, entra y sale mi madre.
Y al verlos siento un algo que no quiere partir.

Vallejo no renuncia a la vida, nunca. Porque la vida lo envuelve en recuerdos. Y en amor.

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;

Y siempre es el hombre que revela la hondura de la tragedia humana como en la dolorosa España, aparta de mí este cáliz, donde aproxima el corazón de los otros a su propio corazón, a su estirpe, a su condición.

Pero el poeta ausculta la muerte en su propia piel. Los latidos del creador se aceleran en los verbos, destruyendo a su paso y construyendo al mismo tiempo. Valen tanto el contenido como el continente. Elabora puñetazos de palabra que dan en el plexo solar del lector hasta transfigurar la vida y la muerte en él, en su tamaño de hombre de todas las edades y todos los rincones. Perú, España, Francia, Rusia. Todas desfilan en sus huesos al mismo tiempo. Como sus verbos y sus adverbios.

Pero el hombre es noble consigo mismo y sabe que ha de llegar el día en que su verso sea verdad:

César Vallejo ha muerto, le pegaban (…)

Pero él sabe que siempre va a ser libre porque en él vive todo lo que pueda ser vivido, como volver a su tierra, incluso pensando que siempre ha de estar la muerte, siguiéndole, que es la otra forma de vivir libre:

¡Y si después de tanta historia sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!

César Vallejo es la voz de todos los tiempos. Con el poder y la fuerza de la sangre misma. Con las palabras heridas y sanadas. Y vueltas a herir. Es el poeta liberado, al fin, en el verso eterno.

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