jueves, 3 de marzo de 2016

UNA PISTA PARA LOS GOBERNADORES

Por J. Valeriano Colque (*)
El Gobierno nacional se encuentra en un atolladero. Está convencido de que las provincias tienen razón en reclamar el 15 % de la coparticipación, pero, al mismo tiempo, no tiene espalda para soportar el costo fiscal de esa medida.

El problema, heredado del kirchnerismo, no lo generó exclusivamente el anterior gobierno. Fue la Corte Suprema la que, dos días después de la victoria de Macri, emitió un fallo que favoreció a Córdoba, San Luis y Santa Fe. Ante esto, Cristina Fernández, al ver que su poder menguaba con velocidad, decidió cargarle la mochila a Macri y generalizó el beneficio del fallo a todos los distritos.

Ante la posibilidad de que todo el peronismo se uniera en el Congreso y derogara el DNU de Macri que anuló la decisión de Cristina Fernández, las espadas legislativas de Cambiemos trabajaron en una estrategia política junto al Ejecutivo y convencieron al Presidente de dar un gesto “claro” para poner a los gobernadores de su lado.

¿Qué está pensando el oficialismo? Una negociación de la Casa Rosada con cada provincia, y luego de todas con la Nación. Cambiemos entiende que primero hay que discutir la situación particular de cada distrito, porque algunos no avalaron en sus legislaturas la ley de 2006 por la que el kirchnerismo prolongó la cesión de la coparticipación a favor de la Anses.

De estos, algunos iniciaron acciones judiciales y debieron poner marcha atrás para poder ingresar al ¬Programa de Financiamiento de las Provincias que Cristina Fernández lanzó en 2010. Y están los que fueron plenamente consecuentes con las ¬medidas del gobierno K.

Además, el macrismo quiere discutir qué pasará con medidas defendidas por los K, como la Asignación Universal por Hijo, Conectar Igualdad y Procrear, que se financian con la Anses.

“Queremos que los gobernadores decidan qué pasará con esos programas si las provincias se quedan con el 15 %”, explican.


La idea más firme entre los oficialistas es ofrecer la devolución gradual de la coparticipación, que podría ser así: este año, un 5 % de la coparticipación detraída; en 2017, otro 5 %, y en 2018, el resto. Macri afirmó que su intención es que los primeros efectos de las negociaciones con los gobernadores tengan repercusión en este 2016 y dio una pista.

Salida del aislamiento. Desde el 10 de diciembre último, la comunidad internacional recibió con beneplácito a las nuevas autoridades argentinas, en especial las naciones con las cuales el país tiene históricas raíces culturales y económicas.

Tales gestos incluyen a los países latinoamericanos más cercanos, los cuales están dispuestos a abrir una nueva carta de confianza a la posibilidad de mantener relaciones maduras, aun en el desacuerdo sobre temas geopolíticos.

La Argentina rompió así el aislamiento que se había autoimpuesto el kirchnerismo, cuando limitó sus contactos a China, Rusia, Venezuela y Cuba. Para con las demás naciones, prácticamente no existían referencias, sólo críticas por su posición en los grandes conflictos internacionales o en el litigio con los llamados fondos buitre.

El gobierno de Mauricio Macri ha roto, por caso, el aislamiento con Francia, ya que un presidente galo no venía a la Argentina desde hacía 19 años. Lo mismo sucedió con Italia: la visita de un primer ministro peninsular no se concretaba desde hacía 18 años. En menos de un mes, llegará el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, luego de 10 años de relaciones intermitentes, por momentos desopilantes, con el país más influyente del mundo.

La tradición pacifista de la Argentina impone ser parte de un mundo multipolar, donde las relaciones son muy cambiantes y sujetas a intereses políticos y económicos por momentos indescifrables. La apertura al diálogo y las buenas relaciones no deben colocarnos detrás del carro de los países más desarrollados, sino que es necesaria una relación equilibrada y justa.

Las potencialidades de nuestro país están ligadas a la producción primaria y a la agroindustria, como así también al conocimiento científico en diversas ramas. Es necesario que los futuros tratados impliquen un equilibrio para el desarrollo de la industria local, que gozó de protecciones o malas políticas que frustraron su plena expansión en las últimas décadas.

En no pocas ocasiones, los préstamos que se conceden al país incluyen cláusulas de compra de bienes industriales o tecnológicos, que podrían ser abastecidos por la producción local.

La reinserción de nuestro país debe concretarse junto con los restantes socios del Mercosur, con quienes la Argentina tiene un trato comercial privilegiado. Este bloque debe adecuarse al reciente Tratado Transpacífico, que agrupa a la zona de mayor desarrollo del mundo y del cual quedó excluido.

La Argentina ha vuelto a reinsertarse en un mundo que registra profundas transformaciones. Debe hacerlo en defensa de los intereses de todos sus habitantes, y no sólo de algunos sectores.

Esa es la verdadera tradición diplomática argentina, más allá de algunas relaciones pasajeras excluyentes teñidas por la subordinación o por la ideología.

(*) Economista

© Agensur.info

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